S.

Síndrome de la ilusión

Se trata de un trastorno cerebral que consiste en reconocer a nuestros allegados, pero creerlos impostores del ser reales. Quien lo padece puede ver a su pareja como una impostora. Este síndrome es conocido como Capgras.

Este tipo de trastorno puede reconocer el rostro, el cuerpo y todo el contexto de una persona, pero no la reconoce a nivel emocional. Es como si hubiera una separación de percepciones: por un lado, mira y ve, pero por otro, no asocia los sentimientos.

No puede equipararse a la esquizofrenia porque no hay delirio. Tampoco puede compararse con la prosopagnosia porque existe reconocimiento facial. No es un loco de atar pero podría vivir la angustia, como mínimo.

Como escritores, este tipo de trastornos puede inspirarnos personajes de rarezas ricas en descripciones y situaciones extremas para crear conflictos y diálogos. No se trata de banalizar la enfermedad, pero sí darle cabida a la misteriosa masa gris que nos mantiene vivos.

Para ilustradores sería un ejercicio de interpretación muy interesante, para científicos un motivo de investigación, para psiquiatras un reto, para familiares un enfermo difícil, para el enfermo… ¿qué?

¿Es posible que haya conocido este tipo de personas y no me haya dado cuenta?

Imaginemos tener a un allegado que reconozca nuestro cuerpo, pero no los sentimientos que nos unen. Que alguien piense que somos impostores, como si no fuéramos nosotros mismos los que le hablamos, como si usurpáramos el lugar de alguien que se nos parece mucho y piensa casi igual, como si nuestras palabras no fueran nuestras sino ensayadas, como si nuestros sentimientos fueran falsos porque los aprendimos de un maestro.

La impostura porque adoptamos una actitud ideal de lo que somos, porque miramos hacia otro lado cuando necesitamos ignorar, porque queremos parecer y no ser. Recurrimos a todos los artificios de apariencias, aprendemos dónde y cómo mirar para no delatarnos…

¿Se puede tener el síndrome con uno mismo?

Fuente: Pickren, W. (2015). El libro de la psicología. Editorial Librero: Madrid.

P.

Prosopagnosia

Antes que todo, desmenucemos el significado de esta palabra por partes. La agnosia es, en medicina, la dificultad de percepción, mientras que en la religión es el entendimiento humano relativo y no absoluto sobre la existencia de Dios, de allí la palabra agnóstico. Prosopo viene del griego prósopon, que significa ‘cara’. Dicho todo esto, la prosopagnosia es la dificultad de reconocer los rostros.

Es un trastorno cerebral donde el sujeto goza de una perfecta visión y puede reconocer los ojos como ojos, la nariz, la barbilla y la boca como tales, pero no saber reconocer a la persona. Por si fuera poco, no puede reconocerse a sí mismo frente al espejo. Con lo cual, la persona puede ver, pero su ceguera reposa en la falta de reconocimiento.

No obstante, quien padece esta enfermedad puede ayudarse con el reconocimiento de la voz, olor corporal, perfume o gestos de su interlocutor. Todo señala que el reconocimiento de rostros es una función especial y específica de ciertas neuronas, que es un trastorno genético y lo padece el 2,5% de la población mundial.

Me pregunto… qué pasa con las personas inolvidables, no tanto por su aspecto sino por el conjunto que les acompaña; porque hay olores corporales únicos, tonos de voces inigualables, gestos muy personales. Dichosa la autenticidad personal que no podrá pasar desapercibida siquiera por las cegueras faciales…

Tengo más preguntas que hacerle a la prosopagnosia: ¿puede enamorarse?, ¿puede estar solo?, ¿tiene amigos?, ¿es feliz? ¿Se preguntará lo mismo de los que sí reconocemos los rostros?

¿Qué le preguntarías tú?

¿Conoces a alguien con prosopagnosia?

Fuente:Pickren, W. (2015). El libro de la psicología. Editorial Librero: Madrid.