¿.

¿Qué es la evolución espiritual?

Sí, ¿qué es exactamente? Porque si buscamos en internet o cualquier libro de autoayuda, se nos dice que la evolución espiritual es entender leyes naturales, fluir con ellas y tomar una actitud prácticamente no humana, sino más bien elevada. Desmenucemos un poco el tema y preparemos las agujitas razonables para pinchar las pompitas.

Según el diccionario de sinónimos, la evolución es el cambio y la transformación. Por otro lado, el DRAE nos dice que, en el área biológica, es el conjunto de transformaciones sucesivas de los organismos vivientes durante las eras geológicas. En la filosofía, hipótesis que pretenden explicar fenómenos cósmicos, físicos y mentales de una sola realidad primera. En lo coloquial, es el cambio, y punto.

Para demostrar que verdaderamente hay un cambio, se hace necesaria una exposición de modos de pensar, hablar y actuar religiosos, alienados con fe y creencia ciega. No existe un cambio de percepción con sello espiritual que sea razonable, todo lo contrario, ha de provenir de un “más allá” que se nos escapa de la razón.

Alcanzar la evolución espiritual consiste en seguir una serie de normas y leyes que nos enseñan a poner la otra mejilla, ver la injusticia y la impiedad como decisiones que tomó nuestro “ser superior” en favor del crecimiento evolutivo de nuestra alma y, sobretodo, de una sumisión que consiste en aceptar sin filtros los acontecimientos de la vida como lecciones de aprendizaje indiscutibles, sin atender nuestras emociones genuinas que Freud se encargó de encapsular en ego.

Prácticamente, para llegar a esa iluminación, verdad o evolución, tenemos que renunciar a emociones básicas como la rabia, la pena, la tristeza y el dolor, para darle giros de abundancia, amor, pensamiento positivo, aceptación y actitud sobria, aunque la embriaguez esté por dentro.

Los gurús que se autoproclaman avanzados a este nivel gozan de las mejores comodidades financieras mientras nos hablan de la susodicha abundancia. Nos dicen cómo pensar para secuestrar nuestro propio razonamiento y seguirle en ese camino de evolución.

Todo consiste en atraer, pedir, tener la intención, confiar, aceptar las leyes, dar gracias y meditar mientras el mundo se desmorona a nuestros pies y nos mantenemos inertes frente a ciertos actos impuros y maléficos de unos cuantos que supuestamente nos ayudan a pagar el karma.

Esto es involución maquillada de un discurso que se vende como espiritual. En realidad, es una política que genera comodidades y entretenimiento a injustos que no lo parecen.

Prefiero investigar las raíces antropológicas que motivan al ser humano a seguir los pasos de la fantasía y el mito para morir lentamente con una forzada sonrisa de paz.

¿Has tenido alguna experiencia espiritual?

F.

Fundación de la psicología positiva

Ahora toca tirar de la frase “comprobado científicamente”, puesto que, el lenguaje abstracto del “más allá” para explicar la energía y el bienestar, no funciona. Que suene científico permite a los nuevos curanderos tener un aval que les apoye en su charlatanería. Así que, si la psicología dice que funciona, ¡es que funciona!

Permítanme hacer el pinchazo incómodo a esta pompita. Ni es ciencia ni está comprobado. Una vez más nos encontramos con lo pseudo.

Que la ciencia explique hechos paranormales es equivalente al cristianismo como religión oficial en la Roma imperial de Constantino. Los objetivos son claros: dominar sin guerra sangrienta, sino con la fantasía de la gente.

El Constantino que fundó este tipo de psicología se llama Martin Seligman, el mismo autor de Indefensión aprendida. Pero vayamos por partes y veamos cómo surge la ciencia del buen rollo.

Del mismo modo que los romanos politeístas vieron su imperio en peligro ante la cantidad de personas creyentes en un solo Dios, así la asociación de psicólogos de Estados Unidos vio su carrera en vilo frente a los creyentes de los motivadores o consejeros espirituales que ocupaban cargos de asesoramiento, tanto en las empresas como en las personas individuales. De hecho, muchos psicólogos debían formarse como coachs para seguir en el mercado.

Con ecuaciones de dudosa procedencia, Seligman sentenció a la humanidad a ser felices con métodos sumamente sencillos, inspirados, claro está, en Platón y Aristóteles. El primero requiere fe a un mundo ideal y el segundo a la felicidad elitista, es decir, para unos pocos que están preparados para alcanzarla.

Para todo ello, Seligman contó con cuantiosas donaciones por parte de la Fundación Templeton, la misma que invierte en ciencia y religión para establecer la psicología positiva como la ciencia de la felicidad. Y ya sabemos que cuando es científico, no hay lugar a dudas (cuando le conviene a nuestra fantasía).

Según Ehrenreich (2011), Templeton invierte tanto en el buen rollo como en campañas políticas a favor de la guerra y otros organismos que prohíben el matrimonio homosexual.

De igual forma, Seligman diseñó nuevas formas de tortura contra el terrorismo después del atentado de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001, aunque él mismo lo haya negado.

Entonces, la psicología positiva como método científico queda descartada cuando sus bases teóricas surgen de elementos autobiográficos del autor, de observaciones que arrojan resultados filtrados para encajar en su pensamiento, donde no hay más que una actitud religiosa que obliga a la fe y proscribe la razón.

¿Es compatible la fe con la ciencia?

¿Qué dirías de la Fundación Templeton?

Fuente: Ehrenreich, B. (2011). Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. Turner: Madrid.

¿.

¿Existe el «más allá»?

Los únicos testimonios que dan fe de su existencia son individuales, subjetivos y muy íntimos. No ha habido ciencia que ocupe su estudio para comprobarla, por eso surgió la ciencia ficción.

Decenas de personas han dedicado tratados, escritos, libros enteros para explicar la experiencia del “más allá” cuando vivieron una muerte clínica de pocos minutos. Están los demás que han dedicado su existencia en hacer conexiones con entidades de otros planos, otras dimensiones, incluso de otros mundos: con los extraterrestres.

Ni siquiera con mi experticia en pseudociencia puedo sentenciarme a no creer que hay algo más allá que se nos escapa de la lógica. Lo único que he hecho para reivindicarme en el uso indebido del mito es dejar de hacer negocio con la fe y renunciar a ser burbupeuta. ¿Se ve la diferencia?

Creo que dentro de la condición humana existe la necesidad de ir más allá de lo palpable y no aceptar solo lo comprobado, porque dejar a un lado otras posibilidades de existencia sería demoledor.

¿Cuál ha sido el aglutinante perfecto de la humanidad? La religión, sin duda alguna. De hecho, su significado etimológico es re ligare, donde RE es intensidad y LIGARE es amarrar. Es decir, amarrarse fuertemente a una creencia.

La religión ha impuesto metas, objetivos, creencias colectivas, ideología, construcción mental, modos de percibir, comportamientos, normas conductuales y un largo etcétera. Si vemos objetivamente la religión como mitos que ocupan la verdad en sus creyentes, cualquier tema parecido es lo mismo. Da igual si es dios, el universo o la mente.

Por lo tanto, el más allá solo puede contestarse con la fe y la convicción, fuera de la objetividad de un microscopio, de la sensibilidad lumínica de los ojos, del tacto, del oído y del resto de los sentidos.

Dicen algunos que los escépticos tienen la mente cerrada por no ver más allá de lo evidente y dicen los escépticos que algunos la tienen chapada de mitos y leyendas. Puede que ambos respondan a su verdad particular, porque si el hemisferio izquierdo es el que nos ha hecho tener la tecnología avanzada, esta no hubiera sido posible sin la creatividad del derecho.

Fumemos la pipa de la paz y no discutamos el “más allá” con un escéptico, ni que este último saque su arsenal de argumentos para destruir al creyente.

Sencillamente, ambos tienen razón en sus campos. El día que el creyente dude y el escéptico crea, se encontrarán en el bar del ostracismo. Tiempo al tiempo…

¿Necesitas la comprobación para creer?

E.

El loco por Dios

Nos encontramos con un título ambiguo que iré aclarando en el desarrollo de este artículo. Antes que todo, es necesario entender un concepto: eufemismo.

Es una expresión metafórica que ocupa una intención en lo que se quiere expresar, así como también la sustitución de una palabra soez por otra más aceptable. Dos ejemplos sencillos: “trasero” en vez de “culo”, “reducción de personal” por “despido improcedente”.

Aclarado este punto, el verdadero título eufemístico de un loco por Dios es la obra escrita por el esquizofrénico Paul Schreber: Memorias de un enfermo de nervios. Según este hombre, los nervios son el instrumento de conexión con Dios, porque este último es puro nervio que sabe conectar con el nuestro y así extraer toda la memoria impresa del ser humano.

Como es nervio y no cuerpo, hace posible su omnisciencia a través de la conexión nerviosa con las personas y el envío de rayos divinos. Una vez aceptadas esas memorias como dignas del reino celestial, pasan a conformar las “antecámaras del cielo”, una especie de archivos de información nerviosa.

El libro de Schreber no tiene desperdicio; es muy denso y habría que elaborar un inventario de términos que él mismo considera información de voces que solo él escucha.

La inteligencia, exquisitez y creatividad con la que este hombre narra su experiencia de brotes psicóticos dentro de un manicomio, solo puede marcar precedente de los que siguieron las rutas de lenguaje abstracto para explicar las frecuencias, vibraciones, conexiones, ley de atracción y el poder del pensamiento.

De hecho, Schreber habla de la ley de atracción de una manera tan profunda que no dudo que haya sido el primero en escribir concienzudamente sobre el tema que en su futuro pasaría a ser un éxito editorial, tanto para los burbupeutas como para los positivistas.

Para rendirle todo un análisis al libro, haría falta escribir otro. Hacer el inventario de términos, el análisis contextual de su época, es decir, qué decía la ciencia, cuál era la religión dominante y su biografía completa.

En la fuente citada, dos líneas escuetas dan una idea grandiosa de su niñez: “Tras una infancia tortuosa, sujeto a los métodos e ideas educativas extremas de su padre”. Parece ser que su progenitor fue autor de los libros pedagógicos de Alemania, bien estudiados y puestos en práctica por los maestros que forjaron a los niños, entre ellos a Hitler.

Ahora bien, un loco por Dios, un enfermo de nervios, o lo que es lo mismo: un canalizador, un elegido que no soportó tanta divinidad.

¿Una creencia fija puede ayudarnos a progresar?

¿Has conocido a un enfermo de nervios?

Fuente: Schreber, P. (2008). Memorias de un enfermo de nervios. Sexto Piso: Madrid.

L.

La homeopatía es un mito

Aunque esté aceptada en las ventas oficiales de farmacia, parafarmacia y tienda naturista, el tema está en que responden a un efecto placebo porque su fundamento se basa tanto en la memoria del agua como en la inocuidad de su contenido.

Para desmontar este mito, bástese con profundizar acerca de las teorías del origen del agua en nuestro planeta. Se dice que vinieron de los cometas congelados que colisionaron con la tierra primitiva hace 4.500 millones de años. Al traer hidrógeno y oxígeno, nos dejaron el agua que, con erupciones volcánicas, se evaporó y luego se condensó hasta producir las lluvias.

La otra teoría consiste en que el agua se había formado en el interior de la tierra que, por razones de calentamiento y enfriamiento, se evaporó, condensó y creó la atmósfera carente de oxígeno que, poco a poco, fue reaccionando con el hidrógeno hasta formar el agua.

Por otro lado, están los que aceptan las dos explicaciones y le dan un origen mixto o multifactorial al nacimiento del preciado líquido que representa más o menos el 70% de la superficie terrestre.

Si el agua tuviera memoria, solo con beberla recordaríamos cuando viajamos por el espacio en forma de cometas; solo con “programarla”, la humanidad se hubiera ahorrado pestes, endemias, enfermedades letales y malos humores.

La homeopatía parte de un principio místico y pseudocientífico porque no está comprobado por la ciencia que, con disolver una gotita de principio activo de una planta en el agua, esta asume el poder curativo y penetra más rápido en las células. En realidad, la medicina homeopática es agua con azúcar y no puede, de ninguna manera, reemplazar ningún medicamento alopático de comprobada eficacia.

El cliente asiduo a los burbupeutas homeopáticos cree cada vez más en esta alternativa aparentemente inofensiva porque algunos médicos se han convertido a la homeopatía, porque hay laboratorios homeopáticos y porque se venden de forma legal en casi todas las farmacias.

Puede que esto responda a un colapso de la atención sociosanitaria que ya le va bien un poco de descongestión en sus consultas para que la gente se “cure”enfermedades con el efecto placebo. Puede que la homeopatía sea más rentable que la alopatía, porque ya nos podemos imaginar los márgenes de ganancia con la producción de agua dulce.

Para ser homeópata no es necesario estudiar medicina ni afines, como burbupeutas solo debemos estar al día de los vademécums de los laboratorios para ofrecerlos al cliente. Con lo cual, cualquiera puede ser homeópata, aunque haya científicos en la farmacología dejando las pestañas en los microscopios de investigación.

El animismo de Masuro Emoto para demostrar que el agua tiene memoria está más que rechazado por la comunidad científica y ha sido completamente absorbido por el capitalismo que vende ¼ de litro de agua a más de 30€.

Recordemos que algunos mitos son avalados por el Estado desde Platón hasta nuestra Era y que, seguramente, intentar vendernos la memoria del agua como solución a nuestros males se deba a una mortalidad controlada y feliz.

¿Has tenido alguna experiencia con la homeopatía?

¿Confiarías en alguien que no ha estudiado medicina?

¿Qué le preguntarías a un médico homeopático?

L.

Las palabras no son energía

Gracias a la psicología pop, acuñamos como energía todo lo que nos produce una emoción. La energía es el proceso mediante el cual se produce una reacción o movimiento; sin embargo, es usada en el lenguaje metafórico como sinónimo de ímpetu, voluntad, vigor y ánimo.

Cuando alguien dice que las palabras son energía, es porque se refiere a lo que ellas pueden producir en una persona; es decir, en la emoción que puede suscitar en su receptor, dándole un toque pseudocientífico con los efectos cuánticos que puedan producir a los átomos y moléculas que constituyen nuestra materia.

La palabra está viva porque los pensamientos que la producen son cambiantes y adaptativos a las épocas, porque la especie humana está en constante estímulo a través de nuevas referencias.

El ser humano tiene la capacidad de leer más allá de las palabras y estas son capaces de sostener cualquier tipo de intención. Cuántas veces nos hablan adecuadamente y aun así nos ocasiona dolor, o cuántas veces nos hablan bonito dejándonos indefensos para demostrar que aquello encierra una violencia sutil.

Podemos juzgar dos hermanos en situación de complicidad y unión que se hablan con toda clase de improperios y una pareja desunida que se habla de manera diplomática. Si las palabras por sí solas fueran energía, ya estaríamos muertos.

Tanto el lenguaje oral como escrito puede ser un arma de doble filo que siembra motivación o bajeza, el tema radica en la intencionalidad con que se pronuncien o escriban esas palabras, y esto no es fácil de demostrar hasta que haya pasado el tiempo suficiente de reflexión para darnos cuenta de que nos violentan o construyen, nos menosprecian o edifican, nos difaman o enaltecen.

Somos capaces de leer más allá de lo explícito porque nuestra oralidad se construye también de gestos, símbolos, tonos de voz, de quién lo dice y en qué momento pronuncia sus palabras. Por eso nos cuesta reaccionar rápidamente frente a una situación de violencia sutil, porque necesitamos tiempo de análisis: “le hubiera dicho esto”, por qué no le contesté aquello” y nos quedamos en lo que pudimos decir y no dijimos… ¿a que da rabia?

Como aclaré en un principio, la energía es aquello capaz de producir una reacción o movimiento en el mundo físico y, aunque las emociones sean biológicas y se estimulen con palabras, la interpretación es un mundo rico de representaciones que muchas veces se nos escapan de las manos racionalistas.

Es por eso que muchos asiduos al pensamiento burbupéutico insisten en cuidar lo que decimos como si la palabra por sí sola se materializara, porque el universo espera que digamos lo que quiere oír y esto no es solo improcedente, sino banal, falso y sin fundamento alguno. La emoción es una reacción natural del ser humano que insistimos en privatizar para vender un diseño del decir, aunque nos alejemos del pensamiento genuino.

¿Eres hábil para contestar rápida y asertivamente?

¿Filtras tus palabras antes de decirlas?

¿Te han humillado sin poder demostrarlo?

L.

Las emociones y los átomos

Muchos burbupeutas insisten a sus clientes en cuidar los pensamientos que, además de materializarse, influyen en las emociones. Aseguran que estas últimas son átomos, de la misma forma que Demócrito, un antiguo filósofo del siglo 460 A.C., especuló su existencia dando por sentado que la alegría era un atributo de la materia.

Un siglo después, también A.C., otro filósofo llamado Epicuro consideró la existencia del átomo como imaginación, sueños, sentimientos; con lo cual instó a sus seguidores a sentirse dichosos en el tormento porque el pensamiento podía crear el placer y el gozo por encima de la materia.

Resulta que el átomo necesitó muchas horas de observación de reacciones en laboratorio muy lejos del romanticismo especulativo de los antiguos griegos. Gracias al francés Antoine- Laurent Lavoisier, que estudió la ley de la conservación de la materia y dijo que el agua, además de hidrógeno, estaba compuesta por oxígeno, el principal responsable de la combustión y la vida.

Luego John Dalton disolvió gases en líquido, pesó reactivos y productos de reacciones químicas, para afirmar que las sustancias estaban compuestas de átomos esféricos idénticos para cada elemento pero diferentes de un elemento a otro.

Y lo más brillante del siglo XIX, con el siberiano Dmitri Ivánovich Mendeléiev, que clasificó los elementos químicos según su masa atómica, dejando la primera tabla periódica como imprescindible referencia en la química. Personas que invirtieron toda su vida en la observación y experimentación, hasta llegar a descubrimientos fundamentales como el protón, el electrón y la energía cuántica.

Gracias al trabajo científico, el átomo contiene un número atómico, un símbolo del elemento, un nombre, punto de fusión, punto de ebullición, peso atómico, electronegatividad, número de oxidación, densidad de sólido, líquido y gaseoso.

Entonces, si las emociones son átomos, dónde están los cálculos que la comprueban, con qué símbolo está representado en la tabla periódica y, de estarlo, qué moléculas forman para transformar la materia. Dónde está el reactor nuclear que ahora mismo está bajo la observación de científicos cualificados para afirmar que la emoción tiene un átomo cuyo punto de ebullición es tal o cual.

No es que a la ciencia no le convenga que se sepa, es que simplemente no existen más que especulaciones demócritas que fundan epicúreos fantasiosos en ecoaldeas autosostenibles en el capitalismo. Porque es lindo ser diferente y juntarse con otros que sueñan igual.

¿Crees que eres el único responsable de tus emociones?

¿Eres libre de reaccionar frente a los acontecimientos externos?

Fuente:Lozano, M. (2007). Los hilos de Ariadna. Diez descubrimientos que cambiaron la visión del mundo. Editorial Debate:Barcelona.

E.

El hospital del futuro

Las flores de Bach son un refinamiento del misticismo de la homeopatía, un descarado y funcional efecto placebo para algunos pacientes.

Es fácil desmontar las flores de Bach como industria que se basa en la mitología y la experiencia íntima religiosa de un hombre que dijo que sus treinta y ocho flores curaban cualquier enfermedad.

Comencemos por su contexto personal. Bach nació en Inglaterra en el siglo XIX, país de religión protestante, cristiana y católica ortodoxa. Su maestro inspirador y partícipe directo de sus investigaciones era Dios. Para el descubrimiento de sus esencias, utilizó únicamente su intuición. Llegó a la conclusión de que las flores que estaban más expuestas al sol y a aguas de ríos o pozos tenían una vibración más alta que las flores que crecían en la sombra o en las cuevas.

Como buen hijo de país protestante, decía que la causante de nuestras enfermedades era la mente en desarmonía con el alma. ¡Uy, calvinista! Para él, la enfermedad no tenía ninguna importancia porque somos semidioses que no nos enteramos de nada. ¡Uy, elegido! Decía que la fe, la perseverancia, la voluntad y el agua pura de manantial lo curaban todo. ¡Uy, burbupeuta!

Pero lo más interesante y casi apocalíptico de sus alocuciones fue la disertación sobre el hospital del futuro que hizo en 1931, frente a médicos seguidores de Hahnemann, el creador de la homeopatía.

Argumentó que no era necesario estudiar medicina para ser sanadores, porque solo había que estudiar la emoción de los pacientes, independientemente de la enfermedad que padecieran.

Este hospital del futuro debía ser un santuario de paz, bienestar y alegría, con lo cual es fácil deducir el pensamiento positivo y el alejamiento del resto del mundo ignorante. ¡Uy, burbuja!

También dijo que no hacía falta análisis de sangre ni observación orgánica del paciente, con solo mantenerlo aislado en la burbuja era suficiente para aprender la lección que causó su enfermedad. Usó de ejemplo la artritis como síntoma de la rigidez mental.

Nada de patología, anatomía, etiología y diagnóstico; el médico del mañana solo necesitará su intuición para curar. Estudiará la divinidad dentro de las personas y se encargará de elevar las vibraciones a través de las flores.

Bach no estaba de acuerdo con Hahnemann en cuanto a que lo similar cura lo similar, él decía que el odio se cura con amor, la humillación con perdón, y una cachetada con la otra mejilla para ejercer la compasión… ¡Uy, uy, uy!

¿Te tratarías una enfermedad en el hospital del futuro?

¿Quisiste enfermarte alguna vez?

Fuente:Barnard, J. (2008). Obras completas del doctor Edward Bach. Editorial Océano, S. L: Barcelona.

B.

Burbupeuta a sueldo

Dícese del burbupeuta que se ha atrevido a pinchar la pompita y descubre su fragilidad. Cuando pasa el tiempo, se da cuenta de la ceguera en la que estuvo e incitó a otros a tener. Normalmente sale de este encantamiento después de un trauma o simplemente del cansancio que produce quedarse sin aire de tanto soplar pomperos.

Diversas son las razones que no lo dejan salirse de la Burbuja, a pesar de no ser dura ni estable.

Puede llegar a capturar fuertemente a buscadores de bienestar, puesto que la dominación que ejerce sobre la psicología de las personas no necesita recintos cerrados. Son expertos en secuestrar a puertas abiertas y aparentar respeto al libre pensamiento.

En la Burbuja, el bienestar y el amor es la apariencia difícil de desmentir cuando obnubilan a sus visitantes con pompitas de arte y espectáculo. Los burbupeutas entregados hacen su trabajo, pero los que están a sueldo han descubierto de qué estaba hecho el pompero y el jabón utilizado. De pronto, caen en cuenta de las contradicciones y el poder económico de las autoridades que regentan los recintos iridiscentes.

Se dan cuenta de, por ejemplo, que las personas no son seres tan espirituales como los números que suman dentro de su caja registradora; que las autoridades no son tan iluminadas como su licencia al chantaje, coerción y manipulación; que no son superiores a los demás ni han visto nada extraordinario, solo han leído y hecho cursillos que repiten las mismas enseñanzas de otros famosillos burbupeutas.

Cuando reconocen el mito como espejismo caducable, soplan por el sustento mientras buscan la salida de la fantasía. Ese es el burbupeuta a sueldo.

¿Conoces algún burbupeuta a sueldo?

¿Qué técnicas utiliza para salirse con la suya?

L.

La burbuja

Es el habitáculo perfecto para ser injusto sin parecerlo. No solo corresponde al recinto laboral de los burbupeutas, también puede ser cualquier espacio público o privado donde transitan decenas de personas en busca de algo.

En la Burbuja todo es posible porque los soñadores, ilusos, inocentes, títeres y demonios se reúnen al festín de técnicas del nuevo pensamiento para atraer la realidad a través de la mente. El procedimiento es más sencillo de lo que imaginamos, pero aun así se necesita inversión de tiempo y dinero para aprender a respirar, pensar y hablar.

En este espacio, al resto de la humanidad se le considera ignorante de los advenimientos que se avecinan; por eso se intentan hacer cambios de percepción de manera absurda, forzada, sutil y encantadora. El lugar es transparente, no oculta nada porque los que allí trabajan están para vender pompitas de una verdad aplastante pero inalcanzable.

La Burbuja es el espacio donde la imaginación no solo es permitida, sino necesaria para vivir en la fantasía de una realidad paralela al hecho. Ocurre en el Consulado de Venezuela, por ejemplo, donde todo es posible: se puede viajar con prórroga en pasaporte sin ningún problema, se puede entrar al país con salvoconducto, se puede salir del país con permiso del Estado. Esto lo repiten una y otra vez los burbufuncionarios que atienden al público descontento de tanta ineptitud de su Estado.

Espacios públicos que nos quieren hacer ver que todo está bien y que lo demás son rumores. Reciben a la gente con sonrisas y con coletillas de “feliz día” y “feliz viaje”, cuando la realidad nos carcome toda la paz y estabilidad como venezolanos.

Pero si, hay problemas cuando las prórrogas nunca llegan, los salvoconductos normalizan una situación injusta y los permisos no son concedidos. Las burbujas que hacen ver el mundo de otra manera mantienen ciegos a sus seguidores, le suspenden el juicio poco a poco y les conducen a cambios de pensamientos muy lejos de la verdad, del sentir natural y, sobre todo, de la reflexión y la crítica.

Es el espacio perfecto para la mentira veraz, el despotismo dulce, la pseudociencia, el proxenetismo sagrado, la sanación que mata, la humillación que honra, las noticias que engañan, las palabras bonitas que destruyen, la utopía de un mundo mejor que nos arrastra…

¿Has estado en una Burbuja?