V.

Vibrar en la misma frecuencia

Término usado hasta la saciedad tanto por burbupeutas como por burbuseguidores. Gracias a que la cuántica proporciona ese toquecito ideal de ciencia a lo fantástico, los elegidos tiran de la jerga y hacen del mito una realidad científica irredenta.

Piense por un momento qué quiere decir vibración y frecuencia. En lo coloquial, el que piense como nosotros, tenga razones o gustos en común es porque está en nuestra misma onda. El que difiere de nuestro pensamiento o reflexión, vibra en una frecuencia diferente, es decir, que su onda se expande a una longitud distinta a la nuestra.

Como la lengua está viva, es normal que utilicemos términos un poco atrevidos para hacer de nuestras alocuciones un tanto interesantes. No obstante, usar esto para coaccionar o vender mitos de sanación representa un problema social tanto en lo psicológico como emocional.

No tenemos idea de lo perjudicial que puede ser para los verdaderos científicos la mala interpretación de la ciencia y su mal uso. Cuesta tantísimo estudiar y demostrar planteamientos e hipótesis que intentan explicar el mundo.

Un pseudocientífico le basta explicar la complejidad de la vida con disertaciones sobre un “más allá” que nos condena o libera, según su libre interpretación. No tiene que estudiar ni demostrar nada porque la lógica es proscrita por el lenguaje abstracto de luz, amor y perdón.

Escribir sobre cualquier método pseudocientífico es muy fácil porque no hay que profundizar en absolutamente nada, solo hay que soltar una sarta de mentiras medio poetétricas y medio científicas que nos llevan a la insalvable responsabilidad de “pasar página” y pensar positivo. Lo demás son ilusiones. ¿Es así de simple?

Cuando fui burbupeuta, intenté en su justa medida hacerme entender a medias y emplear discursos abstractos para crear esa dependencia de mi seguidor. Lo hice porque contaba con las condiciones perfectas: pomperos, jabón y público. La plataforma perfecta para soplar las pompitas y darle a la gente lo que sus oídos querían recibir.

¡Porque la mentira vende! Y es legal ser burbupeuta y sacerdote, la diferencia es que este último cuenta con una institución y Estado millonario que aliena legalmente sin ser perseguido y criticado.

A los mitos recurren los desesperados y, quien lo esté más, se hace burbupeuta. Pero la plataforma está creada y no hay ley que castigue la venta de fe ni la libre voluntad de creer en teorías cuánticas para imponer las manos y sanar.

Criticar a los burbupeutas en redes sociales, congresos, encuentros o internet, posiciona, da a conocer a un denunciante que se parece al coyote detrás del correcaminos. Los que nos hemos reivindicado e investigamos al respecto, dedicamos horas, reflexiones y estudio a este acontecimiento humano que insiste en creer en los mitos, y eso nos marca Acme.

Por cierto, la frecuencia es la velocidad de propagación dividida por la longitud de onda.

¿En qué onda estás?

E.

El totalitarismo holístico

Una metáfora para referirme a todas aquellas burbujas que albergan líderes con discursos sobre el alma, la paz, el universo y la trillada frase de “todo está conectado con todo”.

Se entiende como totalitarismo a todo sistema de gobierno que asume los poderes públicos del Estado. Para ello, crea sus propias leyes y despoja a sus ciudadanos de la libertad e igualdad para votar, opinar y expresarse.

Entonces, para que haya totalitarismo, es necesaria la fuerza que lucha contra los detractores que no se quieren dejar dominar. ¿Qué pasa? Ya sabemos los ríos de sangre que han corrido a lo largo de la historia durante los sistemas dictatoriales en algunos países del mundo.

Lo más doloroso de este asunto es que, hoy día, el totalitarismo sigue vigente cuando el discurso dominante es aparentemente democrático, lleno de mensajes que hablan de la unión, la igualdad de condiciones y la belleza del alma.

Lo más doloroso es que existe el totalitarismo dentro de los ámbitos espirituales que nos venden la película de conexión, cuántica y frecuencia de todos con todos, pero, siempre y cuando nos rijamos por la Constitución de ciertas leyes espirituales que canalizó una persona de carne y hueso como nosotros… ¡vaya!

Gracias al discurso connotativo y demoledor, nos lavan el cerebro hasta hacernos creer que esa personita (que ni levita, ni deja de satisfacer sus necesidades fisiológicas como cualquier otro) es especial y elevada, mejor que nadie, para guiarnos y darnos el mensaje que necesitamos para ir por el camino correcto.

La premisa del totalitarismo es tener un enemigo con quien luchar para supuestamente defendernos y protegernos de los seres más terrenales que intoxican nuestro proceso de elevación espiritual.

De aquí viene el autocontrol de pensamientos, suspensión de nuestra lógica, inseguridad que será subsanada constantemente por un consejo, una respiración, una postura de yoga, imposición de manos y todas las técnicas que se ofrezcan dentro de la burbuja hacedora de súper humanos.

Cuando pasa el tiempo y nos damos cuenta que todo ha sido un gran negocio, que nos hemos alejado de nuestros seres queridos, que no había nada que reparar en una constelación o sesión hipnótica, comienza el duelo al descubrir la estafa y la culpa de habernos dejado seducir por un dictador o dictadora holística que nos vendió la libertad mientras nos sometía al encierro de nuestra mente despojada de lógica.

¿Te has sentido decepcionado con el discurso holístico?

¿Conoces a algún iluminado totalitarista?

¡.

¡Por mi culpa tengo caries!

Y con ustedes: la descodificación dental. Una pseudociencia sin desperdicio cuyo creador, Christian Beyer, reconoce que no sabe explicar cómo funciona, ¡pero funciona! Volvemos a que todo lo fácil es lo más difícil de conseguir.

Aunque suene repetitivo y redundante, hay que decirlo: la enfermedad es la oportunidad de darnos cuenta, de sanar nuestro pasado y cambiar ciertas creencias para enfrentar el futuro. Que todos somos los responsables de nuestro libro de vida y que basta con pasar la página, entre otros blablablás.

Según este autoproclamado gurú y creador de un método con pátinas científicas, los dientes son nuestro presente mientras que su raíz representa nuestro pasado. Y no cualquier pasado, resulta que cargamos con los traumas emocionales de nuestros ascendentes y estamos aquí para sanarlos… De ser esto cierto, les aseguro que yo tendría mi dentadura plena de implantes, porque muerto el perro se acabó la rabia, ¿o no?

Como siempre, el autor dice que los traumas emocionales son las futuras patologías y nos exhorta a resolver los problemitas pendientes, tanto nuestros como de nuestros familiares antecesores, puesto que para que suene medio científico, se usa el término transgeneracional para explicar que hasta los impactos emocionales se heredan.

Tan es así que con menos importancia y casi desprecio menciona los factores nutricionales, patológicos externos y genéticos como lo que menos habría que tomar en cuenta con respecto a las emociones que podrían ser las verdaderas causas de las caries, las enfermedades periodontales o desplazamientos de piezas dentales.

Primero, en cráneos de seres humanos primitivos del neolítico se encontraron entre 2 y 4% de caries. Que en los hallazgos de cráneos humanos desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media se encontraron entre 10 a 15% de caries. Y fue desde el siglo XVII que comenzó a hallarse un incremento de esta enfermedad que coincide con el consumo de azúcar y harina refinada.

Segundo, la caries tiene un origen multifactorial donde interviene el diente como huésped, el streptococcus mutans como bacteria, la dieta y el tiempo.

Y tercero, si la verbalización de nuestros problemas puede ayudarnos a resolver nuestros conflictos emocionales y curar nuestros padecimientos odontológicos, quiere decir que los psicólogos fungen de dentistas también. ¿O es que solo funciona si se verbaliza con un descodificador dental?

Tengo que agregar que Christian Beyer es un machista que coloca en tela de juicio la maternidad de la mujer moderna que alimenta con un biberón agujereado a su hijo, privándole del tiempo de succión necesaria para que active el estrés benefactor.

De esto último dice que gracias a un estrés justo se activa nuestro sistema de alerta para “despertarnos”. Que ahora ni corremos, ni vamos de prisa, ni estamos alerta, porque todo nos es dado, todo nos es debido, todo llega sin esfuerzo…

¿Crees que todo es tan fácil como dice Beyer?

P.

Para qué sirve el arte

Hace unos años atrás, cuando era estudiante de Artes, alguien me dijo:



Una pregunta Nina, ¿de qué te sirve el arte? Dime qué le aportas tú al mundo con el arte. Porque déjame decirte lo que pienso: el arte es inútil. No salva vidas, como los médicos; no construye edificios, como los ingenieros o arquitectos; no enseña nada, como las matemáticas. Podemos prescindir perfectamente del arte, pero no de la ciencia. El arte lo practica gente estrafalaria… el arte no sirve de nada porque no se necesita estudiar, como yo para ser ingeniero.

Esto es un resumen, la verdad que sus palabras fueron más extensas y repetitivas. Recuerdo a su novia hundir la cabeza de vergüenza mientras intentaba decirle que eso no era así, pero yo seguía oyendo en silencio y con un nudo en la garganta.

No supe responder, no supe qué decir. Yo era una veinteañera que viajaba 50 kilómetros de ida y de vuelta para estudiar en la universidad. Sin el ligero apoyo moral de la familia, trabajando en lo que podía para cubrir mis gastos, levantándome todos los días a las cuatro de la madrugada y regresando de noche. Cuando él me dijo eso, hasta llegué a creerlo también.

A través de mis recuerdos viajo en el tiempo, me siento frente a ese chico y le respondo:

Si el arte es tan inútil como tú piensas, ¿por qué tenemos el hemisferio derecho del cerebro que proporciona toda la creatividad? El ser humano es el único animal en su especie que necesita expresar ideas, pensamientos e interpretaciones, algo que solo es viable con el arte.

Porque antes de construir un edificio, hubo una idea. Antes de hacer una intervención quirúrgica, hay un pensamiento lógico y creativo. Nadie piensa solamente con el hemisferio izquierdo.

Porque el mundo ha progresado no tanto por la lógica y el raciocinio, sino por la capacidad creadora, creativa y artística del ser humano, único ser capaz de creer en un mundo que no existe y hablar de ello en cientos de libros, pinturas, esculturas, música…

Porque es verdad que soy innecesaria para salvar una vida, de la misma forma que puede ser un ingeniero por la sencilla razón de no ser médico.

Un científico cuántico primero imaginó una hipótesis, usó su creatividad y se entregó a las fórmulas para demostrar la existencia de materia diminuta e imperceptible.

En conclusión, estamos rodeados de arte, de matemáticas, de lógicas, de creatividad, de talentos y, obviamente, de mentes poco brillantes que prefieren criticar al artista que investiga, crea, diseña y expresa con el mismo tesón de un ingeniero en su área.

Decir que el arte es inútil es como quitarse el ojo izquierdo porque ya vemos con el derecho.

¿Qué utilidad aportarías al arte?

L.

Las excusas perversas del “más allá”

Cuantas veces escucho personas decir que “los de arriba” han decidido el penoso empleo mal pagado o el sufrimiento de un destino nefasto. Quiero decir que, independientemente de la inteligencia, los estudios, los talentos y las carreras, la creencia ciega de un “más allá” puede llevarnos a la perversión idónea de la sumisión.

Para un maltratador, el “más allá” es perfecto para explicar que cumple una misión purificadora de karmas que deben pagarse en esta vida y salvar a su víctima. Además, se sentirá con la suficiente inmunidad cósmica o aforamiento espiritual para hacer daño a aquel que deba aprender una lección. Es perfecto para dominar, manipular y engañar. No tiene escrúpulos ni le importa el Otro.

Para el maltratado, el “más allá” es perfecto para justificar su estancia con el maltratador, para no dar el paso responsable, seguir en la comodidad que le proporciona su victimario. Regodearse de autocompasión, explicarse temas abstractos que no llegan a ninguna parte porque en realidad no quiere irse, quiere quedarse. Cuando se da cuenta de que el “más allá” no existe, tiene la opción de quedarse y fingir o irse y vengarse.

Para el burbupeuta significa trabajo seguro. Los maltratados invertirán en sus lecciones y métodos.

Para el maltratador, el perdón incondicional porque se le justificará como un enviado del cielo que ayuda a pagar los karmas.

Para el burbupeuta a sueldo, una agonía.

Para el Estado, un ecosistema perfecto, el caldo de cultivo para alienar, expoliar, dominar y diseñar la felicidad más artificial.

Para las editoriales, un éxito rotundo.

¿Y para ti?

E.

El escritor fantasma

Porque existe y no se ve. En el caso de la escritura, es el autor real de cada palabra escrita que firma Otro. Este último gana la fama, el respeto, la admiración y las comandas de una editorial deseosa de ventas con éxito.

Lo más gracioso es que editoriales con escritores estrellas cuentan con un set de escritores fantasmas que sacan adelante el oficio del venerado artista de letras.

La pregunta es… ¿por qué el escritor fantasma no deja de escribir para Otro y se lanza como escritor para que todos lo vean? Me gustaría que esta pregunta la respondiera una persona dedicada a dicho oficio.

Yo solo puedo decir que se entrelazan varios factores. Por un lado, el que ya ha ganado notoriedad y es seguido por un público fiel, le queda hacer uso del viejo refrán que dice “Crea fama y acuéstate a dormir”. Por otro lado, no es lo mismo escribir desde un nombre desconocido que uno reconocido.

Escribir no solo toma tiempo de pensar y llevar las ideas al papel, sino que además hay una inversión de tiempo en la investigación previa que se suma luego al pensamiento analítico para conectar ideas.

Cuando leí Nunca tires la toalla, un libro de autoayuda para emprender con autoestima y valor, no dudé de que detrás hubiera un escritor o escritora fantasma, porque no creo capaz a Donald Trump de hilar una oración con otra, aunque sea de este género fácil.

También porque cuando escucho a escritores famosos hablar de que producen entre dos y cuatro novelas u obras al año, me quedo sin otra explicación que los fantasmitas haciendo su trabajo detrás del firmante.

No quiere decir que el autor no investigue y apruebe lo que su escritor hace, pero no es lo mismo. Es decir, no es lo mismo sacar cada palabra de la cabeza a la página en blanco con toda la angustia, placer, tormento y delirio que eso comporta.

¿Es imaginable a Gabriel García Márquez con un escritor fantasma? O mejor, ¿se le puede imaginar a él mismo como escritor fantasma de Otro? Yo opino que no, cualquiera puede imitarlo pero no puede reemplazar las ideas tan originales de un autor como este.

Los buenos libros, las letras bien dichas, las historias bien contadas, los relatos mejor narrados quedan en la historia y en nuestros recuerdos. Lamentablemente, ya se hace negocio de ello y se contrata el talento que vive en la opacidad del no reconocimiento, como a las mujeres de siglos pasados que escribieron para hombres famosos…

¿Te atreverías ganar fama con el talento de otra persona?

¿.

¿Qué es la evolución espiritual?

Sí, ¿qué es exactamente? Porque si buscamos en internet o cualquier libro de autoayuda, se nos dice que la evolución espiritual es entender leyes naturales, fluir con ellas y tomar una actitud prácticamente no humana, sino más bien elevada. Desmenucemos un poco el tema y preparemos las agujitas razonables para pinchar las pompitas.

Según el diccionario de sinónimos, la evolución es el cambio y la transformación. Por otro lado, el DRAE nos dice que, en el área biológica, es el conjunto de transformaciones sucesivas de los organismos vivientes durante las eras geológicas. En la filosofía, hipótesis que pretenden explicar fenómenos cósmicos, físicos y mentales de una sola realidad primera. En lo coloquial, es el cambio, y punto.

Para demostrar que verdaderamente hay un cambio, se hace necesaria una exposición de modos de pensar, hablar y actuar religiosos, alienados con fe y creencia ciega. No existe un cambio de percepción con sello espiritual que sea razonable, todo lo contrario, ha de provenir de un “más allá” que se nos escapa de la razón.

Alcanzar la evolución espiritual consiste en seguir una serie de normas y leyes que nos enseñan a poner la otra mejilla, ver la injusticia y la impiedad como decisiones que tomó nuestro “ser superior” en favor del crecimiento evolutivo de nuestra alma y, sobretodo, de una sumisión que consiste en aceptar sin filtros los acontecimientos de la vida como lecciones de aprendizaje indiscutibles, sin atender nuestras emociones genuinas que Freud se encargó de encapsular en ego.

Prácticamente, para llegar a esa iluminación, verdad o evolución, tenemos que renunciar a emociones básicas como la rabia, la pena, la tristeza y el dolor, para darle giros de abundancia, amor, pensamiento positivo, aceptación y actitud sobria, aunque la embriaguez esté por dentro.

Los gurús que se autoproclaman avanzados a este nivel gozan de las mejores comodidades financieras mientras nos hablan de la susodicha abundancia. Nos dicen cómo pensar para secuestrar nuestro propio razonamiento y seguirle en ese camino de evolución.

Todo consiste en atraer, pedir, tener la intención, confiar, aceptar las leyes, dar gracias y meditar mientras el mundo se desmorona a nuestros pies y nos mantenemos inertes frente a ciertos actos impuros y maléficos de unos cuantos que supuestamente nos ayudan a pagar el karma.

Esto es involución maquillada de un discurso que se vende como espiritual. En realidad, es una política que genera comodidades y entretenimiento a injustos que no lo parecen.

Prefiero investigar las raíces antropológicas que motivan al ser humano a seguir los pasos de la fantasía y el mito para morir lentamente con una forzada sonrisa de paz.

¿Has tenido alguna experiencia espiritual?

V.

Vivir del éxito pasado

El sueño dorado de cualquier ser humano es tener éxito, bien porque le lleve al reconocimiento colectivo, se sienta poderoso o sume grandes dosis de ego exultante. El placer del éxito es embriagador porque mantiene en exquisita satisfacción a su pródigo.

Las personas que viven del éxito pueden llegar a convertirse en consumidores de triunfos a cualquier precio, incluso a la compra ilegal de alabanzas a través de la mediocridad o falta de ética.

Lo más grave de esta adicción surge cuando pasa el tiempo, ya no hay fama y sigue el adicto en búsqueda de halago.

Entonces, nos encontramos con una situación vergonzosa, porque la tecnología ha dado pasos agigantados, los vendedores de exitosos buscan a gente más sofisticada, más actualizada, más negociable…

Los que se quedaron atrás observando su espejo, tuvieron la amargura de ver su cuerpo cambiar, su talento caducarse, negar la obsolescencia e intentar manipular la nueva instrumentación en boga; y mientras leen el manual de uso, los demás ya están inventado otro artilugio.

Vivir del éxito pasado es triste y desolador porque estanca, detiene, aflige, embrutece, solapa y perturba. El nombre pasa a ser solo una forma de validez civil, huérfana del divino atributo de autógrafo. Y eso es muy duro.

Narciso ha envejecido y está en la negación. Quiere maquillarse, hacerse cirugías plásticas y no se cultiva, no se acepta, no investiga, se queda enamorado de su joven imagen exitosa.

El exitoso pasado busca desesperadamente que le vean de nuevo y le cuesta aceptar que todo ha cambiado.

El trabajo que busca el éxito está condenado al vencimiento, a lo efímero y al inclemente polvo que reposa en los trofeos.

¿Se puede ser exitoso sin llegar a la fama?

¿Qué elegirías: talento o notoriedad?

¿.

¿Se puede vivir con la negación?

La respuesta es afirmativa. Es más, no solo se puede vivir con la negación, sino que es imprescindible en el ser humano. El pesimismo y el optimismo son dos caras de la misma moneda de la negación. Se puede negar la realidad estupenda con una buena dosis de negatividad, porque muchas personas saben desenvolverse en el tormento.

Es posible que “los pesimistas” hayan aprendido sus códigos de supervivencia a base de infortunios y hostilidad. Lo contrario a ello e igualmente dañino son los positivistas en extremo que niegan la aplastante evidencia con grandes dosis de optimismo y bienaventuranza imposibles de aceptar.

La negación es un estado de defensa que todo ser humano utiliza para la supervivencia. Lo altamente nocivo es su uso excesivo que distorsiona nuestros sentidos y capacidad para actuar.

La persona que diga que no vive en la negación tiene razón; de hecho, nadie vive exactamente allí de forma continua y perenne. Pero que se recurra a ella varias veces, lo hace la humanidad entera.

Tener fe, esperanza y optimismo son ideales naturales en el ser humano. Negar un hecho innegable es el nicho perfecto para la religión, los charlatanes, los curanderos, los burbupeutas y los demonios que hablan bonito.

En el momento que negamos sin límites, perdemos la consciencia de la otredad, del juicio, la lógica y la razón. Se corre el riesgo de perderlo todo, incluso la cordura.

Muchas burbupias consisten en entrenar a sus clientes a vivir más tiempo de lo normal en la negación. Las explicaciones poetétricas acerca del alma que escogió a los padres, hermanos, parejas y maestros conducen a un cliente desesperado a ver justicia y amor donde no lo hay.

Particularmente, cuando me sucede algo inesperado o escucho una noticia que no quería oír, mi primera reacción es “no puede ser”, “no es así”, “debe ser una equivocación”. Poco a poco lo acepto, lo vivo y me resigno a ello. Esto no quiere decir que esté exenta a perder la cordura, porque nunca sabremos si estamos preparados para asumir ciertos eventos dolorosos.

Negar no nos hace más débiles ni más fuertes, es una condición humana que nos ayuda a sobrevivir las circunstancias de la vida para no morir al instante.

Pensemos por un momento en todas las angustias que podemos crear en nuestros seres queridos si estamos constantemente en la negación. Porque la realidad es un tormento tanto para el que la mira de frente como el que da la espalda.

¿Crees que el ser humano puede vivir sin fantasía?

F.

Fundación de la psicología positiva

Ahora toca tirar de la frase “comprobado científicamente”, puesto que, el lenguaje abstracto del “más allá” para explicar la energía y el bienestar, no funciona. Que suene científico permite a los nuevos curanderos tener un aval que les apoye en su charlatanería. Así que, si la psicología dice que funciona, ¡es que funciona!

Permítanme hacer el pinchazo incómodo a esta pompita. Ni es ciencia ni está comprobado. Una vez más nos encontramos con lo pseudo.

Que la ciencia explique hechos paranormales es equivalente al cristianismo como religión oficial en la Roma imperial de Constantino. Los objetivos son claros: dominar sin guerra sangrienta, sino con la fantasía de la gente.

El Constantino que fundó este tipo de psicología se llama Martin Seligman, el mismo autor de Indefensión aprendida. Pero vayamos por partes y veamos cómo surge la ciencia del buen rollo.

Del mismo modo que los romanos politeístas vieron su imperio en peligro ante la cantidad de personas creyentes en un solo Dios, así la asociación de psicólogos de Estados Unidos vio su carrera en vilo frente a los creyentes de los motivadores o consejeros espirituales que ocupaban cargos de asesoramiento, tanto en las empresas como en las personas individuales. De hecho, muchos psicólogos debían formarse como coachs para seguir en el mercado.

Con ecuaciones de dudosa procedencia, Seligman sentenció a la humanidad a ser felices con métodos sumamente sencillos, inspirados, claro está, en Platón y Aristóteles. El primero requiere fe a un mundo ideal y el segundo a la felicidad elitista, es decir, para unos pocos que están preparados para alcanzarla.

Para todo ello, Seligman contó con cuantiosas donaciones por parte de la Fundación Templeton, la misma que invierte en ciencia y religión para establecer la psicología positiva como la ciencia de la felicidad. Y ya sabemos que cuando es científico, no hay lugar a dudas (cuando le conviene a nuestra fantasía).

Según Ehrenreich (2011), Templeton invierte tanto en el buen rollo como en campañas políticas a favor de la guerra y otros organismos que prohíben el matrimonio homosexual.

De igual forma, Seligman diseñó nuevas formas de tortura contra el terrorismo después del atentado de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001, aunque él mismo lo haya negado.

Entonces, la psicología positiva como método científico queda descartada cuando sus bases teóricas surgen de elementos autobiográficos del autor, de observaciones que arrojan resultados filtrados para encajar en su pensamiento, donde no hay más que una actitud religiosa que obliga a la fe y proscribe la razón.

¿Es compatible la fe con la ciencia?

¿Qué dirías de la Fundación Templeton?

Fuente: Ehrenreich, B. (2011). Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. Turner: Madrid.