L.

La fe

Tanto en la teología como en la religión es el conjunto de creencias que no garantiza la existencia de algo, mucho menos se vale de la lógica y la razón.

Un discurso que estimule la fe solo puede basar sus fundamentos en explicaciones que provienen de mitos, leyendas, fábulas y fantasía. Nunca, a través de la fe, podrá comprobarse la existencia de ese algo que llamamos Dios, energía sublime o fuerza cósmica.

Es un acto de confianza algunas veces comedida y otras, ciega. Puede conducirnos a la supervivencia en contextos hostiles como puede aniquilarnos en masa. Cuando la fe es utilizada para hacernos creer desmesuradamente en una situación ideal, es fácil poder manipularnos.

La fe ha sido utilizada por grandes líderes mitómanos que conservan para sí la verdad de su cometido. Con esto quiero decir que, aún a sabiendas de su falso discurso, pueden llegar a dominar con la palabra hasta hacerlo ver como real.

Como está basada en la confianza, renuncia por completo a la razón. Así como la cognición ha hecho medrar a la humanidad, del mismo modo el mito nos ha hecho progresar como seres humanos.

Imagina un dolor de muela insoportable, no hay nada más desesperante que ello. Si tuvieras que ir a un dentista a que te trate dicho malestar, saldrías despavorido si este especialista, con un acto de fe, impone sus manos en el diente para sanarlo.

El dogma es sinónimo de fe porque se basa en un conjunto estructurado de ideas que, por más lejos que esté de la lógica, podemos llegar a creérnosla como una verdad absoluta. Por ejemplo, el psicoanálisis es un dogma, un método terapéutico a partir de la teoría de un hombre llamado Sigmund Freud, quien planteó su doctrina personal. No está comprobada y no es ciencia, es una burbupia común y corriente…

¿Se podría decir que quien practique este método es un burbupeuta? ¡Sí! Y da igual si es psicólogo titulado o psiquiatra con licencia. Ser burbupeuta es un oficio que puede realizar cualquier persona que tenga fe, independientemente de sus estudios convencionales.

No existe en el mundo ninguna ley que prohíba la fe, porque si la hubiera ya no existiría el vaticano. Por otro lado, debo decir que la fe del notario versus la fe de un sacerdote tienen valores en la sociedad irrefutables.

Ahora bien, ¿podría el ser humano vivir sin fe?

¿Podríamos vivir solo con la razón y la lógica?

A.

Abuso de poder

Es el acto evidente donde el ser humano muestra su vil prepotencia, marca su estatus, señala su jerarquía y devasta cualquier humildad a su servicio. Mostrarse poderoso y pasar por encima de los demás le sumerge en un estado de ebriedad sociópata en pequeña escala y gran desfachatez.

Sucede en todos los ámbitos (laboral, familiar, político); solo basta dos seres humanos reunidos para que el abusador se desenvuelva. Es piramidal: siempre hay alguien que está por encima de Otros y los que están por debajo gozan de la paz de la aceptación o la cruel protesta de no permitirlo.

En su magnífica expresión se trata de no dejar dudas de la desigualdad. De abajo hacia arriba, quien señala al abusador depende económica o moralmente de este. Sencillamente, quien abusa le agrada sentirse respetado (aunque en realidad le tengan miedo) y puede que sea el menos cualificado tanto en lo ético como en lo intelectual para ejercer su dominio.

¡Cuántas veces hemos visto abusos de poder ejercidos por ineptos a sus anchas!

Hay tipos de poderes, el renombrado económico, con lo cual un jefe ejerce su poder con o sin abuso. Más desafortunado es cuando lo pone en práctica algún pariente suyo, quien aprovecha la relación filial para atropellar a un empleado.

Luego los emocionales, difíciles de desenmascarar porque todo lo concerniente a la subjetividad lleva consigo conjeturas, interpretaciones libres y nada que pueda demostrarlo. Siempre le será más cómodo al abusador ejercer su potestad si dependen de él.

Es fácil encasillar a los padres en el ejercicio de poder; no obstante, hay hijos que abusan. Del mismo modo empleados que tienen el poder de la palabra para difamar a otros compañeros; y mujeres que a pesar de las desigualdades sufridas, tanto en lo cultural como social, abusan de sus capacidades para ejercer el poder. Ni hablar de los funcionarios públicos que ocupan puestos intocables, hacen lo mínimo en su jornada, son déspotas, retorcidos, falsos y amigos del jefe.

El abuso de poder no discrimina raza, sexo, religión o estatus social porque, si bien es cierto que los blancos son los que más éxito económico tienen, el negro puede igualmente llegar a casa y pegarle a su mujer. Y la mujer puede abusar de su poder con el hijo y este puede descargarse en un futuro para vengarse de toda esa injusticia.

El poder puede practicarse con abusos o moderación en variados ámbitos y diferentes contextos. Sea como sea, la arbitrariedad de su uso no es un hecho aislado en nuestro día a día.

¿Has hecho alguna vez abuso de poder?

¿Funcionan las leyes espirituales en estos casos?

Si eres burbupeuta, ¿qué aportarías?

L.

Los petroglifos

Son las piedras grabadas cuya data se remonta posiblemente a la Era paleolítica; la más antigua en la historia de la humanidad y de la que aún conservamos sus huellas.

La impresionante expresividad de los trazos de estas figuras solo ha conducido, tanto a antropólogos como arqueólogos, a un sinfín de especulaciones que van desde el homenaje a los dioses hasta códigos de comunicación con visitantes de otras tierras.

La pregunta que siempre queda sin contestar es cómo, cuándo y para quiénes construyeron estas figuras en relieve, con formas geométricas, frontalidad y planismo. Si fueron los homo habilis o los primeros sapiens, si eran estrategias de territorialidad o un mensaje específico, y por qué están en lo alto de las montañas o en el fondo de los ríos, cuya visibilidad depende de la sequía.

Si observamos con detenimiento los petroglifos, sugieren un placer estético y los primeros trazos expresionistas del ser humano. Con nuestras referencias actuales es muy fácil caer en deducciones de gran imaginación y resolución fantástica, es difícil la tarea de intentar pensar como aquellos que decidieron dejar sus huellas hace miles de años atrás.

Y es una lástima que ningún gobierno haya dirigido parte de su legislación a la investigación de tan potentes obras arqueológicas.

Además de todo el interés mostrado en pirámides y templos famosos, existen otras rutas de estudio no menos interesantes que sufren el abandono y el desdén. En toda Suramérica hay petroglifos. Lo más impresionante es la semejanza que hay entre los que están en Puerto Rico con los de Chile, que a su vez conectan con los de Colombia y vuelven a aparecer en Venezuela. ¿Cómo se explica que de una punta a otra aparezcan estos monumentos grabados tan similares?

Los petroglifos encierran una gran incógnita para la humanidad, que no tienen más que el homenaje y facsímil para mantenerlos vivos y presentes en el tiempo; aunque sean probablemente los primeros balbuceos del lenguaje, los testimonios de una Era remota que comenzó a pensar y rendir culto a sus muertos o los contenidos de altísimo potencial significante para viajeros que ejercían su derecho a migrar sin prejuicios raciales.

¿Crees que los petroglifos eran mensajes?

¿Se debería investigar su simbología?

¿Te inspiran una historia? Cuéntanos…

L.

La necesidad del mito

Es común escuchar de los burbupeutas oradores la comparación de los seres humanos con los animales. En eso era un experto Platón, quien a través de Sócrates dejaba a los demás sin argumentos.

Apenas el burbupeuta se encuentra con un conflicto, acude no solo a la comparación con animales, sino con plantas.

Recuerdo un día en que estaba haciendo un curso y una alumna no paraba de quejarse frente al director del instituto debido a las ausencias prolongadas del profesor. Yo no tenía afección alguna con el tema, pero era inevitable escucharla. La molestia había aumentado los decibelios de su voz. Recuerdo claramente lo que le dijo esta autoridad administrativa que intentaba justificar su gestión: “los árboles que se inclinan en la dirección del viento no se rompen”…

Para lo que estaba exigiendo la chica, no sé qué tenía que ver el árbol y el viento con su reclamo bien fundamentado, puesto que ella había pagado un curso donde no iba el profesor a darle clases. Enseguida noté que el director quería apaciguar la rabia y calmarla. Le dijo un par de fábulas más que no funcionaron.

En esa época, yo no tenía siquiera la sospecha de que me convertiría en burbupeuta, pero al perfilar este oficio me di cuenta de que muchos de los que nos dedicamos a vender mitos recurrimos a situaciones o contextos fuera de lugar.

Todos tenemos necesidad del mito porque nuestra mente es una máquina imparable de imaginación y gracias a ella somos capaces de tener fantasías. Es algo tan propio del ser humano que es imposible que no lo haga. A diferencia de los demás animales, somos la especie homo sapiens, capaces de creer en lo que no existe y darle sentido como si fuera real. Es por eso que no cabe la posibilidad de que se nos invite a imitar a los animales, porque estos últimos no gozan de la imaginación que tenemos nosotros.

El ser humano necesita del mito porque responde de manera natural a un recurso de supervivencia, superación y adaptación de la especie frente a conflictos, traumas o situaciones inesperadas. Al principio recurrimos a este para explicarnos el mundo, crear dioses y ánimas que dan vida a lo inanimado. La ciencia ya ha explicado parte del mundo, pero no sería humano renunciar al mito.

Ni la persona más racional podría vivir sin imaginar y creer en la fábula. Los pilares del mundo como la economía, la política y la religión se basan en mitos y en confianza ciega. Si no fuera por ello, el ser humano no hubiera podido medrar y reproducirse en el mundo de manera tan organizada y progresista, porque, aunque existan las leyes, sigue habiendo el factor espiritual  que nos delimita, nos hace escépticos y creyentes sin darnos cuenta.

¿Podrías vivir con la docilidad del caballo y la fidelidad del perro, aunque suponga irrespeto a tu persona?

Fuente: Noah, Y. (2014). Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad. Editorial Debate: Barcelona,España.