Es el acto evidente donde el ser humano muestra su vil prepotencia, marca su estatus, señala su jerarquía y devasta cualquier humildad a su servicio. Mostrarse poderoso y pasar por encima de los demás le sumerge en un estado de ebriedad sociópata en pequeña escala y gran desfachatez.

Sucede en todos los ámbitos (laboral, familiar, político); solo basta dos seres humanos reunidos para que el abusador se desenvuelva. Es piramidal: siempre hay alguien que está por encima de Otros y los que están por debajo gozan de la paz de la aceptación o la cruel protesta de no permitirlo.

En su magnífica expresión se trata de no dejar dudas de la desigualdad. De abajo hacia arriba, quien señala al abusador depende económica o moralmente de este. Sencillamente, quien abusa le agrada sentirse respetado (aunque en realidad le tengan miedo) y puede que sea el menos cualificado tanto en lo ético como en lo intelectual para ejercer su dominio.

¡Cuántas veces hemos visto abusos de poder ejercidos por ineptos a sus anchas!

Hay tipos de poderes, el renombrado económico, con lo cual un jefe ejerce su poder con o sin abuso. Más desafortunado es cuando lo pone en práctica algún pariente suyo, quien aprovecha la relación filial para atropellar a un empleado.

Luego los emocionales, difíciles de desenmascarar porque todo lo concerniente a la subjetividad lleva consigo conjeturas, interpretaciones libres y nada que pueda demostrarlo. Siempre le será más cómodo al abusador ejercer su potestad si dependen de él.

Es fácil encasillar a los padres en el ejercicio de poder; no obstante, hay hijos que abusan. Del mismo modo empleados que tienen el poder de la palabra para difamar a otros compañeros; y mujeres que a pesar de las desigualdades sufridas, tanto en lo cultural como social, abusan de sus capacidades para ejercer el poder. Ni hablar de los funcionarios públicos que ocupan puestos intocables, hacen lo mínimo en su jornada, son déspotas, retorcidos, falsos y amigos del jefe.

El abuso de poder no discrimina raza, sexo, religión o estatus social porque, si bien es cierto que los blancos son los que más éxito económico tienen, el negro puede igualmente llegar a casa y pegarle a su mujer. Y la mujer puede abusar de su poder con el hijo y este puede descargarse en un futuro para vengarse de toda esa injusticia.

El poder puede practicarse con abusos o moderación en variados ámbitos y diferentes contextos. Sea como sea, la arbitrariedad de su uso no es un hecho aislado en nuestro día a día.

¿Has hecho alguna vez abuso de poder?

¿Funcionan las leyes espirituales en estos casos?

Si eres burbupeuta, ¿qué aportarías?

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