En los Libros I y II de la República, Sócrates se enzarza en discusiones con varios interlocutores, entre ellos Trasímaco, Glaucón y Adimanto. ¿Qué es la injusticia?, pregunta el filósofo que no para de alardear de su ignorancia.

El tema se pone más interesante con Glaucón y Adimanto, quienes dicen que la injusticia es la suerte más dichosa si se le concilia con una buena reputación. Esto quiere decir que se puede ser injusto y parecer lo contrario.

Sócrates se espanta y se siente incómodo cuando los hermanos prosiguen su alocución y dejan claro que la injusticia puede ejercerse si la apariencia es de bien:

¿Para qué esforzarse en ser justos si ya hay maestros que se encargarán de enseñar el arte de la seducción con sectas y hermandades para así producir los discursos más artificiosos ante la justicia?

Que se entienda bien, discursos artificiosos son palabras no sentidas, sino estructuradas y organizadas para un fin. Por si fuera poco, Adimanto insiste que la injusticia siempre será perdonada por los dioses, porque a ellos se les hará ofrendas y sacrificios para ser perdonados en vida y después de la muerte, ya que, con estos rituales, lo injusto pasaría a ser un crimen con apariencia de virtud.

Tanto Glaucón como Adimanto insisten en que se puede ser injusto sin parecerlo porque dicha apariencia es suficiente para ser perdonado sin temor a represalias. No obstante, Sócrates como buen orador, defiende la postura del Estado en filtrar los contenidos de los mitos y forjar una poética que enseñe al pueblo a creer en ciertas fábulas que enaltezcan seres mitológicos de bien.

Así, tanto ciudadanos, como esclavos, mujeres y niños obedecerán con apremio lo indicado por los poetas que sirven a sus gobernantes.

El Estado justo sería aquel cuyas personas respondan a un destino ya fijado por los dioses o la naturaleza, quedando la mayoría encargada de servir a unos  pocos que representan la sabiduría del alma.

¿Qué ejemplos darías para ser injusto sin parecerlo?

¿Conoces a un injusto que parece ser bueno?

Fuente:  Platón. (2011). La República o el Estado. Editorial Espasa: Barcelona, España.

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  1. Hola, muy bueno tu post. A mi parecer la sociedad está fundamentada, lamentablemente, en la apariencia, en valores superficiales, en mostrar algo falso que parezca «bello» y sin estravagancias y, lo esencial, lo verdadero, tu ser «real»se mantiene oculto, por si acaso te sales de la norma, de lo establecido. Esto para empezar, para mantener el orden, desencadena las acciones, en cubierta, de las bajezas humanas. La condición humana despliega su sentido más perverso, parecer una cosa y ser otra. En medio de esta mentira, la justicia se convierte en quimera. Sin embargo, buscarla es uno de nuestros retos como seres humanos Así, valores como la honestidad, el respeto, la responsabilidad, la sensibilidad, la gratitud, la humildad, devienen en justicia. No hay justicia sin fondo ético. La ética y la estética conforman «la justicia», le da humanidad y bondad a nuestros sentimientos, pensamientos y nuestras acciones.

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