E.

Escéptica sí, nihilista a veces

escéptica sí, nihilista a veces

El escéptico, según el diccionario de sinónimos, es el incrédulo, el indiferente y el desconfiado; mientras que en el DRAE es la desconfianza sobre la verdad o la doctrina filosófica que niega la posibilidad de la mente de descubrir la verdad.

Curiosamente, el sinónimo de nihilismo es escepticismo, y su significado es la condición de no hacer nada en lo general, la negación de valores superiores en la filosofía y el no reconocimiento de ninguna autoridad social en lo político.

Cuando ejercí de burbupeuta, renegué de todo sentido terrenal, dándole fuerza a eventos no comprobados e inexistentes. Invertí fe ciega en mundos superiores para evadir el mundo material. No me di cuenta de ello hasta que leí la religión nihilista de Nietzche.

Para pasar al escepticismo tuve muchas reflexiones, y he aquí la piedra angular de la salida del engaño. La actitud de duda hacia lo que se me juraba como verdad suprema hizo que me planteara la veracidad de lo aparentemente cierto.

El escepticismo es una actitud científica que se basa en el pensamiento crítico para verificar y contrastar con pruebas la existencia de algo. Pero antes de ser escéptica, dejé de creer en todo y me fui a la nada. Renuncié entonces al mundo inexistente que solo constaba en mi mente y trasladé mi atención al mundo de facto. No obstante, al estudiar la carga mitológica que erige los principales motores de nuestra sociedad (economía, política y religión), me volví una escéptica con necesarias pinceladas nihilistas en mi espacio reflexivo.

Creo que es compatible el escepticismo con el nihilismo para buscar explicaciones. No son garantes de felicidad ni satisfacción, pero prefiero albergar parte de estas dos condiciones en mi pensamiento, junto con la posibilidad de ensueño y fantasía de la que también fui dotada como ser humano.

No es ilegal soñar, lo que debería ser penado es la violencia que encierra un mito para someternos como esclavos a una irrealidad absoluta sin derecho a réplica.

¿Eres de pensamiento escéptico?

¿Aunque seas de mente científica, crees en el “más allá”? 

¿En qué has dejado de creer?

S.

Ser injusto sin parecerlo

En los Libros I y II de la República, Sócrates se enzarza en discusiones con varios interlocutores, entre ellos Trasímaco, Glaucón y Adimanto. ¿Qué es la injusticia?, pregunta el filósofo que no para de alardear de su ignorancia.

El tema se pone más interesante con Glaucón y Adimanto, quienes dicen que la injusticia es la suerte más dichosa si se le concilia con una buena reputación. Esto quiere decir que se puede ser injusto y parecer lo contrario.

Sócrates se espanta y se siente incómodo cuando los hermanos prosiguen su alocución y dejan claro que la injusticia puede ejercerse si la apariencia es de bien:

¿Para qué esforzarse en ser justos si ya hay maestros que se encargarán de enseñar el arte de la seducción con sectas y hermandades para así producir los discursos más artificiosos ante la justicia?

Que se entienda bien, discursos artificiosos son palabras no sentidas, sino estructuradas y organizadas para un fin. Por si fuera poco, Adimanto insiste que la injusticia siempre será perdonada por los dioses, porque a ellos se les hará ofrendas y sacrificios para ser perdonados en vida y después de la muerte, ya que, con estos rituales, lo injusto pasaría a ser un crimen con apariencia de virtud.

Tanto Glaucón como Adimanto insisten en que se puede ser injusto sin parecerlo porque dicha apariencia es suficiente para ser perdonado sin temor a represalias. No obstante, Sócrates como buen orador, defiende la postura del Estado en filtrar los contenidos de los mitos y forjar una poética que enseñe al pueblo a creer en ciertas fábulas que enaltezcan seres mitológicos de bien.

Así, tanto ciudadanos, como esclavos, mujeres y niños obedecerán con apremio lo indicado por los poetas que sirven a sus gobernantes.

El Estado justo sería aquel cuyas personas respondan a un destino ya fijado por los dioses o la naturaleza, quedando la mayoría encargada de servir a unos  pocos que representan la sabiduría del alma.

¿Qué ejemplos darías para ser injusto sin parecerlo?

¿Conoces a un injusto que parece ser bueno?

Fuente:  Platón. (2011). La República o el Estado. Editorial Espasa: Barcelona, España.