L.

La homeopatía es un mito

Aunque esté aceptada en las ventas oficiales de farmacia, parafarmacia y tienda naturista, el tema está en que responden a un efecto placebo porque su fundamento se basa tanto en la memoria del agua como en la inocuidad de su contenido.

Para desmontar este mito, bástese con profundizar acerca de las teorías del origen del agua en nuestro planeta. Se dice que vinieron de los cometas congelados que colisionaron con la tierra primitiva hace 4.500 millones de años. Al traer hidrógeno y oxígeno, nos dejaron el agua que, con erupciones volcánicas, se evaporó y luego se condensó hasta producir las lluvias.

La otra teoría consiste en que el agua se había formado en el interior de la tierra que, por razones de calentamiento y enfriamiento, se evaporó, condensó y creó la atmósfera carente de oxígeno que, poco a poco, fue reaccionando con el hidrógeno hasta formar el agua.

Por otro lado, están los que aceptan las dos explicaciones y le dan un origen mixto o multifactorial al nacimiento del preciado líquido que representa más o menos el 70% de la superficie terrestre.

Si el agua tuviera memoria, solo con beberla recordaríamos cuando viajamos por el espacio en forma de cometas; solo con “programarla”, la humanidad se hubiera ahorrado pestes, endemias, enfermedades letales y malos humores.

La homeopatía parte de un principio místico y pseudocientífico porque no está comprobado por la ciencia que, con disolver una gotita de principio activo de una planta en el agua, esta asume el poder curativo y penetra más rápido en las células. En realidad, la medicina homeopática es agua con azúcar y no puede, de ninguna manera, reemplazar ningún medicamento alopático de comprobada eficacia.

El cliente asiduo a los burbupeutas homeopáticos cree cada vez más en esta alternativa aparentemente inofensiva porque algunos médicos se han convertido a la homeopatía, porque hay laboratorios homeopáticos y porque se venden de forma legal en casi todas las farmacias.

Puede que esto responda a un colapso de la atención sociosanitaria que ya le va bien un poco de descongestión en sus consultas para que la gente se “cure”enfermedades con el efecto placebo. Puede que la homeopatía sea más rentable que la alopatía, porque ya nos podemos imaginar los márgenes de ganancia con la producción de agua dulce.

Para ser homeópata no es necesario estudiar medicina ni afines, como burbupeutas solo debemos estar al día de los vademécums de los laboratorios para ofrecerlos al cliente. Con lo cual, cualquiera puede ser homeópata, aunque haya científicos en la farmacología dejando las pestañas en los microscopios de investigación.

El animismo de Masuro Emoto para demostrar que el agua tiene memoria está más que rechazado por la comunidad científica y ha sido completamente absorbido por el capitalismo que vende ¼ de litro de agua a más de 30€.

Recordemos que algunos mitos son avalados por el Estado desde Platón hasta nuestra Era y que, seguramente, intentar vendernos la memoria del agua como solución a nuestros males se deba a una mortalidad controlada y feliz.

¿Has tenido alguna experiencia con la homeopatía?

¿Confiarías en alguien que no ha estudiado medicina?

¿Qué le preguntarías a un médico homeopático?

V.

Vivir de la escritura

…como cualquier otro oficio que goza de seguridad social, sueldo, tiempo y espacio.Dedicarse por completo a la investigación y entregar todas las horas necesarias en bibliotecas, entrevistas y viajes de prospección literaria.

Dedicación exclusiva al arte de escribir, trabajar sin remordimientos todos los tiempos mentales necesarios para la reflexión y el encuentro de las palabras que mejor nos expresen. Que nos contraten para escribir y vivir dignamente de ello sin preocupaciones.

Escribir para trascender en el tiempo y desafiar la propia mortalidad de los cuerpos. Escribir para dejar rastros de una existencia explorable en la antropología o en la arqueología de lo humano, en la historia de la literatura, en el tiempo pasado.

Escribir y pensar, leer y descubrir, coser las fracciones del tiempo, ver más allá de nuestra Era, plantear hipótesis, fragmentar posibilidades…

Así como sucedió con Christine de Pizan, considerada la primera mujer filósofa que vivió de su escritura por el siglo XV. Nació en Italia y murió en Francia, se casó muy joven y muy joven quedó viuda con tres hijos y más familia que mantener.

No le quedó más opción que ponerse a trabajar y así fue como dedicó el resto de su vida a la escritura como trabajo bien remunerado. Se dice que fue la primera mujer en escribir tratados feministas, sociales y políticos de un humanismo azotado por la guerra feudal entre Francia e Inglaterra que duró más de 100 años.

A Christine de Pizan le dieron la oportunidad de escribir y no disculparse por ser mujer. Actualmente y sin distinción marcada del sexo, se hace utópica la posibilidad de vivir de la escritura.

Sin embargo, como este arte puede atormentarnos si no le damos cabida en nuestro hacer, combinamos un sinfín de actividades con sueldo para ejercer nuestro oficio como una profesión a gachas, a escondidas o a oscuras de un mundo editorial y distribuidor que no le interesa tanto el talento como la venta segura de cualquier manuscrito efímero de autoayuda o espiritualidad, sin horas de investigación profunda ni escarbados literarios de sublime complejidad.

Cualquiera puede ser publicador, pero ser investigador que escribe es otra cosa…

¿Dejarías todo para dedicarte a escribir?

¿Todos los buenos escritores tienen éxito editorial?

¿Hay éxitos editoriales con malos escritores?

Fuente: R. Núñez, G. (2018). ¿Eres un escritor o un publicador? En www.cafeteradeletras.com.

T.

Testigo cómplice

Este término fue utilizado por la ex psicoanalista Alice Miller, autora de varios libros sobre el maltrato infantil, la educación de los padres y el origen de la violencia en la sociedad. Es probable que quien no sepa a qué lectura se enfrenta con sus tratados, se sienta sobrecogido por la crudeza y sinceridad con la que cuenta los hechos que motivan su estudio.

La figura del testigo cómplice consiste en aquella persona que dio al infante maltratado un poco de cariño, que le hizo sentir seguro y no le juzgó, que le protegió y le enseñó otra manera de palpar el mundo sin sentirse castigado. Este testigo cómplice podría ser una vecina, un amigo, una tía o una abuela.

Ahora bien, a la personita que en su proceso de crecimiento creemos insalvable por las circunstancias hostiles que le tocó vivir, siempre tiene la oportunidad de ver otra salida. Aunque parezca inútil, una sonrisa, un abrazo o un gesto de cariño puede salvarle de la espiral de violencia y es muy probable que cuando llegue a la edad adulta no sienta la necesidad del alivio temporal que produce la venganza.

Los adultos podemos dejar huellas imborrables en los niños y sería una oportunidad de oro mostrarle que el amor existe y se manifiesta con ternura y protección, porque el pequeño lo único que necesita es ello para sobrevivir. No obstante, si fuimos víctimas sin testigo cómplice, es probable que avalemos la educación tortuosa tanto en casa como en el colegio.

El mundo entero necesita de testigos cómplices para la protección en la infancia; asegura Miller que si Hitler y todos sus seguidores hubieran gozado de uno, muy probablemente no habría existido el Tercer Reich, porque la maldad no es genética.

Los niños al nacer necesitan el cuidado de los adultos, sentirse protegidos, acogidos, recibidos, amados. No obstante, si aún en las carencias de estos elementos básicos para una infancia feliz recibe una palmadita tierna, un voto de confianza y amor verdadero, será el recuerdo indeleble que sostendrá su dignidad, sus ganas de vivir en armonía, su convicción profunda en las opciones y, lo que es mejor, no repetirá el maltrato con sus hijos, aunque todo ello le suponga una larga convivencia con el dolor interior.

¿Reaccionarías frente al maltrato infantil?

Fuente: Miller, A. (2009). Salvar tu vida. La superación del maltrato en la infancia. Tusquets Editores: Barcelona.

T.

Tengo derecho a estar triste

A estas alturas, no debería ser una protesta, pero en vista de las exigencias sociales y de nuevo pensamiento que nos obligan a estar bien, como si la tristeza no fuera parte de nuestro bienestar, entonces sí, me manifiesto y exijo mi derecho a estar triste:

  • Porque es tan natural como la alegría.
  • Porque es reír al revés.
  • Porque tengo derecho a reaccionar con las palabras de clara intencionalidad hiriente.
  • Porque no debería camuflarse para participar en la vida cotidiana.
  • Porque ni es una vibración ni causa enfermedad alguna.
  • Porque es normal y necesaria en algún momento de nuestras vidas.
  • Porque no debe ser objeto cotizable en la bolsa de valores morales que apuestan por el bien de estar siempre positivo.
  • Porque se puede seguir viviendo.
  • Porque es compatible con la bondad, la humildad y el bienestar.
  • Porque cansa su prohibición en lo privado y su censura en lo público.
  • Porque en los días tristes reflexiono, pienso, descanso, duermo y como chocolates.

Y tú, ¿por qué tienes derecho a estar triste?

S.

Sistema Martí

“La matemática está en todas partes”, diría un matemático con toda la razón; pero, la matemática aplicada para hacer ropa sería la geometría del sistema Martí para confeccionar el vestuario más perfecto en cualquier cuerpo humano.

La geometría, además de aplicarse a la física, mecánica, arquitectura o cartografía, también es utilizada para dibujar patrones de altísima precisión de manera tan metódica, que cualquier cuerpo es bello en su vestido apropiado, aunque actualmente la publicidad nos invite a vestirnos en trajes cuyas tallas no concuerdan con nuestra figura.

Cataluña, Vic y Sant Quirze de Besora son las tres referencias geográficas que acogió una niña prodigio en 1872. Se sabe que su madre era modista y que, con su repentina muerte, su padre la envió al internado de “Las sacramentarias de Vic”. Allí Martí tomó “prestado” el hábito de una monja y lo cortó sin recibir represalia alguna, porque las religiosas entendieron la genialidad que se escondía en un aparente juego.

“De la nostra Carmeta en sentirem a parlar», dijo la madre antes de morir y no se equivocó; de la Carmeta hemos escuchado hablar todas porque su método hizo del abstraccionismo geométrico un modo de vida para muchas mujeres que vieron una salida laboral para el corte y confección de ropa perfecta y sin retoque.

Como la matemática y su aplicación geométrica son disciplinas difíciles de juzgar como útiles a primera vista, estamos muy cerca de menospreciar a un patronista que trabaja en el trazo, el cálculo de la línea, la pinza, el doblez, ensanchamiento o entallado exquisitamente expresado en papel para trasladar un concepto tridimensional.

No hay nada más lejos de un juicio a priori y sin fundamento acerca de las arquitectas del textil que calcularon con el sistema Martí las proporciones más perfectas, inspiradas directamente de las proporciones de su cliente, sin la necesidad de interminables visitas para medir la tela, sino con el uso de sus medidas y un maniquí.

Modistas, patronistas, costureras y diseñadoras han hecho de la creatividad y la ciencia una fusión tan grandiosa para el ser humano, que nos hace únicos en la especie animal capaces de exponer el arte andante y en movimiento sobre nuestro cuerpo perfecto tal y como es.

¿Te representan las tallas comerciales?

¿Te atreverías a confeccionar tu propia ropa?

¿Cómo te imaginas el trabajo del patronista?

Fuente: Martí, C. (2018). Corte Sistema Martí. Patrones tipo. Ediciones Martí: Barcelona.

S.

Ser auxiliar

En muchos oficios se confunde al auxiliar como el mejor preparado para realizar tareas profesionales con la máxima eficacia de un licenciado, pero con sueldo esclavo. Recuerdo mi experiencia en la cocina: se suponía que yo debía tener todo a punto para el cocinero experto y profesional, pero no… además de ello y la limpieza del menaje, debía preparar el primer plato o al menos dejarlo tan en su punto que prácticamente salía del fuego a la mesa. Si quedaba mal era culpa mía y si quedaba bien, los elogios eran para el cocinero.

Afortunadamente, en algunos oficios, de tanto hacer el trabajo de auxiliar se acaba ascendiendo al puesto oficial por el que damos nuestro empeño. No obstante, no se da el caso en el ámbito médico dental (afortudamente también).

Durante mi ejercicio como asistente en periodoncia, me tocó especialmente una calvinista, una profesional con alto grado de exigencia que imponía a los demás. Su castigo a mi ignorancia obvia lo hacía notar con la utilización de jergas odontológicas que solo un graduado con máster podía dominar, pero para ella, yo tenía que saberlo todo si le quería asistir.

Llegué a estudiar todos los términos, anatomía, protocolos, instrumentación quirúrgica, pero nada, yo no llegaba a satisfacer sus necesidades recurrentes en cada caso. Lo más simple era complejizado con terminologías nuevas que yo no alcanzaba  aprender. Cada vez que me tocaba asistir, sentía tanta inseguridad que cometí los errores más estúpidos e injustificables.

Nunca me había sentido tan incapaz. Estuve a punto de encerrarme en la biblioteca cual estudiante de odontología, donde luego tuve una reflexión: yo soy asistente y no quiero estudiar esta carrera, así que comencé a observar mejor a esta calvinista.

Su complejo de superioridad era proporcional a la necesidad de reconfirmación de su grandeza, así que necesitaba humillar al que ocupaba el puesto más bajo de la jerarquía empresarial de la clínica. Lo noté cuando, efectivamente, me aprendí los términos médicos, pero luego me los decía en inglés. No estaba interesada en que yo aprendiera para asistirle óptimamente como ella creía que debía hacerlo, sino que quería, a toda costa, enseñar con castigo y subrayar mi ineptitud delante del paciente.

Hasta el día que la enfrenté y le dije todo lo que pensaba: su despotismo, su falta de educación y diplomacia. Le dije que no estaba interesada en asistirle. El día más feliz de mi vida fue cuando renunció, porque el calvinista nunca es feliz con tanto perfeccionismo y búsqueda del error.

¿Cuál ha sido tu experiencia como auxiliar?

¿Crees que un auxiliar es tan valioso como el licenciado?

S.

Síndrome de la ilusión

Se trata de un trastorno cerebral que consiste en reconocer a nuestros allegados, pero creerlos impostores del ser reales. Quien lo padece puede ver a su pareja como una impostora. Este síndrome es conocido como Capgras.

Este tipo de trastorno puede reconocer el rostro, el cuerpo y todo el contexto de una persona, pero no la reconoce a nivel emocional. Es como si hubiera una separación de percepciones: por un lado, mira y ve, pero por otro, no asocia los sentimientos.

No puede equipararse a la esquizofrenia porque no hay delirio. Tampoco puede compararse con la prosopagnosia porque existe reconocimiento facial. No es un loco de atar pero podría vivir la angustia, como mínimo.

Como escritores, este tipo de trastornos puede inspirarnos personajes de rarezas ricas en descripciones y situaciones extremas para crear conflictos y diálogos. No se trata de banalizar la enfermedad, pero sí darle cabida a la misteriosa masa gris que nos mantiene vivos.

Para ilustradores sería un ejercicio de interpretación muy interesante, para científicos un motivo de investigación, para psiquiatras un reto, para familiares un enfermo difícil, para el enfermo… ¿qué?

¿Es posible que haya conocido este tipo de personas y no me haya dado cuenta?

Imaginemos tener a un allegado que reconozca nuestro cuerpo, pero no los sentimientos que nos unen. Que alguien piense que somos impostores, como si no fuéramos nosotros mismos los que le hablamos, como si usurpáramos el lugar de alguien que se nos parece mucho y piensa casi igual, como si nuestras palabras no fueran nuestras sino ensayadas, como si nuestros sentimientos fueran falsos porque los aprendimos de un maestro.

La impostura porque adoptamos una actitud ideal de lo que somos, porque miramos hacia otro lado cuando necesitamos ignorar, porque queremos parecer y no ser. Recurrimos a todos los artificios de apariencias, aprendemos dónde y cómo mirar para no delatarnos…

¿Se puede tener el síndrome con uno mismo?

Fuente: Pickren, W. (2015). El libro de la psicología. Editorial Librero: Madrid.

P.

Prosopagnosia

Antes que todo, desmenucemos el significado de esta palabra por partes. La agnosia es, en medicina, la dificultad de percepción, mientras que en la religión es el entendimiento humano relativo y no absoluto sobre la existencia de Dios, de allí la palabra agnóstico. Prosopo viene del griego prósopon, que significa ‘cara’. Dicho todo esto, la prosopagnosia es la dificultad de reconocer los rostros.

Es un trastorno cerebral donde el sujeto goza de una perfecta visión y puede reconocer los ojos como ojos, la nariz, la barbilla y la boca como tales, pero no saber reconocer a la persona. Por si fuera poco, no puede reconocerse a sí mismo frente al espejo. Con lo cual, la persona puede ver, pero su ceguera reposa en la falta de reconocimiento.

No obstante, quien padece esta enfermedad puede ayudarse con el reconocimiento de la voz, olor corporal, perfume o gestos de su interlocutor. Todo señala que el reconocimiento de rostros es una función especial y específica de ciertas neuronas, que es un trastorno genético y lo padece el 2,5% de la población mundial.

Me pregunto… qué pasa con las personas inolvidables, no tanto por su aspecto sino por el conjunto que les acompaña; porque hay olores corporales únicos, tonos de voces inigualables, gestos muy personales. Dichosa la autenticidad personal que no podrá pasar desapercibida siquiera por las cegueras faciales…

Tengo más preguntas que hacerle a la prosopagnosia: ¿puede enamorarse?, ¿puede estar solo?, ¿tiene amigos?, ¿es feliz? ¿Se preguntará lo mismo de los que sí reconocemos los rostros?

¿Qué le preguntarías tú?

¿Conoces a alguien con prosopagnosia?

Fuente:Pickren, W. (2015). El libro de la psicología. Editorial Librero: Madrid.

L.

Los petroglifos

Son las piedras grabadas cuya data se remonta posiblemente a la Era paleolítica; la más antigua en la historia de la humanidad y de la que aún conservamos sus huellas.

La impresionante expresividad de los trazos de estas figuras solo ha conducido, tanto a antropólogos como arqueólogos, a un sinfín de especulaciones que van desde el homenaje a los dioses hasta códigos de comunicación con visitantes de otras tierras.

La pregunta que siempre queda sin contestar es cómo, cuándo y para quiénes construyeron estas figuras en relieve, con formas geométricas, frontalidad y planismo. Si fueron los homo habilis o los primeros sapiens, si eran estrategias de territorialidad o un mensaje específico, y por qué están en lo alto de las montañas o en el fondo de los ríos, cuya visibilidad depende de la sequía.

Si observamos con detenimiento los petroglifos, sugieren un placer estético y los primeros trazos expresionistas del ser humano. Con nuestras referencias actuales es muy fácil caer en deducciones de gran imaginación y resolución fantástica, es difícil la tarea de intentar pensar como aquellos que decidieron dejar sus huellas hace miles de años atrás.

Y es una lástima que ningún gobierno haya dirigido parte de su legislación a la investigación de tan potentes obras arqueológicas.

Además de todo el interés mostrado en pirámides y templos famosos, existen otras rutas de estudio no menos interesantes que sufren el abandono y el desdén. En toda Suramérica hay petroglifos. Lo más impresionante es la semejanza que hay entre los que están en Puerto Rico con los de Chile, que a su vez conectan con los de Colombia y vuelven a aparecer en Venezuela. ¿Cómo se explica que de una punta a otra aparezcan estos monumentos grabados tan similares?

Los petroglifos encierran una gran incógnita para la humanidad, que no tienen más que el homenaje y facsímil para mantenerlos vivos y presentes en el tiempo; aunque sean probablemente los primeros balbuceos del lenguaje, los testimonios de una Era remota que comenzó a pensar y rendir culto a sus muertos o los contenidos de altísimo potencial significante para viajeros que ejercían su derecho a migrar sin prejuicios raciales.

¿Crees que los petroglifos eran mensajes?

¿Se debería investigar su simbología?

¿Te inspiran una historia? Cuéntanos…

E.

Espacio vital

Es entendido como el perímetro personal de un metro a la redonda del espacio que ocupamos. Ese pequeño vacío que necesitamos para desenvolver nuestros gestos, articular cómodamente nuestros movimientos, respirar y estar libres respecto al Otro.

Paralelamente, el espacio vital fue un término nazi conocido como “lebensraum”, utilizado por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel, que a su vez estuvo influido por el biologismo y naturalismo. Según este hombre, la existencia de un Estado quedaba garantizada cuando dispusiera del espacio suficiente para atender sus necesidades. Cuando Hitler se enteró del lebensraum, no tardó en querer expandir el Tercer Reich para su Estado en crecimiento.

Kurt Lewin fue un psicólogo que también utilizó la expresión para sus estudios pioneros en la psicología social. Él decía que para evaluar había que estudiar el espacio vital de una persona, y tomó prestado de la física para crear su teoría de campo o teoría de motivación, enriqueciendo así la Gestalt. No es casual que Lewin fuera judío en esta historia.

Aclarados los puntos, tomo mi derecho a la libertad de expresión para manifestar ciertos desagravios que atentan con el espacio vital de cualquier persona en lo que a mí respecta.

La invasión también suele incurrir en ruidos: cuando una persona sube los decibelios de su voz; cuando el vecino tiene un perro desatendido todo el día y no para de ladrar; cuando el recogedor de basura hace su trabajo con saña y no le importa crear todas las vibraciones ondulatorias que despierten el oído a las tres de la madrugada; quien irrumpe la quietud con una tos incesante a pesar de los caramelos.

Y si de invasión física hablamos, están las incívicas en el transporte público cuando el que se sienta a nuestro lado abre las piernas dejando a nuestra merced toda la incomodidad; el que sobrepasa los 40 cm de radio y nos habla como si estuviera a punto de besarnos; el que abraza o se recuesta sobre nosotros como si tuviéramos la obligación de auxiliar sus gesticulaciones invasivas; el que te toca porque es tocón (debería haber una norma de no tocar al otro como punto diplomático).

El espacio vital o peripersonal de los niños es tan valioso como el del adulto, puesto que si para este último le resulta difícil poner límites por las circunstancias sociales, imaginemos a los más chicos que quieren decir “no quiero” y no se les toma en cuenta su voz por tener la condición biológica de ser los más pequeños… Besar, abrazar, invadir el espacio peripersonal de un infante que rechaza tal actitud, podría ser vista con naturalidad y respeto, puesto que desde pequeños conoceríamos nuestros límites y sabríamos quién nos quiere tocar por afecto y no con segundas intenciones.

¿Se  puede evitar la normalización de la violencia?

¿Crees que lo que siente o piensa un niño debería tomarse en cuenta?

¿Has tenido que aceptar un afecto sin quererlo?