E.

El calvinista

Juan Calvino fue un teólogo francés y uno de los fundadores de la iglesia protestante. Su desacuerdo con la iglesia católica se basó en la consideración de los sacramentos como rituales innecesarios para amar a Dios. Para ello, creó sus propias “ordenanzas eclesiásticas” y atribuyó valor al trabajo para no pensar.

Para los calvinistas, la mente era la enemiga que se debía combatir con el trabajo forzado para no tener ningún pensamiento o deseo pecaminoso. El miedo a estar predestinado al infierno, y no a la vida eterna en el reino de los cielos, hizo que los calvinistas trabajaran sin parar con una autoexigencia incalculable, con tal de que fueran bien vistos tanto por Calvino como por Dios. Si el trabajo daba frutos económicos, tampoco debían gozarlos, puesto que el descanso y el disfrute les estaban prohibidos.

El ocio, el hacer una siesta, el estar sin hacer nada… eran pecados que se pagaban con los más crueles castigos porque, para Calvino, la fe debía ser una obediencia absoluta, una entrega al hacer sin pensar, una negación del placer y la reflexión.

Ya han pasado más de cinco siglos de sentirnos culpables de no hacer nada productivo y aun así conservamos nuestro espíritu calvinista cuando somos inflexibles y dominantes, tenemos muchas tareas pendientes y nos culpabilizamos si decidimos descansar un poco… porque el pecado no es tanto la gula sino darse el gusto de comer un dulce…

Un deportista de élite es un calvinista que entrena con una disciplina férrea porque sabe que, si no lo hace, su contrincante se prepara y gana la competencia. Un calvinista no soporta sentirse improductivo, no se distrae ni contempla porque sería una pérdida de tiempo. Son los que se torturan con dietas y se autoflagelan en el gimnasio.

Un calvinista que escoge el oficio de escribir es pecador si un día no escribe una línea en su texto. Solo viven para trabajar y exigen lo mismo de sus compañeros. Y no hay nada peor que un jefe calvinista…

Un perfeccionista que busca el error en todo lo que hace y lo que hacen los demás, es un atormentado calvinista que huye del pecado y por eso se autoimpone culpas que deberán sanearse con trabajo y más trabajo.

El calvinista puede vivir perfectamente en el agotamiento y seguir adelante con su empresa de autoexigencia y tenacidad hasta agotar a los demás y nunca estar satisfecho.

Es el típico ser que aspira en grande, es exitoso y no descansa hasta lograr sus objetivos, unos tras otros. Es el entregado a su oficio, a su carrera, a su labor; el que no se permite el entretenimiento de una buena charla o un café, a menos que suponga un beneficio.

Y tú, ¿te consideras calvinista?

B.

Burbupeuta a sueldo

Dícese del burbupeuta que se ha atrevido a pinchar la pompita y descubre su fragilidad. Cuando pasa el tiempo, se da cuenta de la ceguera en la que estuvo e incitó a otros a tener. Normalmente sale de este encantamiento después de un trauma o simplemente del cansancio que produce quedarse sin aire de tanto soplar pomperos.

Diversas son las razones que no lo dejan salirse de la Burbuja, a pesar de no ser dura ni estable.

Puede llegar a capturar fuertemente a buscadores de bienestar, puesto que la dominación que ejerce sobre la psicología de las personas no necesita recintos cerrados. Son expertos en secuestrar a puertas abiertas y aparentar respeto al libre pensamiento.

En la Burbuja, el bienestar y el amor es la apariencia difícil de desmentir cuando obnubilan a sus visitantes con pompitas de arte y espectáculo. Los burbupeutas entregados hacen su trabajo, pero los que están a sueldo han descubierto de qué estaba hecho el pompero y el jabón utilizado. De pronto, caen en cuenta de las contradicciones y el poder económico de las autoridades que regentan los recintos iridiscentes.

Se dan cuenta de, por ejemplo, que las personas no son seres tan espirituales como los números que suman dentro de su caja registradora; que las autoridades no son tan iluminadas como su licencia al chantaje, coerción y manipulación; que no son superiores a los demás ni han visto nada extraordinario, solo han leído y hecho cursillos que repiten las mismas enseñanzas de otros famosillos burbupeutas.

Cuando reconocen el mito como espejismo caducable, soplan por el sustento mientras buscan la salida de la fantasía. Ese es el burbupeuta a sueldo.

¿Conoces algún burbupeuta a sueldo?

¿Qué técnicas utiliza para salirse con la suya?

L.

La burbuja

Es el habitáculo perfecto para ser injusto sin parecerlo. No solo corresponde al recinto laboral de los burbupeutas, también puede ser cualquier espacio público o privado donde transitan decenas de personas en busca de algo.

En la Burbuja todo es posible porque los soñadores, ilusos, inocentes, títeres y demonios se reúnen al festín de técnicas del nuevo pensamiento para atraer la realidad a través de la mente. El procedimiento es más sencillo de lo que imaginamos, pero aun así se necesita inversión de tiempo y dinero para aprender a respirar, pensar y hablar.

En este espacio, al resto de la humanidad se le considera ignorante de los advenimientos que se avecinan; por eso se intentan hacer cambios de percepción de manera absurda, forzada, sutil y encantadora. El lugar es transparente, no oculta nada porque los que allí trabajan están para vender pompitas de una verdad aplastante pero inalcanzable.

La Burbuja es el espacio donde la imaginación no solo es permitida, sino necesaria para vivir en la fantasía de una realidad paralela al hecho. Ocurre en el Consulado de Venezuela, por ejemplo, donde todo es posible: se puede viajar con prórroga en pasaporte sin ningún problema, se puede entrar al país con salvoconducto, se puede salir del país con permiso del Estado. Esto lo repiten una y otra vez los burbufuncionarios que atienden al público descontento de tanta ineptitud de su Estado.

Espacios públicos que nos quieren hacer ver que todo está bien y que lo demás son rumores. Reciben a la gente con sonrisas y con coletillas de “feliz día” y “feliz viaje”, cuando la realidad nos carcome toda la paz y estabilidad como venezolanos.

Pero si, hay problemas cuando las prórrogas nunca llegan, los salvoconductos normalizan una situación injusta y los permisos no son concedidos. Las burbujas que hacen ver el mundo de otra manera mantienen ciegos a sus seguidores, le suspenden el juicio poco a poco y les conducen a cambios de pensamientos muy lejos de la verdad, del sentir natural y, sobre todo, de la reflexión y la crítica.

Es el espacio perfecto para la mentira veraz, el despotismo dulce, la pseudociencia, el proxenetismo sagrado, la sanación que mata, la humillación que honra, las noticias que engañan, las palabras bonitas que destruyen, la utopía de un mundo mejor que nos arrastra…

¿Has estado en una Burbuja?

B.

Burbupeuta

Dícese de la persona que trabaja en la Burbuja, mejor conocido como terapeuta holístico, alternativo o naturista. Es el que enseña que todo es posible, el que da soluciones para temas complejos como el abandono, la enfermedad, la separación o la muerte, el que le deja la responsabilidad al cliente de cambiar la percepción, dejarse sentir y pensar que todo ocurre por una razón que está fuera de su control.

El burbupeuta es un dedicado a estudiar pompitas en la diversidad de pomperos para luego confeccionar el suyo propio. Para ello, es necesario que suspenda el pensamiento crítico, que no juzgue ninguna ley que sus oradores le soplan, ya que solo así podrá dedicarse a sus burbupias. A estas últimas las suelen llamar “terapias”, pero en realidad son un espectáculo cuyo guion está finamente estudiado por el burbupeuta para decir lo que su cliente quiere oír.

Se le dice Burbuja a todo espacio físico y humano que inspira bienestar y amor. Se suele hacer yoga, conferencias y terapias de grupos para que la gente sane su pasado, presente o futuro. Los burbupeutas suelen estar con las manos juntitas para hacer reverencia a sus visitantes, sonríen con forzada gratitud (aunque no se note) y hablan con voz suave y encantadora.

El primer paso de encantamiento es la Burbuja que invita a pasar al curioso o al desesperado. Luego están los burbupeutas que reciben y entretienen con pompitas privadas a su cliente. Cada pompero está compuesto de tóxicas saponinas digeribles en forma de burbujitas; de la misma forma son los contenidos de las terapias que hablan de la mente todopoderosa, la palabra como mensaje directo al universo, el perdón, el libre albedrío, el ego, el sentir, el dejar fluir y frases afines.

El burbupeuta utiliza el pompero como instrumento de parafernalia en su oficio, pero en realidad es un orador adiestrado en contenidos de autoayuda.

Cuando el burbupeuta se da cuenta que las pompitas se desvanecen muy rápido y ya no le hace tanta gracia seguir en el oficio, quiere decir que ha recuperado el juicio y se convierte en burbupeuta a sueldo

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¿Conoces algún burbupeuta?

¿Cómo era su comportamiento?