Cuantas veces escucho personas decir que “los de arriba” han decidido el penoso empleo mal pagado o el sufrimiento de un destino nefasto. Quiero decir que, independientemente de la inteligencia, los estudios, los talentos y las carreras, la creencia ciega de un “más allá” puede llevarnos a la perversión idónea de la sumisión.

Para un maltratador, el “más allá” es perfecto para explicar que cumple una misión purificadora de karmas que deben pagarse en esta vida y salvar a su víctima. Además, se sentirá con la suficiente inmunidad cósmica o aforamiento espiritual para hacer daño a aquel que deba aprender una lección. Es perfecto para dominar, manipular y engañar. No tiene escrúpulos ni le importa el Otro.

Para el maltratado, el “más allá” es perfecto para justificar su estancia con el maltratador, para no dar el paso responsable, seguir en la comodidad que le proporciona su victimario. Regodearse de autocompasión, explicarse temas abstractos que no llegan a ninguna parte porque en realidad no quiere irse, quiere quedarse. Cuando se da cuenta de que el “más allá” no existe, tiene la opción de quedarse y fingir o irse y vengarse.

Para el burbupeuta significa trabajo seguro. Los maltratados invertirán en sus lecciones y métodos.

Para el maltratador, el perdón incondicional porque se le justificará como un enviado del cielo que ayuda a pagar los karmas.

Para el burbupeuta a sueldo, una agonía.

Para el Estado, un ecosistema perfecto, el caldo de cultivo para alienar, expoliar, dominar y diseñar la felicidad más artificial.

Para las editoriales, un éxito rotundo.

¿Y para ti?

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