El hecho de que al lado de “los” haya un “las” no significa que en lo pragmático y real las mujeres estemos incluidas. Se ha trabajado más en la inclusión lingüística del género femenino que ha equiparado el discurso de políticos y aspirantes. Sin duda, las mujeres seguimos ocupando el rango de mayores atrocidades de abuso y desigualdad.

La normalización del pronombre femenino ha vigenciado un principio estoico del poder de la palabra y el cambio de discurso para forjar una forma de hablar inclusiva en lo ideal, que agrada y vende, pero no nos posiciona en un mejor lugar.

El discurso aislado de la acción es ilusión. No solo sucede con el “ellas”, sucede en todos los discursos que venden pensamientos de bienestar, salud y perdón.

Tanto en las sectas como en las pequeñas burbujas coercitivas se incluye al desfavorecido con el más desfavorecido; es decir, los que están mal con los que están peor. Porque comúnmente el que está bien ni siquiera recurre a esas pantallas de cavernas.

El discurso da poder en cuanto se sabe usar la herramienta del decir con intenciones ocultas. Se pueden emplear verbos condicionales, es decir, acciones hipotéticas o posibles como, por ejemplo: “harías así”, con intenciones imperativas “hazlo así”.

El tema de la inclusión femenina requiere una acción profunda de Estado y consciencia colectiva hasta el punto de hacer tambalear el mundo machista que nos somete. El día que finalmente estemos incluidas, posiblemente ya nos hayan sustituido máquinas de inteligencia artificial. Entonces aquellos que creyeron en el machismo sientan en sus propias carnes lo que es sentirse irrelevante.

La diferencia entre hombres y mujeres no ha sido la medida de su inteligencia, sino una serie de conductas moldeadas por creencias religiosas, cuyas biblias han sido redactadas por hombres. Igualmente en la redacción de leyes, constituciones, decretos, fantasías, mitos y suspensiones de juicio.

La inteligencia artificial solo necesitará una serie de algoritmos para actuar. Su conducta será moldeada según las necesidades que los creadores quieran para el resto de la humanidad.

Vale decir, ¿creadores y creadoras?

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