C.

Cómo saber si eres calvinista

Podemos ser calvinistas sin darnos cuenta, puesto que la instrumentación social nos amolda para ello. Me refiero explícitamente a la educación, patrones de crianza, religión y fe. No obstante, independientemente de nuestras creencias místicas, podemos tener una actitud religiosa en nuestro modo de hacer.

            Las palabras claves que caracterizan a un calvinista son la autoexigencia, el perfeccionismo y el autocontrol; todo ello comporta maneras en nuestro comportamiento, tanto individual como colectivo. Veamos algunas:

  1. No puedo disfrutar del descanso porque mi mente no para de pensar en todo lo que hay que hacer.
  2. Una vez realizado mis objetivos, no me permito la satisfacción porque siempre pude hacerlo mejor.
  3. Me lleno la agenda de actividades para no pensar, para no sentir.
  4. Postergo el entretenimiento porque me parece una pérdida de tiempo.
  5. Debo ser exitoso en todos mis emprendimientos.
  6. No soporto que los demás no hagan las cosas como las hago yo.
  7. Hasta los pequeños detalles deben cuidarse, no soporto que pasen inadvertidos.
  8. Me obsesiona la perfección y exijo a los demás lo mismo.
  9. Me implico de lleno en una tarea.
  10. La única manera de aliviar mi ansiedad es trabajando más.
  11. Si postergo, me siento culpable.
  12. No existen las excusas para mí.
  13. Suelo decir: “si yo puedo, tú puedes”, e ignoramos el contexto del Otro.
  14. Nuestros intereses están por encima de las circunstancias, el típico “truene, llueve o relampaguee, yo lo haré”.
  15. No pensar demasiado y hacer más.
  16. Mi vida está llena de objetivos y metas.
  17. Mi trabajo se tiene que notar.
  18. El agotamiento es sinónimo de bienestar.
  19. El reconocimiento me anima a hacer más de lo que hago.
  20. La disciplina es mi consigna; por eso nunca me relajo.
  21. Siempre tengo la sensación de que estoy perdiendo el tiempo o debería estar en otro lugar.

El calvinismo llevado al extremo nos arriesga a padecer trastornos obsesivos que, lejos de satisfacernos, nos conducen a la infelicidad. Sin embargo, una dosis de disciplina y tenacidad nos puede llevar a planos de realización personal para llevar a cabo las metas que nos proponemos.

¿Te sientes identificado con estas características?

¿Qué haces para cumplir tus objetivos?

¿Te sientes culpable si te tomas un día de descanso?

M.

Mujer florero

Hay mujeres que optan por la pasividad de sus encantos y obtienen todo lo que desean sin ningún esfuerzo. En la mayoría de los casos, este tipo de mujer goza de una pareja con buen sueldo. Al menos no he conocido a una de clase media baja que se espere el fin de mes de su cónyuge, para ser el florero que adorna la casa y las fotografías familiares.

Este tipo de mujer no toma decisiones en lo concerniente a nada. Pierde su derecho a expresar libremente su opinión, porque al no sumar en la manutención, automáticamente queda en segundo plano.

Cualquier persona que goce de ocio desmedido puede caer tanto en la depresión como en la amargura. Por eso, muchas de ellas carcomen cerebros de Otros para entretenerse en el conflicto que propaga desde su sombra. ¡Horrible cuando son burbupeutas por hobby!

Las macabras estrategias de una burbuflorero es de una hipocresía devastadora. Es muy fácil que un discurso así encaje perfectamente en el hablar de estas mujeres que se autoimponen una infantilización nauseabunda.

En vez de plantarse y dar su voz, caen en sonrisitas diplomáticas mientras sueltan consejos motivacionales con diminutivos incluidos: “abre tu corazoncito”, “saluda al solecito”, “suéltate el pelito”…

Como son personas que nunca han tenido un criterio propio, se adaptan a las fantásticas disertaciones sobre el alma, los chakras, el bienestar, las dietas conscientes, la meditación y reuniones espirituales sin ningún sentido.

Ellas, al vivir en una Burbuja, todo lo exterior les da grima. En realidad son personas desoladas que vengan su soledad en la difamación, el chisme y lo superfluo.

Su superioridad artificial les permite andar por la vida soltando pétalos de plástico hiperrealista. No son originales ni contribuyen con su opinión. Son más bien ignorantes bien maquilladas que resurgen de sus cenizas en el gimnasio y posan su belleza en las redes sociales.

Este tipo de mujeres son carne de cañón para cualquier maltratador. No se dan cuenta de que pagan con su resistencia el duro precio de ser bellas estatuas pigmaliónicas a la merced del machismo.

Si conoces a una mujer florero, ¿cómo es su comportamiento?

¿Una mujer florero podría ser feminista?

M.

Migrar

Decenas de artículos dedicados a este fenómeno. Sus causas son tan diversas como la necesidad del ser humano en busca de otras posibilidades de existencia en el globo terrestre. Están las más románticas, como vivir la experiencia de otro idioma, otra cultura y otras normas establecidas en el país escogido.

La mayoría de los migrantes buscamos una nueva vida para subsistir y, sin querer, esa experiencia romántica de aventura queda en segundo plano.

Migrar no es fácil, una frase muy trillada y más obvia que ninguna. Lo más difícil de este traslado es el apego a nuestras raíces y el sufrimiento que implica pensar que estamos mejor que los seres queridos que dejamos atrás. A simple vista podemos estar mejor si las razones fueron forzadas: conflictos bélicos, gobiernos totalitarios, economía hundida en la miseria e inseguridad social que arroja cifras lamentables en las calles de nuestro país de origen.

Quiero dedicar este artículo a los que se quedaron.

No estamos mejor. Porque nunca se está mejor en los zapatos de un extranjero. Aunque haya la mejor intención por parte de los ciudadanos de acogida, nosotros, los del otro lado, siempre seremos aquellos que vinieron a ocupar el lugar de Otro.

Pertenecer a un lugar toma mucho tiempo. Es verdad que ya no seremos víctimas del caos social antes mencionado, y que salir a la calle no será un peligro, pero pagamos otras tasas de sufrimiento. Por ejemplo, no poder trabajar sin papeles y no tener papeles sin trabajar. Además de toda la carga de recuerdos y referencias en nuestra memoria.

Para los que tenemos un título universitario, los años que puede tardar la homologación del mismo. La dificultad de hablar otro idioma. El proceso tan lento y demoledor de obtener el número de identificación extranjera para optar a la ciudadanía (básicamente, existir para Seguridad Social).

Hay tipos de migración: los que se van para salvar su vida y los que buscamos desarrollar nuestras aptitudes y estudios. Pero, el que huye de una guerra declarada siempre verá en los que huimos de la delincuencia dos prioridades distintas para ser acogidos. Y esto es verdad y mentira al mismo tiempo. Diría que son válidas las dos.

El que se queda juzgará por su comprensible ignorancia que estamos mejor que ellos, que tenemos más dinero, comemos mejor y gozamos de más seguridad. Todo país tiene sus propias dificultades. Solo que en unos matan con armas y en otros las armas son más simbólicas, capaces de aniquilar a los seres humanos sin derramar una gota de sangre.

Si eres migrante, ¿qué mensaje le darías a tu familia?

Qué opinas de: “ningún ser humano debería ser ilegal”.

L.

Lou Salomé sin Andreas y sin Nietsche

Primero, fue una mujer aristócrata de origen ruso nacida en 1861. Segundo, fiel lectora de Nietzsche, quien supo comprenderle desde el principio. Tan es así, que el filósofo se enamoró de ella, pero fue rechazado dos veces de su propuesta de matrimonio.

Tercero, estamos en el siglo XX y Lou se encontró en el trillado dilema de ser mujer con pensamiento independiente. Fue una prolífera escritora y discípula de Freud. Vivió de forma libre su sexualidad con los hombres que quiso y, por supuesto, fue criticada por amar libremente sin sentirse culpable por ello. Defendía la poligamia en el ser humano, no exclusivamente en la mujer o en el hombre.

Abogó por la libertad de la mujer en todas las circunstancias, al no sometimiento en el matrimonio, la sumisión y la maternidad como requisito social.

La llamaban “la coleccionista de genios” porque se codeaba con grandes pensadores, escritores y científicos de la época, y dicen algunos biógrafos que unos cuantos se suicidaron por no poseer a esta mujer.

Al nombre de Lou le anteceden algunos adjetivos: la esbelta, la bella rusa, la de ojos azules, la mujer radiante, la altiva, la alta, la de rubio platino, la estilizada Lou Andreas-Salomé. La misma que se mantuvo virgen en su matrimonio con Carl Friedrich Andreas.

Si de adjetivos vamos, yo no he leído nada de otros escritores masculinos, por ejemplo: el desaliñado Julio Cortázar, el calvo Eduardo Galeano, el bizco Jean Paul Sartre o el apuesto Albert Camus.

No sé qué tiene que ver la belleza de esta mujer con su avanzado pensamiento, porque si bien aprendió de Freud, tampoco estuvo completamente de acuerdo en todas sus teorías.

Debo decir que me identifico con Lou en cuanto a su distancia con los movimientos femeninos que no la representaban: ella decía que el cambio debía provenir desde lo interno de cada una y no de movimientos reivindicativos de igualdad.

Con esto me refiero a que puedo ser feminista casi sin darme cuenta. No me hace falta que me represente ninguna doctrina. Prefiero el movimiento de mujeres reivindicativas; como las Kelly de España, un colectivo que lucha por las mejoras salariales en la hostelería.

Mientras estuve en la Burbuja, nunca simpaticé con los ideales de mujer loba ni mujer tierra que expresaban sus sentimientos frente a un público ajeno a mi pensamiento. En este mundillo espiritual, ser mujer es equivalente a ser una tontica que canta mantras y danza en círculos.

No obstante, en 1915, Lou fue una burbupeuta que atendió con el psicoanálisis a malheridos de la postguerra que la psiquiatría clínica no se daba abasto asistir. Por eso tuvo su consulta en Gotinga que le facilitó prestigio y aceptación en grupos sociales masculinos.

¿Es necesario valorar el físico de una persona antes que su obra?

¿Te reivindican los movimientos femeninos?

Fuente: Vallejo, O. (2003). “Lou Andreas Salomé, algo más que una coleccionista de genios”. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 86, 75-87.