I.

Inclusión o ilusión

El hecho de que al lado de “los” haya un “las” no significa que en lo pragmático y real las mujeres estemos incluidas. Se ha trabajado más en la inclusión lingüística del género femenino que ha equiparado el discurso de políticos y aspirantes. Sin duda, las mujeres seguimos ocupando el rango de mayores atrocidades de abuso y desigualdad.

La normalización del pronombre femenino ha vigenciado un principio estoico del poder de la palabra y el cambio de discurso para forjar una forma de hablar inclusiva en lo ideal, que agrada y vende, pero no nos posiciona en un mejor lugar.

El discurso aislado de la acción es ilusión. No solo sucede con el “ellas”, sucede en todos los discursos que venden pensamientos de bienestar, salud y perdón.

Tanto en las sectas como en las pequeñas burbujas coercitivas se incluye al desfavorecido con el más desfavorecido; es decir, los que están mal con los que están peor. Porque comúnmente el que está bien ni siquiera recurre a esas pantallas de cavernas.

El discurso da poder en cuanto se sabe usar la herramienta del decir con intenciones ocultas. Se pueden emplear verbos condicionales, es decir, acciones hipotéticas o posibles como, por ejemplo: “harías así”, con intenciones imperativas “hazlo así”.

El tema de la inclusión femenina requiere una acción profunda de Estado y consciencia colectiva hasta el punto de hacer tambalear el mundo machista que nos somete. El día que finalmente estemos incluidas, posiblemente ya nos hayan sustituido máquinas de inteligencia artificial. Entonces aquellos que creyeron en el machismo sientan en sus propias carnes lo que es sentirse irrelevante.

La diferencia entre hombres y mujeres no ha sido la medida de su inteligencia, sino una serie de conductas moldeadas por creencias religiosas, cuyas biblias han sido redactadas por hombres. Igualmente en la redacción de leyes, constituciones, decretos, fantasías, mitos y suspensiones de juicio.

La inteligencia artificial solo necesitará una serie de algoritmos para actuar. Su conducta será moldeada según las necesidades que los creadores quieran para el resto de la humanidad.

Vale decir, ¿creadores y creadoras?

E.

El escritor fantasma

Porque existe y no se ve. En el caso de la escritura, es el autor real de cada palabra escrita que firma Otro. Este último gana la fama, el respeto, la admiración y las comandas de una editorial deseosa de ventas con éxito.

Lo más gracioso es que editoriales con escritores estrellas cuentan con un set de escritores fantasmas que sacan adelante el oficio del venerado artista de letras.

La pregunta es… ¿por qué el escritor fantasma no deja de escribir para Otro y se lanza como escritor para que todos lo vean? Me gustaría que esta pregunta la respondiera una persona dedicada a dicho oficio.

Yo solo puedo decir que se entrelazan varios factores. Por un lado, el que ya ha ganado notoriedad y es seguido por un público fiel, le queda hacer uso del viejo refrán que dice “Crea fama y acuéstate a dormir”. Por otro lado, no es lo mismo escribir desde un nombre desconocido que uno reconocido.

Escribir no solo toma tiempo de pensar y llevar las ideas al papel, sino que además hay una inversión de tiempo en la investigación previa que se suma luego al pensamiento analítico para conectar ideas.

Cuando leí Nunca tires la toalla, un libro de autoayuda para emprender con autoestima y valor, no dudé de que detrás hubiera un escritor o escritora fantasma, porque no creo capaz a Donald Trump de hilar una oración con otra, aunque sea de este género fácil.

También porque cuando escucho a escritores famosos hablar de que producen entre dos y cuatro novelas u obras al año, me quedo sin otra explicación que los fantasmitas haciendo su trabajo detrás del firmante.

No quiere decir que el autor no investigue y apruebe lo que su escritor hace, pero no es lo mismo. Es decir, no es lo mismo sacar cada palabra de la cabeza a la página en blanco con toda la angustia, placer, tormento y delirio que eso comporta.

¿Es imaginable a Gabriel García Márquez con un escritor fantasma? O mejor, ¿se le puede imaginar a él mismo como escritor fantasma de Otro? Yo opino que no, cualquiera puede imitarlo pero no puede reemplazar las ideas tan originales de un autor como este.

Los buenos libros, las letras bien dichas, las historias bien contadas, los relatos mejor narrados quedan en la historia y en nuestros recuerdos. Lamentablemente, ya se hace negocio de ello y se contrata el talento que vive en la opacidad del no reconocimiento, como a las mujeres de siglos pasados que escribieron para hombres famosos…

¿Te atreverías ganar fama con el talento de otra persona?

¿.

¿Cómo se normaliza la violencia de género?

La normalización ocurre en los más mínimos detalles, tan pequeños que se nos hacen imperceptibles y difíciles de identificar.

Permíteme incluir a ambos géneros porque todos somos susceptibles de caer en esa dura espiral de violencia. Es cierto que la mujer es la más vejada, pero no olvidemos que, para existir víctimas, debe haber un perpetrador.

Antes de discutir que este último fue una víctima que ahora usa su condición masculina para ejercer violencia, vayamos a las raíces. Si nos vamos a los griegos, podríamos pensar que gran parte de nuestra cultura está impregnada de una descarada superioridad masculina que poco a poco se convirtió en machismo.

Si Aristóteles catapultó a la mujer como un ser inferior, era porque tal vez quiso responder con cientificidad lo que quería oír el colectivo.

¿Dónde queda el pensamiento crítico del ser humano que diga ¡basta!? Porque ser científico, escéptico, espiritual o iluminado no exonera a la persona de ser machista, incluso independientemente de su sexo.

Las muñecas para las niñas y los carritos para los niños ya es sobradamente tratado en los temas de normalización, lo que intento soslayar aquí es aquella que es tan sutil que no nos damos cuenta del hecho.

¿Qué pasa por la mente de una mujer que vive la violencia como parte de su destino matrimonial? Habría que hacer un estudio particular en cada caso; mientras tanto, el contador de cifras no para de arrojar números feminicidas.

El eslogan “NO es NO”, corre el riesgo de normalización como cualquier anuncio, porque las noticias, más que información veraz, responden a mayor audiencia y espectáculo.

Ni siquiera controlar la natalidad con una maternidad apta para tener hijos funciona. La violencia está latente fuera de las mejores intenciones del hogar.

La mujer que es abusada no solo acusa a su perpetrador, sino a su misma condición de ser mujer. Un día una dama con actitud secreta y espacio confidente me preguntó cuál era la diferencia entre el abuso y la violación.

Si la inferioridad de la mujer es un mito que se ha instaurado como verdad, entonces funciona, el mito funciona…

¿Qué ejemplos darías de esta normalización?

M.

Mujer florero

Hay mujeres que optan por la pasividad de sus encantos y obtienen todo lo que desean sin ningún esfuerzo. En la mayoría de los casos, este tipo de mujer goza de una pareja con buen sueldo. Al menos no he conocido a una de clase media baja que se espere el fin de mes de su cónyuge, para ser el florero que adorna la casa y las fotografías familiares.

Este tipo de mujer no toma decisiones en lo concerniente a nada. Pierde su derecho a expresar libremente su opinión, porque al no sumar en la manutención, automáticamente queda en segundo plano.

Cualquier persona que goce de ocio desmedido puede caer tanto en la depresión como en la amargura. Por eso, muchas de ellas carcomen cerebros de Otros para entretenerse en el conflicto que propaga desde su sombra. ¡Horrible cuando son burbupeutas por hobby!

Las macabras estrategias de una burbuflorero es de una hipocresía devastadora. Es muy fácil que un discurso así encaje perfectamente en el hablar de estas mujeres que se autoimponen una infantilización nauseabunda.

En vez de plantarse y dar su voz, caen en sonrisitas diplomáticas mientras sueltan consejos motivacionales con diminutivos incluidos: “abre tu corazoncito”, “saluda al solecito”, “suéltate el pelito”…

Como son personas que nunca han tenido un criterio propio, se adaptan a las fantásticas disertaciones sobre el alma, los chakras, el bienestar, las dietas conscientes, la meditación y reuniones espirituales sin ningún sentido.

Ellas, al vivir en una Burbuja, todo lo exterior les da grima. En realidad son personas desoladas que vengan su soledad en la difamación, el chisme y lo superfluo.

Su superioridad artificial les permite andar por la vida soltando pétalos de plástico hiperrealista. No son originales ni contribuyen con su opinión. Son más bien ignorantes bien maquilladas que resurgen de sus cenizas en el gimnasio y posan su belleza en las redes sociales.

Este tipo de mujeres son carne de cañón para cualquier maltratador. No se dan cuenta de que pagan con su resistencia el duro precio de ser bellas estatuas pigmaliónicas a la merced del machismo.

Si conoces a una mujer florero, ¿cómo es su comportamiento?

¿Una mujer florero podría ser feminista?

M.

Migrar

Decenas de artículos dedicados a este fenómeno. Sus causas son tan diversas como la necesidad del ser humano en busca de otras posibilidades de existencia en el globo terrestre. Están las más románticas, como vivir la experiencia de otro idioma, otra cultura y otras normas establecidas en el país escogido.

La mayoría de los migrantes buscamos una nueva vida para subsistir y, sin querer, esa experiencia romántica de aventura queda en segundo plano.

Migrar no es fácil, una frase muy trillada y más obvia que ninguna. Lo más difícil de este traslado es el apego a nuestras raíces y el sufrimiento que implica pensar que estamos mejor que los seres queridos que dejamos atrás. A simple vista podemos estar mejor si las razones fueron forzadas: conflictos bélicos, gobiernos totalitarios, economía hundida en la miseria e inseguridad social que arroja cifras lamentables en las calles de nuestro país de origen.

Quiero dedicar este artículo a los que se quedaron.

No estamos mejor. Porque nunca se está mejor en los zapatos de un extranjero. Aunque haya la mejor intención por parte de los ciudadanos de acogida, nosotros, los del otro lado, siempre seremos aquellos que vinieron a ocupar el lugar de Otro.

Pertenecer a un lugar toma mucho tiempo. Es verdad que ya no seremos víctimas del caos social antes mencionado, y que salir a la calle no será un peligro, pero pagamos otras tasas de sufrimiento. Por ejemplo, no poder trabajar sin papeles y no tener papeles sin trabajar. Además de toda la carga de recuerdos y referencias en nuestra memoria.

Para los que tenemos un título universitario, los años que puede tardar la homologación del mismo. La dificultad de hablar otro idioma. El proceso tan lento y demoledor de obtener el número de identificación extranjera para optar a la ciudadanía (básicamente, existir para Seguridad Social).

Hay tipos de migración: los que se van para salvar su vida y los que buscamos desarrollar nuestras aptitudes y estudios. Pero, el que huye de una guerra declarada siempre verá en los que huimos de la delincuencia dos prioridades distintas para ser acogidos. Y esto es verdad y mentira al mismo tiempo. Diría que son válidas las dos.

El que se queda juzgará por su comprensible ignorancia que estamos mejor que ellos, que tenemos más dinero, comemos mejor y gozamos de más seguridad. Todo país tiene sus propias dificultades. Solo que en unos matan con armas y en otros las armas son más simbólicas, capaces de aniquilar a los seres humanos sin derramar una gota de sangre.

Si eres migrante, ¿qué mensaje le darías a tu familia?

Qué opinas de: “ningún ser humano debería ser ilegal”.

D.

De cara al público

No existe sueldo que compense lo suficiente cuando se trata de lidiar con la gente diariamente.

Recepcionistas, secretarias, dependientas, comerciales, vendedores, todo aquel que se levanta a trabajar de cara al público, además de no ser bien remunerado, supone dureza, crueldad y demolición moral.

¿Qué necesidad hay de tratar mal a una recepcionista? En mi caso, sufro una doble impotencia porque al ser yo quién recibe al cliente, no puedo contestar mal frente a sus groserías. Por otro lado, sucede que cuando soy cliente, hay quienes gestionan mis peticiones con desdén e incompetencia. No puedo andar por la vida a la defensiva porque sería antinatural en mí. ¿Qué sucede entonces?

Creo que se puede hablar contundentemente sin faltar el respeto o romper el equilibrio en la comunicación. Sin embargo, hay quienes carecen de la buena educación para solicitar atención y hay otros que no desean escuchar.

Esto sucede en todos los estratos sociales y contextos. Un cliente adinerado puede sorprendernos con su humildad y no sobrepasarse con complejos de grandeza. Conozco mucha gente agradable de gran poder adquisitivo.

Están los humildes de a pie que llegan forzadamente a fin de mes y maltratan a la recepcionista, a la enfermera y todo aquel que esté por debajo de la jerarquía empresarial del director o jefe.

Con lo cual, queda descartado que el rico humilla literalmente al pobre por su condición, aunque esto no quiera decir que no haga uso de la desigualdad para su propio beneficio.

Pareciera que la historia de la plebe se extinguiera solo en los libros de historia pero no en el día a día de las personas que, con sus delirios de grandeza, pasan por encima de otras sin considerarlas también personas.

Es curioso cómo hay quienes descargan su ira, su mal día, prepotencia e ingrávida educación en los trabajadores de primera línea, a los que dan la cara y carecen de total autonomía para tomar decisiones y responder a todas las exigencias.

Aprovecho para resaltar que tanto humilla un iletrado como la maestra de escuela que al darse la vuelta deducimos su práctica de yoga por el tapete lila enrollado en su mochilita de “OM”.

Los que estamos detrás del mostrador tenemos historias acerca de la miseria humana, la buena voluntad, las carencias, las hostilidades, la microguerra no ganada entre la razón y la locura.

¿Es necesario tratar mal al trabajador que nos recibe?

De cara al público, ¿cómo lidias con esta situación?         

T.

Testigo cómplice

Este término fue utilizado por la ex psicoanalista Alice Miller, autora de varios libros sobre el maltrato infantil, la educación de los padres y el origen de la violencia en la sociedad. Es probable que quien no sepa a qué lectura se enfrenta con sus tratados, se sienta sobrecogido por la crudeza y sinceridad con la que cuenta los hechos que motivan su estudio.

La figura del testigo cómplice consiste en aquella persona que dio al infante maltratado un poco de cariño, que le hizo sentir seguro y no le juzgó, que le protegió y le enseñó otra manera de palpar el mundo sin sentirse castigado. Este testigo cómplice podría ser una vecina, un amigo, una tía o una abuela.

Ahora bien, a la personita que en su proceso de crecimiento creemos insalvable por las circunstancias hostiles que le tocó vivir, siempre tiene la oportunidad de ver otra salida. Aunque parezca inútil, una sonrisa, un abrazo o un gesto de cariño puede salvarle de la espiral de violencia y es muy probable que cuando llegue a la edad adulta no sienta la necesidad del alivio temporal que produce la venganza.

Los adultos podemos dejar huellas imborrables en los niños y sería una oportunidad de oro mostrarle que el amor existe y se manifiesta con ternura y protección, porque el pequeño lo único que necesita es ello para sobrevivir. No obstante, si fuimos víctimas sin testigo cómplice, es probable que avalemos la educación tortuosa tanto en casa como en el colegio.

El mundo entero necesita de testigos cómplices para la protección en la infancia; asegura Miller que si Hitler y todos sus seguidores hubieran gozado de uno, muy probablemente no habría existido el Tercer Reich, porque la maldad no es genética.

Los niños al nacer necesitan el cuidado de los adultos, sentirse protegidos, acogidos, recibidos, amados. No obstante, si aún en las carencias de estos elementos básicos para una infancia feliz recibe una palmadita tierna, un voto de confianza y amor verdadero, será el recuerdo indeleble que sostendrá su dignidad, sus ganas de vivir en armonía, su convicción profunda en las opciones y, lo que es mejor, no repetirá el maltrato con sus hijos, aunque todo ello le suponga una larga convivencia con el dolor interior.

¿Reaccionarías frente al maltrato infantil?

Fuente: Miller, A. (2009). Salvar tu vida. La superación del maltrato en la infancia. Tusquets Editores: Barcelona.

S.

Ser auxiliar

En muchos oficios se confunde al auxiliar como el mejor preparado para realizar tareas profesionales con la máxima eficacia de un licenciado, pero con sueldo esclavo. Recuerdo mi experiencia en la cocina: se suponía que yo debía tener todo a punto para el cocinero experto y profesional, pero no… además de ello y la limpieza del menaje, debía preparar el primer plato o al menos dejarlo tan en su punto que prácticamente salía del fuego a la mesa. Si quedaba mal era culpa mía y si quedaba bien, los elogios eran para el cocinero.

Afortunadamente, en algunos oficios, de tanto hacer el trabajo de auxiliar se acaba ascendiendo al puesto oficial por el que damos nuestro empeño. No obstante, no se da el caso en el ámbito médico dental (afortudamente también).

Durante mi ejercicio como asistente en periodoncia, me tocó especialmente una calvinista, una profesional con alto grado de exigencia que imponía a los demás. Su castigo a mi ignorancia obvia lo hacía notar con la utilización de jergas odontológicas que solo un graduado con máster podía dominar, pero para ella, yo tenía que saberlo todo si le quería asistir.

Llegué a estudiar todos los términos, anatomía, protocolos, instrumentación quirúrgica, pero nada, yo no llegaba a satisfacer sus necesidades recurrentes en cada caso. Lo más simple era complejizado con terminologías nuevas que yo no alcanzaba  aprender. Cada vez que me tocaba asistir, sentía tanta inseguridad que cometí los errores más estúpidos e injustificables.

Nunca me había sentido tan incapaz. Estuve a punto de encerrarme en la biblioteca cual estudiante de odontología, donde luego tuve una reflexión: yo soy asistente y no quiero estudiar esta carrera, así que comencé a observar mejor a esta calvinista.

Su complejo de superioridad era proporcional a la necesidad de reconfirmación de su grandeza, así que necesitaba humillar al que ocupaba el puesto más bajo de la jerarquía empresarial de la clínica. Lo noté cuando, efectivamente, me aprendí los términos médicos, pero luego me los decía en inglés. No estaba interesada en que yo aprendiera para asistirle óptimamente como ella creía que debía hacerlo, sino que quería, a toda costa, enseñar con castigo y subrayar mi ineptitud delante del paciente.

Hasta el día que la enfrenté y le dije todo lo que pensaba: su despotismo, su falta de educación y diplomacia. Le dije que no estaba interesada en asistirle. El día más feliz de mi vida fue cuando renunció, porque el calvinista nunca es feliz con tanto perfeccionismo y búsqueda del error.

¿Cuál ha sido tu experiencia como auxiliar?

¿Crees que un auxiliar es tan valioso como el licenciado?

L.

La otredad

Es el Otro alguien diferente a nosotros pero que constituye al mismo tiempo la construcción de ser uno mismo gracias a la contrastación. El Otro como un ser que ocupa un espacio, un tiempo, una historia, una biografía, un mundo aparte.

Nosotros y ellos, diferencias y posiciones en un gran tablero de jerarquías y estratos sociales formados desde los primeros pasos de la revolución cognitiva, desde que comenzamos a pensar y ser conscientes de nuestra existencia con respecto a los demás.

La otredad es un tema de distintas variantes y de la que creemos no sentirnos afectados cuando son ellos los que sobreviven de las guerras y somos nosotros los que vivimos un empleo precario, mientras Otros ganan grandes divisas a costa de nuestra integridad y esfuerzo.

Somos ellos, nosotros y Otros los que ocupamos niveles y lugares insospechadamente preestablecidos por pocos que nunca podremos ver en su masa amorfa y anónima.

Al Otro ignorado en las más simples acciones humanas de la cotidianeidad, quisiera rendir una pequeña dedicatoria:

  • Pensar en el Otro y darle cabida a la otredad en las aceras públicas y no atravesarse para que los demás podamos pasar.
  • La otredad en la conducción de un vehículo, en una cola, en el paso peatonal. Todos coexistimos.
  • La otredad en el ejercicio político y en la legislación de un Estado que crea las leyes en beneficio de la mayoría.
  • En el que hace la compra en un supermercado con una larga lista hecha frente al Otro que espera detrás con un enser en la mano; el gesto de darle prioridad es tener presente la otredad.
  • Al funcionario público que goza de un cargo fijo y estable, que tenga consciencia de la otredad en beneficio de aquel que busca su servicio.
  • En lo que nos hace humanos, porque ejercemos una posición política en el mundo con diferencias de opinión, porque somos capaces de vivir con el diferente y sacar provecho de la contradicción.
  • La otredad como requisito indispensable para una armoniosa coexistencia sin los egoísmos implícitos de una supuesta espiritualidad que nos diseña onfaloscópicos y vulnerables.
  • Que el Otro piense en nosotros y devolverle la consideración con una acción cívica que lo tome en cuenta.

Al final, ser conscientes de la otredad es entender que no podemos vivir a nuestras anchas sin necesitar del Otro para ser nosotros mismos.

¿Y tú, qué le dirías al Otro?

L.

La homosexualidad machista

En la mayoría de los países de Latinoamérica, la homosexualidad entre hombres no es que sea bien vista pero sí medianamente aceptada. De hecho, era una moda tener un amigo gay y ser acompañada por este en las compras de ropa íntima.

Incluso en la clase media alta, ser gay da un plus en la categoría snob del adinerado, mientras que el pobre simplemente es una marica de pueblo, vicioso y pervertido al que le gusta la fiesta. Entonces, ser gay en Latinoamérica está aceptado a medias cuando responde a una clase social específica, a un círculo de personas con ciertos oficios. No es lo mismo un obrero marica que un escritor gay…

Lo más curioso del asunto es que muchos gais discriminan a las lesbianas (ya podemos imaginar el resto de la sociedad). Ser lesbiana da asco y nadie quiere tener una amiga homosexual. Las mujeres están condenadas a vivir en privado cualquier romance con otras mujeres y están asociadas directamente a la pobreza y la mala educación, por eso no son siquiera aceptadas por la clase media o alta.

Un hombre evidentemente afeminado es gracioso y aceptado en círculos sociales, mientras que una mujer marimacho es excluida y discriminada por su condición sexual. También están las mujeres que no necesitan masculinizarse para llamar la atención de las hembras y, aun así, a falta de evidencias, apenas se les conocen sus preferencias, ninguna mujer heterosexual quiere acercarse a ella. Pero, ¿qué les da miedo?, ¿que las asocien con el lesbianismo?, ¿ser seducidas por otra mujer?, ¿vivir plenamente un encuentro sexual con su mismo género?, ¿ser excluidas de su núcleo familiar?… ¿qué?

Socialmente a la mujer siempre le toca la peor parte: si sufre infidelidad, perdona; si es infiel, es puta; si su machito se acostó con otro, es secreto; si ella se va con otra, es puta y depravada.

En Latinoamérica es normal que el gay desprecie a la lesbiana porque responde a la cultura machista que deja a la mujer confinada al desprecio y la discriminación. Aunque haya países como Argentina, Colombia, Chile y Uruguay que aprueben leyes civiles para la unión homosexual, la actitud social sigue siendo incongruente con la legislación de derechos. Por un lado los gais luchan por su aceptación y por otro desprecian a las mujeres homosexuales.

En Venezuela, por ejemplo, ser lesbiana es motivo de discriminación, burla y descrédito a pesar de que muchos venezolanos sean adeptos a la mente holistica, el buen rollo, la felicidad, el poder de atracción, burbupias, burbujas y burbupeutas.

¿Tu país ha sido condicionante para tu orientación sexual?

¿Crees en las incongruencias legislativas y la cultura?