Una metáfora para referirme a todas aquellas burbujas que albergan líderes con discursos sobre el alma, la paz, el universo y la trillada frase de “todo está conectado con todo”.

Se entiende como totalitarismo a todo sistema de gobierno que asume los poderes públicos del Estado. Para ello, crea sus propias leyes y despoja a sus ciudadanos de la libertad e igualdad para votar, opinar y expresarse.

Entonces, para que haya totalitarismo, es necesaria la fuerza que lucha contra los detractores que no se quieren dejar dominar. ¿Qué pasa? Ya sabemos los ríos de sangre que han corrido a lo largo de la historia durante los sistemas dictatoriales en algunos países del mundo.

Lo más doloroso de este asunto es que, hoy día, el totalitarismo sigue vigente cuando el discurso dominante es aparentemente democrático, lleno de mensajes que hablan de la unión, la igualdad de condiciones y la belleza del alma.

Lo más doloroso es que existe el totalitarismo dentro de los ámbitos espirituales que nos venden la película de conexión, cuántica y frecuencia de todos con todos, pero, siempre y cuando nos rijamos por la Constitución de ciertas leyes espirituales que canalizó una persona de carne y hueso como nosotros… ¡vaya!

Gracias al discurso connotativo y demoledor, nos lavan el cerebro hasta hacernos creer que esa personita (que ni levita, ni deja de satisfacer sus necesidades fisiológicas como cualquier otro) es especial y elevada, mejor que nadie, para guiarnos y darnos el mensaje que necesitamos para ir por el camino correcto.

La premisa del totalitarismo es tener un enemigo con quien luchar para supuestamente defendernos y protegernos de los seres más terrenales que intoxican nuestro proceso de elevación espiritual.

De aquí viene el autocontrol de pensamientos, suspensión de nuestra lógica, inseguridad que será subsanada constantemente por un consejo, una respiración, una postura de yoga, imposición de manos y todas las técnicas que se ofrezcan dentro de la burbuja hacedora de súper humanos.

Cuando pasa el tiempo y nos damos cuenta que todo ha sido un gran negocio, que nos hemos alejado de nuestros seres queridos, que no había nada que reparar en una constelación o sesión hipnótica, comienza el duelo al descubrir la estafa y la culpa de habernos dejado seducir por un dictador o dictadora holística que nos vendió la libertad mientras nos sometía al encierro de nuestra mente despojada de lógica.

¿Te has sentido decepcionado con el discurso holístico?

¿Conoces a algún iluminado totalitarista?

Entrada previaSiguiente entrada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.