Muchos burbupeutas insisten a sus clientes en cuidar los pensamientos que, además de materializarse, influyen en las emociones. Aseguran que estas últimas son átomos, de la misma forma que Demócrito, un antiguo filósofo del siglo 460 A.C., especuló su existencia dando por sentado que la alegría era un atributo de la materia.

Un siglo después, también A.C., otro filósofo llamado Epicuro consideró la existencia del átomo como imaginación, sueños, sentimientos; con lo cual instó a sus seguidores a sentirse dichosos en el tormento porque el pensamiento podía crear el placer y el gozo por encima de la materia.

Resulta que el átomo necesitó muchas horas de observación de reacciones en laboratorio muy lejos del romanticismo especulativo de los antiguos griegos. Gracias al francés Antoine- Laurent Lavoisier, que estudió la ley de la conservación de la materia y dijo que el agua, además de hidrógeno, estaba compuesta por oxígeno, el principal responsable de la combustión y la vida.

Luego John Dalton disolvió gases en líquido, pesó reactivos y productos de reacciones químicas, para afirmar que las sustancias estaban compuestas de átomos esféricos idénticos para cada elemento pero diferentes de un elemento a otro.

Y lo más brillante del siglo XIX, con el siberiano Dmitri Ivánovich Mendeléiev, que clasificó los elementos químicos según su masa atómica, dejando la primera tabla periódica como imprescindible referencia en la química. Personas que invirtieron toda su vida en la observación y experimentación, hasta llegar a descubrimientos fundamentales como el protón, el electrón y la energía cuántica.

Gracias al trabajo científico, el átomo contiene un número atómico, un símbolo del elemento, un nombre, punto de fusión, punto de ebullición, peso atómico, electronegatividad, número de oxidación, densidad de sólido, líquido y gaseoso.

Entonces, si las emociones son átomos, dónde están los cálculos que la comprueban, con qué símbolo está representado en la tabla periódica y, de estarlo, qué moléculas forman para transformar la materia. Dónde está el reactor nuclear que ahora mismo está bajo la observación de científicos cualificados para afirmar que la emoción tiene un átomo cuyo punto de ebullición es tal o cual.

No es que a la ciencia no le convenga que se sepa, es que simplemente no existen más que especulaciones demócritas que fundan epicúreos fantasiosos en ecoaldeas autosostenibles en el capitalismo. Porque es lindo ser diferente y juntarse con otros que sueñan igual.

¿Crees que eres el único responsable de tus emociones?

¿Eres libre de reaccionar frente a los acontecimientos externos?

Fuente:Lozano, M. (2007). Los hilos de Ariadna. Diez descubrimientos que cambiaron la visión del mundo. Editorial Debate:Barcelona.

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