Si ser positivista es negar la realidad que me rodea para vivir la fantasía que solo ocurre en mi mente… Si es imaginar las reacciones que pudieran ocasionar mis actos solo porque así lo deduce mi ilusión… ¡Me niego a serlo! Prefiero ser antipositivista.

Muchas veces por supervivencia recurrimos a la creación imaginaria de un mundo feliz para lidiar con la dureza del día a día. Soñar en una posibilidad más cómoda nos permite el descanso y la compensación que nuestro cerebro necesita para no estar en constante guardia.

Algunas biografías demuestran una infancia hostil con una prolífera creatividad adulta.Tal es el caso de la artista plástica Elsa Morales, el filósofo Friedrich Nietzsche, el cuentista Horacio Quiroga, el pintor Armando Reverón, entre otros.

El positivismo, en su grosera insistencia de autocontrol, nos pone más en peligro que a salvo cuando tenemos que anularnos nosotros mismos para responder a un diseño inhumano. Si sabemos que en el “Callejón de la Puñalada” se alojan los maleantes del barrio para robar, ¿por qué creemos que nuestro pensamiento por sí solo va a salvarnos de una realidad social?

Pero no confundamos los términos. No es lo mismo ser antipositivo que ser negativo, porque negar el mito del pensamiento positivo no tiene porqué condenarnos al extremo contrario. Podemos vivir sin la negación y estar atentos a lo que nos sucede sin más adornos.

Pensar que todo es malo e inapropiado es seguir en el mito. No todo puede ser absolutamente catastrófico. Recurrimos a este tipo de pensamiento porque nos salva de la decepción. Gracias a nuestra mente prodigiosa nos salvamos del mal rato y nos acomodamos en el derrotismo. Sin soportar los matices…

Esto se debe, en gran parte, a la exigencia de los grupos sociales en sus distintas ramas (laboral, familiar, público o privado), que nos exigen la postura“correcta”, la mejor sonrisa, predisposición, proactividad y esmero, llevando nuestras reacciones naturales a un autocontrol que agota.

En mi caso habría muchos ejemplos que dar, pero comparto las ganas que siempre he tenido de pintar, juzgándome como mal dibujante; porque se dice que representar con el trazo una figura es hacerlo de la manera más fiel a la imagen, aunque el arte abstracto diga lo contrario.

¿Eres positivista, negativo o antipositivista?

¿Te ha funcionado el pensamiento positivo?

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Esta entrada tiene 7 Comentarios

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    1. Gracias Gabriela!!! Ya sabes que si deseas leer un tema en concreto, puedes decirme.
      Gracias por leerme. Por lo visto eres antipositivista.

  1. Se me olvidaba dos cosas: una de ellas es que una línea trazada por alguien sensible, expresa su esencia, su fuerza y su visión del mundo. Para mí eso es arte. Lo demás son juicios estéticos categorizados por gente que, a veces, no sabe de arte en realidad, sino de mercantilismo del arte. Así que siga pintando y dibujando porque si es honesta también por ahí, usted está expresando su corazón. Y segunda cosa que comentsrle es que los collages que publica abriendo los textos son maravillosos. Son obra suya?

  2. Hola, mi estimada Nina Rocha. Estoy muy de acuerdo con su crítica. Ni tener una postura positiva ni negativa, sino realista. De eso no hay duda. Sin embargo, teñir esa realidad con un poco de entusiasmo, no está nada mal. Porque, a veces, con el «humor» podemos transformar la más cruda realidad. Cambiando de perspectivas podemos ver lo que se nos oculta tras el racionalismo puro. Gracias, siempre por sus notas tan honestas y abiertas. Me hacen reflexionar.
    Saludos.
    Graciela

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