M.

Migrar

Decenas de artículos dedicados a este fenómeno. Sus causas son tan diversas como la necesidad del ser humano en busca de otras posibilidades de existencia en el globo terrestre. Están las más románticas, como vivir la experiencia de otro idioma, otra cultura y otras normas establecidas en el país escogido.

La mayoría de los migrantes buscamos una nueva vida para subsistir y, sin querer, esa experiencia romántica de aventura queda en segundo plano.

Migrar no es fácil, una frase muy trillada y más obvia que ninguna. Lo más difícil de este traslado es el apego a nuestras raíces y el sufrimiento que implica pensar que estamos mejor que los seres queridos que dejamos atrás. A simple vista podemos estar mejor si las razones fueron forzadas: conflictos bélicos, gobiernos totalitarios, economía hundida en la miseria e inseguridad social que arroja cifras lamentables en las calles de nuestro país de origen.

Quiero dedicar este artículo a los que se quedaron.

No estamos mejor. Porque nunca se está mejor en los zapatos de un extranjero. Aunque haya la mejor intención por parte de los ciudadanos de acogida, nosotros, los del otro lado, siempre seremos aquellos que vinieron a ocupar el lugar de Otro.

Pertenecer a un lugar toma mucho tiempo. Es verdad que ya no seremos víctimas del caos social antes mencionado, y que salir a la calle no será un peligro, pero pagamos otras tasas de sufrimiento. Por ejemplo, no poder trabajar sin papeles y no tener papeles sin trabajar. Además de toda la carga de recuerdos y referencias en nuestra memoria.

Para los que tenemos un título universitario, los años que puede tardar la homologación del mismo. La dificultad de hablar otro idioma. El proceso tan lento y demoledor de obtener el número de identificación extranjera para optar a la ciudadanía (básicamente, existir para Seguridad Social).

Hay tipos de migración: los que se van para salvar su vida y los que buscamos desarrollar nuestras aptitudes y estudios. Pero, el que huye de una guerra declarada siempre verá en los que huimos de la delincuencia dos prioridades distintas para ser acogidos. Y esto es verdad y mentira al mismo tiempo. Diría que son válidas las dos.

El que se queda juzgará por su comprensible ignorancia que estamos mejor que ellos, que tenemos más dinero, comemos mejor y gozamos de más seguridad. Todo país tiene sus propias dificultades. Solo que en unos matan con armas y en otros las armas son más simbólicas, capaces de aniquilar a los seres humanos sin derramar una gota de sangre.

Si eres migrante, ¿qué mensaje le darías a tu familia?

Qué opinas de: “ningún ser humano debería ser ilegal”.

L.

Lou Salomé sin Andreas y sin Nietsche

Primero, fue una mujer aristócrata de origen ruso nacida en 1861. Segundo, fiel lectora de Nietzsche, quien supo comprenderle desde el principio. Tan es así, que el filósofo se enamoró de ella, pero fue rechazado dos veces de su propuesta de matrimonio.

Tercero, estamos en el siglo XX y Lou se encontró en el trillado dilema de ser mujer con pensamiento independiente. Fue una prolífera escritora y discípula de Freud. Vivió de forma libre su sexualidad con los hombres que quiso y, por supuesto, fue criticada por amar libremente sin sentirse culpable por ello. Defendía la poligamia en el ser humano, no exclusivamente en la mujer o en el hombre.

Abogó por la libertad de la mujer en todas las circunstancias, al no sometimiento en el matrimonio, la sumisión y la maternidad como requisito social.

La llamaban “la coleccionista de genios” porque se codeaba con grandes pensadores, escritores y científicos de la época, y dicen algunos biógrafos que unos cuantos se suicidaron por no poseer a esta mujer.

Al nombre de Lou le anteceden algunos adjetivos: la esbelta, la bella rusa, la de ojos azules, la mujer radiante, la altiva, la alta, la de rubio platino, la estilizada Lou Andreas-Salomé. La misma que se mantuvo virgen en su matrimonio con Carl Friedrich Andreas.

Si de adjetivos vamos, yo no he leído nada de otros escritores masculinos, por ejemplo: el desaliñado Julio Cortázar, el calvo Eduardo Galeano, el bizco Jean Paul Sartre o el apuesto Albert Camus.

No sé qué tiene que ver la belleza de esta mujer con su avanzado pensamiento, porque si bien aprendió de Freud, tampoco estuvo completamente de acuerdo en todas sus teorías.

Debo decir que me identifico con Lou en cuanto a su distancia con los movimientos femeninos que no la representaban: ella decía que el cambio debía provenir desde lo interno de cada una y no de movimientos reivindicativos de igualdad.

Con esto me refiero a que puedo ser feminista casi sin darme cuenta. No me hace falta que me represente ninguna doctrina. Prefiero el movimiento de mujeres reivindicativas; como las Kelly de España, un colectivo que lucha por las mejoras salariales en la hostelería.

Mientras estuve en la Burbuja, nunca simpaticé con los ideales de mujer loba ni mujer tierra que expresaban sus sentimientos frente a un público ajeno a mi pensamiento. En este mundillo espiritual, ser mujer es equivalente a ser una tontica que canta mantras y danza en círculos.

No obstante, en 1915, Lou fue una burbupeuta que atendió con el psicoanálisis a malheridos de la postguerra que la psiquiatría clínica no se daba abasto asistir. Por eso tuvo su consulta en Gotinga que le facilitó prestigio y aceptación en grupos sociales masculinos.

¿Es necesario valorar el físico de una persona antes que su obra?

¿Te reivindican los movimientos femeninos?

Fuente: Vallejo, O. (2003). “Lou Andreas Salomé, algo más que una coleccionista de genios”. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 86, 75-87.

L.

La genialidad olvidada

Nos encontramos con el inventor más olvidado del mundo, aunque haya creado el dispositivo más cotizado en la historia de la humanidad: la televisión.

Difícil soslayar entre otros tantos inventores que se adjudicaron patentes y autorías que, gracias a la mala divulgación, sepultaron en el olvido a tan humilde genio.

Su nombre, Philo Farnsworth, quien nació y se crió en una granja. De familia humilde, no llegó a conocer la electricidad hasta los once años, cuando ya Einstein publicaba en revistas científicas. Con lo cual, debía ser muy precario para no gozar de los beneficios de tan imprescindible servicio.

Philo fue un autodidacta de la física cuántica. Se le metió en la cabeza crear un dispositivo que transmitiera sonido e imagen al mismo tiempo. A sus catorce años, sorprendió a su profesor de química con fórmulas y esquemas complejos que explicaban la magnetización de electrones que podían transmitir imágenes en movimiento.

Ni los grandes inventores independientes, ni las compañías de radio mejor posicionadas dieron con el descubrimiento del granjero que se inspiró en las líneas de tierra labrada que tiraban sus bestias. Él comprendió la funcionalidad de la cuántica para crear su aparato.

Después que un mecenas apostó por su locura, Philo construyó su primera televisión, la cual llamó en un principio “disector de imagen”. Esto trajo como consecuencia la envidia y el desespero del monstruo de las patentes: la RCA, que intentó comprarle la compañía entera al inventor, con él incluido, para adueñarse del mercado.

No siempre la genialidad tiene mente de empresa y el granjero creativo no se dejó comprar por tres duros; es decir, ¡cien mil dólares!, que tanto en aquella como esta época es muchísimo dinero. Así que el director de la RCA se encargó de robarle la patente, la publicidad, la exclusividad y el prestigio.

Así fue como RCA, junto con David Sarnoff y Vladimir Zworykin, se autoproclamaron inventores oficiales después de enriquecerse de las ventas millonarias de tan cotizado dispositivo.

A pesar de todo, la RCA reconoció a Philo Farnsworth como el inventor oficial y accedió pagarle las regalías muy tarde, porque el granjero ya se había enfermado de los nervios, de la desesperación, alcoholismo y depresión.

¿Crees que la cuántica, tal y como la explican los burbupeutas, sea útil?

Fuente: Alan, L. (2003). ¡Eureka! Descubrimientos científicos que cambiaron el mundo. Paidós: Barcelona

L.

La fe

Tanto en la teología como en la religión es el conjunto de creencias que no garantiza la existencia de algo, mucho menos se vale de la lógica y la razón.

Un discurso que estimule la fe solo puede basar sus fundamentos en explicaciones que provienen de mitos, leyendas, fábulas y fantasía. Nunca, a través de la fe, podrá comprobarse la existencia de ese algo que llamamos Dios, energía sublime o fuerza cósmica.

Es un acto de confianza algunas veces comedida y otras, ciega. Puede conducirnos a la supervivencia en contextos hostiles como puede aniquilarnos en masa. Cuando la fe es utilizada para hacernos creer desmesuradamente en una situación ideal, es fácil poder manipularnos.

La fe ha sido utilizada por grandes líderes mitómanos que conservan para sí la verdad de su cometido. Con esto quiero decir que, aún a sabiendas de su falso discurso, pueden llegar a dominar con la palabra hasta hacerlo ver como real.

Como está basada en la confianza, renuncia por completo a la razón. Así como la cognición ha hecho medrar a la humanidad, del mismo modo el mito nos ha hecho progresar como seres humanos.

Imagina un dolor de muela insoportable, no hay nada más desesperante que ello. Si tuvieras que ir a un dentista a que te trate dicho malestar, saldrías despavorido si este especialista, con un acto de fe, impone sus manos en el diente para sanarlo.

El dogma es sinónimo de fe porque se basa en un conjunto estructurado de ideas que, por más lejos que esté de la lógica, podemos llegar a creérnosla como una verdad absoluta. Por ejemplo, el psicoanálisis es un dogma, un método terapéutico a partir de la teoría de un hombre llamado Sigmund Freud, quien planteó su doctrina personal. No está comprobada y no es ciencia, es una burbupia común y corriente…

¿Se podría decir que quien practique este método es un burbupeuta? ¡Sí! Y da igual si es psicólogo titulado o psiquiatra con licencia. Ser burbupeuta es un oficio que puede realizar cualquier persona que tenga fe, independientemente de sus estudios convencionales.

No existe en el mundo ninguna ley que prohíba la fe, porque si la hubiera ya no existiría el vaticano. Por otro lado, debo decir que la fe del notario versus la fe de un sacerdote tienen valores en la sociedad irrefutables.

Ahora bien, ¿podría el ser humano vivir sin fe?

¿Podríamos vivir solo con la razón y la lógica?

D.

De cara al público

No existe sueldo que compense lo suficiente cuando se trata de lidiar con la gente diariamente.

Recepcionistas, secretarias, dependientas, comerciales, vendedores, todo aquel que se levanta a trabajar de cara al público, además de no ser bien remunerado, supone dureza, crueldad y demolición moral.

¿Qué necesidad hay de tratar mal a una recepcionista? En mi caso, sufro una doble impotencia porque al ser yo quién recibe al cliente, no puedo contestar mal frente a sus groserías. Por otro lado, sucede que cuando soy cliente, hay quienes gestionan mis peticiones con desdén e incompetencia. No puedo andar por la vida a la defensiva porque sería antinatural en mí. ¿Qué sucede entonces?

Creo que se puede hablar contundentemente sin faltar el respeto o romper el equilibrio en la comunicación. Sin embargo, hay quienes carecen de la buena educación para solicitar atención y hay otros que no desean escuchar.

Esto sucede en todos los estratos sociales y contextos. Un cliente adinerado puede sorprendernos con su humildad y no sobrepasarse con complejos de grandeza. Conozco mucha gente agradable de gran poder adquisitivo.

Están los humildes de a pie que llegan forzadamente a fin de mes y maltratan a la recepcionista, a la enfermera y todo aquel que esté por debajo de la jerarquía empresarial del director o jefe.

Con lo cual, queda descartado que el rico humilla literalmente al pobre por su condición, aunque esto no quiera decir que no haga uso de la desigualdad para su propio beneficio.

Pareciera que la historia de la plebe se extinguiera solo en los libros de historia pero no en el día a día de las personas que, con sus delirios de grandeza, pasan por encima de otras sin considerarlas también personas.

Es curioso cómo hay quienes descargan su ira, su mal día, prepotencia e ingrávida educación en los trabajadores de primera línea, a los que dan la cara y carecen de total autonomía para tomar decisiones y responder a todas las exigencias.

Aprovecho para resaltar que tanto humilla un iletrado como la maestra de escuela que al darse la vuelta deducimos su práctica de yoga por el tapete lila enrollado en su mochilita de “OM”.

Los que estamos detrás del mostrador tenemos historias acerca de la miseria humana, la buena voluntad, las carencias, las hostilidades, la microguerra no ganada entre la razón y la locura.

¿Es necesario tratar mal al trabajador que nos recibe?

De cara al público, ¿cómo lidias con esta situación?         

A.

Abuso de poder

Es el acto evidente donde el ser humano muestra su vil prepotencia, marca su estatus, señala su jerarquía y devasta cualquier humildad a su servicio. Mostrarse poderoso y pasar por encima de los demás le sumerge en un estado de ebriedad sociópata en pequeña escala y gran desfachatez.

Sucede en todos los ámbitos (laboral, familiar, político); solo basta dos seres humanos reunidos para que el abusador se desenvuelva. Es piramidal: siempre hay alguien que está por encima de Otros y los que están por debajo gozan de la paz de la aceptación o la cruel protesta de no permitirlo.

En su magnífica expresión se trata de no dejar dudas de la desigualdad. De abajo hacia arriba, quien señala al abusador depende económica o moralmente de este. Sencillamente, quien abusa le agrada sentirse respetado (aunque en realidad le tengan miedo) y puede que sea el menos cualificado tanto en lo ético como en lo intelectual para ejercer su dominio.

¡Cuántas veces hemos visto abusos de poder ejercidos por ineptos a sus anchas!

Hay tipos de poderes, el renombrado económico, con lo cual un jefe ejerce su poder con o sin abuso. Más desafortunado es cuando lo pone en práctica algún pariente suyo, quien aprovecha la relación filial para atropellar a un empleado.

Luego los emocionales, difíciles de desenmascarar porque todo lo concerniente a la subjetividad lleva consigo conjeturas, interpretaciones libres y nada que pueda demostrarlo. Siempre le será más cómodo al abusador ejercer su potestad si dependen de él.

Es fácil encasillar a los padres en el ejercicio de poder; no obstante, hay hijos que abusan. Del mismo modo empleados que tienen el poder de la palabra para difamar a otros compañeros; y mujeres que a pesar de las desigualdades sufridas, tanto en lo cultural como social, abusan de sus capacidades para ejercer el poder. Ni hablar de los funcionarios públicos que ocupan puestos intocables, hacen lo mínimo en su jornada, son déspotas, retorcidos, falsos y amigos del jefe.

El abuso de poder no discrimina raza, sexo, religión o estatus social porque, si bien es cierto que los blancos son los que más éxito económico tienen, el negro puede igualmente llegar a casa y pegarle a su mujer. Y la mujer puede abusar de su poder con el hijo y este puede descargarse en un futuro para vengarse de toda esa injusticia.

El poder puede practicarse con abusos o moderación en variados ámbitos y diferentes contextos. Sea como sea, la arbitrariedad de su uso no es un hecho aislado en nuestro día a día.

¿Has hecho alguna vez abuso de poder?

¿Funcionan las leyes espirituales en estos casos?

Si eres burbupeuta, ¿qué aportarías?

L.

La familia es un mito

Todo aquello que responda a una idealización es un mito. La familia como elemento ideológico no está lejos de la fantasía. Puede que las personas que hayan gozado de amor, cuidado y apoyo desde siempre difieran de este tratado y es razonable en lo particular, pero muy absurdo en lo general.

Resulta que cada familia es un grupo de personas emparentadas entre sí por sangre o lazos legales. Hasta aquí es irrefutable. Ahora bien, de aquí a que la familia se le considere un grupo de personas con características y proyectos comunes, es un deber ser que todo ser humano insiste en creer como verdad cuando no le ha tocado vivirla. No obstante, sí podemos construirla cuando decidimos con quién convivir.

La fe ciega que tuvimos cuando éramos niños se debe a que cuando nacemos todavía estamos en proceso de desarrollo y necesitamos de nuestros padres o personas aptas para nuestro cuidado. Resulta que los nueve meses de gestación no fueron suficientes para nacer completamente autónomos.

De lo contrario, saldríamos del útero directamente al colegio, pero cuando el homo decidió ser erectus, la pelvis de la hembra cambió y, por evolución, nacimos más subdesarrollados. No es que Dios dijo “parirás con dolor” y condenó a las mujeres a sufrir, es que para ser bípedos teníamos que nacer antes.

En ese proceso de acogida al infante pueden suceder eventos terribles que marquen a la criaturita que no tiene la culpa de nada, puesto que su cerebro está susceptible al modelado. Sea como sea, al niño se le condena a honrar a sus padres, aunque no tenga ideas en común con ellos; porque mientras todo bebé espera ser amado, a pesar de la ausencia de amor, no hay nada que les una a sus progenitores salvo la consanguineidad.

Me parece de muy mala educación el que las personas pregunten por la familia, dando por sentado que todos hablamos con los padres, como si la comunicación fuera fácil cuando hay jerarquías; como si tuviéramos la obligación de saber todo acerca de nuestros hermanos, cuando cada quien responde a sus propios intereses.

Dar por hecho que el hijo quiere a su madre y la madre quiere a su hijo, cuando no hubo siquiera una respuesta natural de oxitocina en la tierna infancia. Todo porque el ideal de este grupito estriba en el amor incondicional y en que, pase lo que pase, pertenecemos a ese pequeño núcleo de personas.

Y no, no siempre existe ese amor sin condiciones impuesto por la cultura.

La familia es un juego de poder, donde sale en desventaja el hijo que ocupa la sumisión y obediencia, dejándolo indefenso frente a un mito general que dice que la familia ha de permanecer unida y compartir las ideas, intereses o características comunes, como base de una sociedad próspera y cooperante, a pesar de que los más desfavorecidos hayan sido encarcelados por la humillación desde su infancia.

Como esto es difícil de asimilar porque no queremos renunciar al mito, se recurre a variopintas justificaciones que acaban por concluir que los padres hicieron lo que mejor pudieron. Y esto es solo una fantasía que acaba en el leiv motiv de los buscadores de la felicidad que reclaman bienestar en su espinosa supervivencia.

¿Se puede justificar el maltrato infantil?

¿El maltrato es una forma de amar?

Fuente: Noah, Y. (2014). Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad. Editorial Debate: Barcelona.

S.

Soy antipositivista

Si ser positivista es negar la realidad que me rodea para vivir la fantasía que solo ocurre en mi mente… Si es imaginar las reacciones que pudieran ocasionar mis actos solo porque así lo deduce mi ilusión… ¡Me niego a serlo! Prefiero ser antipositivista.

Muchas veces por supervivencia recurrimos a la creación imaginaria de un mundo feliz para lidiar con la dureza del día a día. Soñar en una posibilidad más cómoda nos permite el descanso y la compensación que nuestro cerebro necesita para no estar en constante guardia.

Algunas biografías demuestran una infancia hostil con una prolífera creatividad adulta.Tal es el caso de la artista plástica Elsa Morales, el filósofo Friedrich Nietzsche, el cuentista Horacio Quiroga, el pintor Armando Reverón, entre otros.

El positivismo, en su grosera insistencia de autocontrol, nos pone más en peligro que a salvo cuando tenemos que anularnos nosotros mismos para responder a un diseño inhumano. Si sabemos que en el “Callejón de la Puñalada” se alojan los maleantes del barrio para robar, ¿por qué creemos que nuestro pensamiento por sí solo va a salvarnos de una realidad social?

Pero no confundamos los términos. No es lo mismo ser antipositivo que ser negativo, porque negar el mito del pensamiento positivo no tiene porqué condenarnos al extremo contrario. Podemos vivir sin la negación y estar atentos a lo que nos sucede sin más adornos.

Pensar que todo es malo e inapropiado es seguir en el mito. No todo puede ser absolutamente catastrófico. Recurrimos a este tipo de pensamiento porque nos salva de la decepción. Gracias a nuestra mente prodigiosa nos salvamos del mal rato y nos acomodamos en el derrotismo. Sin soportar los matices…

Esto se debe, en gran parte, a la exigencia de los grupos sociales en sus distintas ramas (laboral, familiar, público o privado), que nos exigen la postura“correcta”, la mejor sonrisa, predisposición, proactividad y esmero, llevando nuestras reacciones naturales a un autocontrol que agota.

En mi caso habría muchos ejemplos que dar, pero comparto las ganas que siempre he tenido de pintar, juzgándome como mal dibujante; porque se dice que representar con el trazo una figura es hacerlo de la manera más fiel a la imagen, aunque el arte abstracto diga lo contrario.

¿Eres positivista, negativo o antipositivista?

¿Te ha funcionado el pensamiento positivo?

H.

Hicieron lo que mejor pudieron

Es la típica frase que nos dicen cuando intentamos hablar de nuestra malherida infancia; y, nos la dicen tanto que muchos acabamos repitiéndola para otros, hasta perpetuar la cadena de dolor sin la más mínima empatía al niño maltratado que fuimos.

La familia pasa a ser un mito porque su estructura y funcionalidad, su amor y protección son una realidad que solo pasa en nuestra mente para sobrevivir.

Pero llega el día que nos hacemos adultos y nos damos cuenta de que existen opciones, que siempre las hay y que, con planificación, organización y miras al Otro, no hace falta escarmientos inútiles ni palabras hirientes para tratarnos.También sucede lo más curioso de todo: que siempre vemos a los padres desvalidos porque vivieron una infancia peor que la nuestra o porque nos criaron en contextos difíciles que no les permitieron hacerlo de otra manera.

Para explicar esto, caemos en contradicciones disparatadas como, por ejemplo, ver a los padres más grandes que nosotros y al mismo tiempo ser nosotros quienes sepamos más que ellos a la hora de establecer una relación medianamente armoniosa.

¿Porqué debemos estar más predispuestos a las mejores opciones? ¿Por qué tenemos que ser más sabios, más diligentes, más inclinados a amar en la aberrante dinámica de una familia inoperante?

La institucionalidad de este pequeño núcleo hace que, como hijos, “molestemos” en lo más mínimo a sus líderes mientras menosprecian nuestra dignidad. El viejo recurso de ignorar los eventos más dolorosos porque “en aquella época” los maltratos fueron la educación que nos llevó a ser lo que somos y nos encontramos ahora en el punto de ayudarles a vivir su vejez porque se lo debemos, porque gracias a ellos tuvimos educación, techo y comida.

¿Acaso no tenemos derecho a sentirnos irrespetados? Nuestro pensamiento reflexivo quedó relegado a la supervivencia y puede que el mito sea una tabla de salvación difícil de soltar, incluso cuando ya no la necesitamos.

Ahora bien, ellos hicieron lo que mejor pudieron cuando: nos pegaron con cinturones hasta hacernos sangrar, vivimos simulacros de suicidio del padre que nunca se tiró por la ventana, nos rociaron de gasolina porque a nuestros siete años manchamos de plastilina la alfombra, nos hablaron con rabia casi siempre, escuchamos gritos todas las noches, nos vieron temblar como gelatinas y siguieron adelante con su actitud, pasamos toda la infancia escondidos en los armarios, durmiendo en escaleras, en casa de los vecinos… cuando nos echaron de casa sin cumplir la mayoría de edad, nos rompieron los dientes con un buen golpe, nos mantuvieron hacinados en la habitación sin permiso a salir, nos aterrorizaron con su presencia en el colegio, partieron sillas en nuestras espaldas y nos exigieron el mejor comportamiento frente a los demás…

Si esto fue lo que mejor pudieron hacer por nosotros,

¿Qué es lo peor?

E.

El hospital del futuro

Las flores de Bach son un refinamiento del misticismo de la homeopatía, un descarado y funcional efecto placebo para algunos pacientes.

Es fácil desmontar las flores de Bach como industria que se basa en la mitología y la experiencia íntima religiosa de un hombre que dijo que sus treinta y ocho flores curaban cualquier enfermedad.

Comencemos por su contexto personal. Bach nació en Inglaterra en el siglo XIX, país de religión protestante, cristiana y católica ortodoxa. Su maestro inspirador y partícipe directo de sus investigaciones era Dios. Para el descubrimiento de sus esencias, utilizó únicamente su intuición. Llegó a la conclusión de que las flores que estaban más expuestas al sol y a aguas de ríos o pozos tenían una vibración más alta que las flores que crecían en la sombra o en las cuevas.

Como buen hijo de país protestante, decía que la causante de nuestras enfermedades era la mente en desarmonía con el alma. ¡Uy, calvinista! Para él, la enfermedad no tenía ninguna importancia porque somos semidioses que no nos enteramos de nada. ¡Uy, elegido! Decía que la fe, la perseverancia, la voluntad y el agua pura de manantial lo curaban todo. ¡Uy, burbupeuta!

Pero lo más interesante y casi apocalíptico de sus alocuciones fue la disertación sobre el hospital del futuro que hizo en 1931, frente a médicos seguidores de Hahnemann, el creador de la homeopatía.

Argumentó que no era necesario estudiar medicina para ser sanadores, porque solo había que estudiar la emoción de los pacientes, independientemente de la enfermedad que padecieran.

Este hospital del futuro debía ser un santuario de paz, bienestar y alegría, con lo cual es fácil deducir el pensamiento positivo y el alejamiento del resto del mundo ignorante. ¡Uy, burbuja!

También dijo que no hacía falta análisis de sangre ni observación orgánica del paciente, con solo mantenerlo aislado en la burbuja era suficiente para aprender la lección que causó su enfermedad. Usó de ejemplo la artritis como síntoma de la rigidez mental.

Nada de patología, anatomía, etiología y diagnóstico; el médico del mañana solo necesitará su intuición para curar. Estudiará la divinidad dentro de las personas y se encargará de elevar las vibraciones a través de las flores.

Bach no estaba de acuerdo con Hahnemann en cuanto a que lo similar cura lo similar, él decía que el odio se cura con amor, la humillación con perdón, y una cachetada con la otra mejilla para ejercer la compasión… ¡Uy, uy, uy!

¿Te tratarías una enfermedad en el hospital del futuro?

¿Quisiste enfermarte alguna vez?

Fuente:Barnard, J. (2008). Obras completas del doctor Edward Bach. Editorial Océano, S. L: Barcelona.