L.

La genialidad olvidada

Nos encontramos con el inventor más olvidado del mundo, aunque haya creado el dispositivo más cotizado en la historia de la humanidad: la televisión.

Difícil soslayar entre otros tantos inventores que se adjudicaron patentes y autorías que, gracias a la mala divulgación, sepultaron en el olvido a tan humilde genio.

Su nombre, Philo Farnsworth, quien nació y se crió en una granja. De familia humilde, no llegó a conocer la electricidad hasta los once años, cuando ya Einstein publicaba en revistas científicas. Con lo cual, debía ser muy precario para no gozar de los beneficios de tan imprescindible servicio.

Philo fue un autodidacta de la física cuántica. Se le metió en la cabeza crear un dispositivo que transmitiera sonido e imagen al mismo tiempo. A sus catorce años, sorprendió a su profesor de química con fórmulas y esquemas complejos que explicaban la magnetización de electrones que podían transmitir imágenes en movimiento.

Ni los grandes inventores independientes, ni las compañías de radio mejor posicionadas dieron con el descubrimiento del granjero que se inspiró en las líneas de tierra labrada que tiraban sus bestias. Él comprendió la funcionalidad de la cuántica para crear su aparato.

Después que un mecenas apostó por su locura, Philo construyó su primera televisión, la cual llamó en un principio “disector de imagen”. Esto trajo como consecuencia la envidia y el desespero del monstruo de las patentes: la RCA, que intentó comprarle la compañía entera al inventor, con él incluido, para adueñarse del mercado.

No siempre la genialidad tiene mente de empresa y el granjero creativo no se dejó comprar por tres duros; es decir, ¡cien mil dólares!, que tanto en aquella como esta época es muchísimo dinero. Así que el director de la RCA se encargó de robarle la patente, la publicidad, la exclusividad y el prestigio.

Así fue como RCA, junto con David Sarnoff y Vladimir Zworykin, se autoproclamaron inventores oficiales después de enriquecerse de las ventas millonarias de tan cotizado dispositivo.

A pesar de todo, la RCA reconoció a Philo Farnsworth como el inventor oficial y accedió pagarle las regalías muy tarde, porque el granjero ya se había enfermado de los nervios, de la desesperación, alcoholismo y depresión.

¿Crees que la cuántica, tal y como la explican los burbupeutas, sea útil?

Fuente: Alan, L. (2003). ¡Eureka! Descubrimientos científicos que cambiaron el mundo. Paidós: Barcelona

L.

La fe

Tanto en la teología como en la religión es el conjunto de creencias que no garantiza la existencia de algo, mucho menos se vale de la lógica y la razón.

Un discurso que estimule la fe solo puede basar sus fundamentos en explicaciones que provienen de mitos, leyendas, fábulas y fantasía. Nunca, a través de la fe, podrá comprobarse la existencia de ese algo que llamamos Dios, energía sublime o fuerza cósmica.

Es un acto de confianza algunas veces comedida y otras, ciega. Puede conducirnos a la supervivencia en contextos hostiles como puede aniquilarnos en masa. Cuando la fe es utilizada para hacernos creer desmesuradamente en una situación ideal, es fácil poder manipularnos.

La fe ha sido utilizada por grandes líderes mitómanos que conservan para sí la verdad de su cometido. Con esto quiero decir que, aún a sabiendas de su falso discurso, pueden llegar a dominar con la palabra hasta hacerlo ver como real.

Como está basada en la confianza, renuncia por completo a la razón. Así como la cognición ha hecho medrar a la humanidad, del mismo modo el mito nos ha hecho progresar como seres humanos.

Imagina un dolor de muela insoportable, no hay nada más desesperante que ello. Si tuvieras que ir a un dentista a que te trate dicho malestar, saldrías despavorido si este especialista, con un acto de fe, impone sus manos en el diente para sanarlo.

El dogma es sinónimo de fe porque se basa en un conjunto estructurado de ideas que, por más lejos que esté de la lógica, podemos llegar a creérnosla como una verdad absoluta. Por ejemplo, el psicoanálisis es un dogma, un método terapéutico a partir de la teoría de un hombre llamado Sigmund Freud, quien planteó su doctrina personal. No está comprobada y no es ciencia, es una burbupia común y corriente…

¿Se podría decir que quien practique este método es un burbupeuta? ¡Sí! Y da igual si es psicólogo titulado o psiquiatra con licencia. Ser burbupeuta es un oficio que puede realizar cualquier persona que tenga fe, independientemente de sus estudios convencionales.

No existe en el mundo ninguna ley que prohíba la fe, porque si la hubiera ya no existiría el vaticano. Por otro lado, debo decir que la fe del notario versus la fe de un sacerdote tienen valores en la sociedad irrefutables.

Ahora bien, ¿podría el ser humano vivir sin fe?

¿Podríamos vivir solo con la razón y la lógica?

D.

De cara al público

No existe sueldo que compense lo suficiente cuando se trata de lidiar con la gente diariamente.

Recepcionistas, secretarias, dependientas, comerciales, vendedores, todo aquel que se levanta a trabajar de cara al público, además de no ser bien remunerado, supone dureza, crueldad y demolición moral.

¿Qué necesidad hay de tratar mal a una recepcionista? En mi caso, sufro una doble impotencia porque al ser yo quién recibe al cliente, no puedo contestar mal frente a sus groserías. Por otro lado, sucede que cuando soy cliente, hay quienes gestionan mis peticiones con desdén e incompetencia. No puedo andar por la vida a la defensiva porque sería antinatural en mí. ¿Qué sucede entonces?

Creo que se puede hablar contundentemente sin faltar el respeto o romper el equilibrio en la comunicación. Sin embargo, hay quienes carecen de la buena educación para solicitar atención y hay otros que no desean escuchar.

Esto sucede en todos los estratos sociales y contextos. Un cliente adinerado puede sorprendernos con su humildad y no sobrepasarse con complejos de grandeza. Conozco mucha gente agradable de gran poder adquisitivo.

Están los humildes de a pie que llegan forzadamente a fin de mes y maltratan a la recepcionista, a la enfermera y todo aquel que esté por debajo de la jerarquía empresarial del director o jefe.

Con lo cual, queda descartado que el rico humilla literalmente al pobre por su condición, aunque esto no quiera decir que no haga uso de la desigualdad para su propio beneficio.

Pareciera que la historia de la plebe se extinguiera solo en los libros de historia pero no en el día a día de las personas que, con sus delirios de grandeza, pasan por encima de otras sin considerarlas también personas.

Es curioso cómo hay quienes descargan su ira, su mal día, prepotencia e ingrávida educación en los trabajadores de primera línea, a los que dan la cara y carecen de total autonomía para tomar decisiones y responder a todas las exigencias.

Aprovecho para resaltar que tanto humilla un iletrado como la maestra de escuela que al darse la vuelta deducimos su práctica de yoga por el tapete lila enrollado en su mochilita de “OM”.

Los que estamos detrás del mostrador tenemos historias acerca de la miseria humana, la buena voluntad, las carencias, las hostilidades, la microguerra no ganada entre la razón y la locura.

¿Es necesario tratar mal al trabajador que nos recibe?

De cara al público, ¿cómo lidias con esta situación?         

A.

Abuso de poder

Es el acto evidente donde el ser humano muestra su vil prepotencia, marca su estatus, señala su jerarquía y devasta cualquier humildad a su servicio. Mostrarse poderoso y pasar por encima de los demás le sumerge en un estado de ebriedad sociópata en pequeña escala y gran desfachatez.

Sucede en todos los ámbitos (laboral, familiar, político); solo basta dos seres humanos reunidos para que el abusador se desenvuelva. Es piramidal: siempre hay alguien que está por encima de Otros y los que están por debajo gozan de la paz de la aceptación o la cruel protesta de no permitirlo.

En su magnífica expresión se trata de no dejar dudas de la desigualdad. De abajo hacia arriba, quien señala al abusador depende económica o moralmente de este. Sencillamente, quien abusa le agrada sentirse respetado (aunque en realidad le tengan miedo) y puede que sea el menos cualificado tanto en lo ético como en lo intelectual para ejercer su dominio.

¡Cuántas veces hemos visto abusos de poder ejercidos por ineptos a sus anchas!

Hay tipos de poderes, el renombrado económico, con lo cual un jefe ejerce su poder con o sin abuso. Más desafortunado es cuando lo pone en práctica algún pariente suyo, quien aprovecha la relación filial para atropellar a un empleado.

Luego los emocionales, difíciles de desenmascarar porque todo lo concerniente a la subjetividad lleva consigo conjeturas, interpretaciones libres y nada que pueda demostrarlo. Siempre le será más cómodo al abusador ejercer su potestad si dependen de él.

Es fácil encasillar a los padres en el ejercicio de poder; no obstante, hay hijos que abusan. Del mismo modo empleados que tienen el poder de la palabra para difamar a otros compañeros; y mujeres que a pesar de las desigualdades sufridas, tanto en lo cultural como social, abusan de sus capacidades para ejercer el poder. Ni hablar de los funcionarios públicos que ocupan puestos intocables, hacen lo mínimo en su jornada, son déspotas, retorcidos, falsos y amigos del jefe.

El abuso de poder no discrimina raza, sexo, religión o estatus social porque, si bien es cierto que los blancos son los que más éxito económico tienen, el negro puede igualmente llegar a casa y pegarle a su mujer. Y la mujer puede abusar de su poder con el hijo y este puede descargarse en un futuro para vengarse de toda esa injusticia.

El poder puede practicarse con abusos o moderación en variados ámbitos y diferentes contextos. Sea como sea, la arbitrariedad de su uso no es un hecho aislado en nuestro día a día.

¿Has hecho alguna vez abuso de poder?

¿Funcionan las leyes espirituales en estos casos?

Si eres burbupeuta, ¿qué aportarías?

L.

La homeopatía es un mito

Aunque esté aceptada en las ventas oficiales de farmacia, parafarmacia y tienda naturista, el tema está en que responden a un efecto placebo porque su fundamento se basa tanto en la memoria del agua como en la inocuidad de su contenido.

Para desmontar este mito, bástese con profundizar acerca de las teorías del origen del agua en nuestro planeta. Se dice que vinieron de los cometas congelados que colisionaron con la tierra primitiva hace 4.500 millones de años. Al traer hidrógeno y oxígeno, nos dejaron el agua que, con erupciones volcánicas, se evaporó y luego se condensó hasta producir las lluvias.

La otra teoría consiste en que el agua se había formado en el interior de la tierra que, por razones de calentamiento y enfriamiento, se evaporó, condensó y creó la atmósfera carente de oxígeno que, poco a poco, fue reaccionando con el hidrógeno hasta formar el agua.

Por otro lado, están los que aceptan las dos explicaciones y le dan un origen mixto o multifactorial al nacimiento del preciado líquido que representa más o menos el 70% de la superficie terrestre.

Si el agua tuviera memoria, solo con beberla recordaríamos cuando viajamos por el espacio en forma de cometas; solo con “programarla”, la humanidad se hubiera ahorrado pestes, endemias, enfermedades letales y malos humores.

La homeopatía parte de un principio místico y pseudocientífico porque no está comprobado por la ciencia que, con disolver una gotita de principio activo de una planta en el agua, esta asume el poder curativo y penetra más rápido en las células. En realidad, la medicina homeopática es agua con azúcar y no puede, de ninguna manera, reemplazar ningún medicamento alopático de comprobada eficacia.

El cliente asiduo a los burbupeutas homeopáticos cree cada vez más en esta alternativa aparentemente inofensiva porque algunos médicos se han convertido a la homeopatía, porque hay laboratorios homeopáticos y porque se venden de forma legal en casi todas las farmacias.

Puede que esto responda a un colapso de la atención sociosanitaria que ya le va bien un poco de descongestión en sus consultas para que la gente se “cure”enfermedades con el efecto placebo. Puede que la homeopatía sea más rentable que la alopatía, porque ya nos podemos imaginar los márgenes de ganancia con la producción de agua dulce.

Para ser homeópata no es necesario estudiar medicina ni afines, como burbupeutas solo debemos estar al día de los vademécums de los laboratorios para ofrecerlos al cliente. Con lo cual, cualquiera puede ser homeópata, aunque haya científicos en la farmacología dejando las pestañas en los microscopios de investigación.

El animismo de Masuro Emoto para demostrar que el agua tiene memoria está más que rechazado por la comunidad científica y ha sido completamente absorbido por el capitalismo que vende ¼ de litro de agua a más de 30€.

Recordemos que algunos mitos son avalados por el Estado desde Platón hasta nuestra Era y que, seguramente, intentar vendernos la memoria del agua como solución a nuestros males se deba a una mortalidad controlada y feliz.

¿Has tenido alguna experiencia con la homeopatía?

¿Confiarías en alguien que no ha estudiado medicina?

¿Qué le preguntarías a un médico homeopático?