El cine nos ha vendido la idea romántica de este oficio frente a una ventana que da al mar, una cabaña en medio de la montaña, una casa rodante en medio de un paraje hermoso… casi siempre nos venden escritores y no escritoras, quienes hacen su trabajo en condiciones idílicas y fáciles. De hecho, hay quienes piensan que escribir es lo más cómodo del mundo por el hecho de estar frente a una máquina dándole a unas teclas fluidamente mientras crece un libro.

La verdad está muy lejos de esta idea, puesto que escribir es un trabajo tedioso, abrumador, exigente y difícil, sobre todo cuando nos enfrentamos a nuestra mente llena de ideas y un papel en blanco (ni hablar cuando hay fechas topes de entrega). Cualquiera puede decir que quiere ser escritor, pero del dicho al hecho puede haber un gran trecho…

Desde pequeña supe que quería ser escritora, pero no tenía nada que decir, así que en pequeñas libretas transcribía textos que me interesaban: cuentos, poesías o artículos de periódicos. Lo cierto era que yo tenía que hacerlo, aunque tuviera que pedir las palabras prestadas. Al poco tiempo me di cuenta de que para escribir, debía leer, puesto que las ideas no vienen solamente de una inspiración, sino también del trabajo, la curiosidad, la investigación y, sobre todo, de la observación.

Para ser escritora, se hace necesario la disciplina y no desfallecer en los primeros intentos, porque si los procesos son difíciles, los son aún más los inicios. Hay que equivocarse, sacar todos los lugares comunes, las reiteraciones, enfrentarse a nuestras inseguridades y continuar con el trabajo hasta lograrlo. Escribir es un trabajo íntimo: estamos solitos frente a un papel que nos espera y no hay nadie que pueda ayudarnos.

Es también reescribir una y otra vez porque la corrección va inherente al oficio. Da igual si la playa está cerca o si hay un concierto de música gregoriana; la entrega es absoluta y queremos aislarnos lo mejor posible para escuchar únicamente lo que pensamos. Se sufre mucho porque lograr transmitir con palabras escritas todo el universo de ideas que pasan por nuestra mente puede quitarnos el sueño, el apetito y las ganas de sociabilizar.

Yo he llegado a escribir en lugares espantosos, con mesas pequeñas, sillas incómodas, vistas condenadas a la pared del vecino, con poca luz, con ferias en la calle o camiones de basura recogiendo escombros mientras mis yemas atinan generosamente contra las letras, generando las palabras que me expresan o no…

Escribir es gozar de tenacidad, perseverancia, superación de miedos; aprender a convivir con los conflictos, postergar lo necesario sin abandonar por completo. Es tener la humildad de buscar ayuda y pedir consejo, asesoría, lectura crítica, contrastación de ideas y aceptación de mucha faena invisible cuando dedicamos tiempo a pensar.

No hay nada más tortuoso que el camino de la escritura, pero más espantoso se hace el no intentarlo.

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Esta entrada tiene 1 Comentario

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  1. Siempre he admirado a los escritores, su trabajo, su tenacidad, sus miedos y la superación de estos,
    La Literatura ha sido y es una compañera de viaje imprescindible.
    Me parece terriblemente difícil hacerlo, hacerlo bien, con rigor, investigación, corrección, estructura, y un largo etc…
    y sí…hay premio, el placer de la buena lectura, el dejarse sorprender, el dar vuelcos al corazón y al cerebro, el aprender o sólo gozar de la belleza de un buen texto.
    Gracias !!

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