V.

Vivir de la escritura

…como cualquier otro oficio que goza de seguridad social, sueldo, tiempo y espacio.Dedicarse por completo a la investigación y entregar todas las horas necesarias en bibliotecas, entrevistas y viajes de prospección literaria.

Dedicación exclusiva al arte de escribir, trabajar sin remordimientos todos los tiempos mentales necesarios para la reflexión y el encuentro de las palabras que mejor nos expresen. Que nos contraten para escribir y vivir dignamente de ello sin preocupaciones.

Escribir para trascender en el tiempo y desafiar la propia mortalidad de los cuerpos. Escribir para dejar rastros de una existencia explorable en la antropología o en la arqueología de lo humano, en la historia de la literatura, en el tiempo pasado.

Escribir y pensar, leer y descubrir, coser las fracciones del tiempo, ver más allá de nuestra Era, plantear hipótesis, fragmentar posibilidades…

Así como sucedió con Christine de Pizan, considerada la primera mujer filósofa que vivió de su escritura por el siglo XV. Nació en Italia y murió en Francia, se casó muy joven y muy joven quedó viuda con tres hijos y más familia que mantener.

No le quedó más opción que ponerse a trabajar y así fue como dedicó el resto de su vida a la escritura como trabajo bien remunerado. Se dice que fue la primera mujer en escribir tratados feministas, sociales y políticos de un humanismo azotado por la guerra feudal entre Francia e Inglaterra que duró más de 100 años.

A Christine de Pizan le dieron la oportunidad de escribir y no disculparse por ser mujer. Actualmente y sin distinción marcada del sexo, se hace utópica la posibilidad de vivir de la escritura.

Sin embargo, como este arte puede atormentarnos si no le damos cabida en nuestro hacer, combinamos un sinfín de actividades con sueldo para ejercer nuestro oficio como una profesión a gachas, a escondidas o a oscuras de un mundo editorial y distribuidor que no le interesa tanto el talento como la venta segura de cualquier manuscrito efímero de autoayuda o espiritualidad, sin horas de investigación profunda ni escarbados literarios de sublime complejidad.

Cualquiera puede ser publicador, pero ser investigador que escribe es otra cosa…

¿Dejarías todo para dedicarte a escribir?

¿Todos los buenos escritores tienen éxito editorial?

¿Hay éxitos editoriales con malos escritores?

Fuente: R. Núñez, G. (2018). ¿Eres un escritor o un publicador? En www.cafeteradeletras.com.

T.

Testigo cómplice

Este término fue utilizado por la ex psicoanalista Alice Miller, autora de varios libros sobre el maltrato infantil, la educación de los padres y el origen de la violencia en la sociedad. Es probable que quien no sepa a qué lectura se enfrenta con sus tratados, se sienta sobrecogido por la crudeza y sinceridad con la que cuenta los hechos que motivan su estudio.

La figura del testigo cómplice consiste en aquella persona que dio al infante maltratado un poco de cariño, que le hizo sentir seguro y no le juzgó, que le protegió y le enseñó otra manera de palpar el mundo sin sentirse castigado. Este testigo cómplice podría ser una vecina, un amigo, una tía o una abuela.

Ahora bien, a la personita que en su proceso de crecimiento creemos insalvable por las circunstancias hostiles que le tocó vivir, siempre tiene la oportunidad de ver otra salida. Aunque parezca inútil, una sonrisa, un abrazo o un gesto de cariño puede salvarle de la espiral de violencia y es muy probable que cuando llegue a la edad adulta no sienta la necesidad del alivio temporal que produce la venganza.

Los adultos podemos dejar huellas imborrables en los niños y sería una oportunidad de oro mostrarle que el amor existe y se manifiesta con ternura y protección, porque el pequeño lo único que necesita es ello para sobrevivir. No obstante, si fuimos víctimas sin testigo cómplice, es probable que avalemos la educación tortuosa tanto en casa como en el colegio.

El mundo entero necesita de testigos cómplices para la protección en la infancia; asegura Miller que si Hitler y todos sus seguidores hubieran gozado de uno, muy probablemente no habría existido el Tercer Reich, porque la maldad no es genética.

Los niños al nacer necesitan el cuidado de los adultos, sentirse protegidos, acogidos, recibidos, amados. No obstante, si aún en las carencias de estos elementos básicos para una infancia feliz recibe una palmadita tierna, un voto de confianza y amor verdadero, será el recuerdo indeleble que sostendrá su dignidad, sus ganas de vivir en armonía, su convicción profunda en las opciones y, lo que es mejor, no repetirá el maltrato con sus hijos, aunque todo ello le suponga una larga convivencia con el dolor interior.

¿Reaccionarías frente al maltrato infantil?

Fuente: Miller, A. (2009). Salvar tu vida. La superación del maltrato en la infancia. Tusquets Editores: Barcelona.

T.

Tengo derecho a estar triste

A estas alturas, no debería ser una protesta, pero en vista de las exigencias sociales y de nuevo pensamiento que nos obligan a estar bien, como si la tristeza no fuera parte de nuestro bienestar, entonces sí, me manifiesto y exijo mi derecho a estar triste:

  • Porque es tan natural como la alegría.
  • Porque es reír al revés.
  • Porque tengo derecho a reaccionar con las palabras de clara intencionalidad hiriente.
  • Porque no debería camuflarse para participar en la vida cotidiana.
  • Porque ni es una vibración ni causa enfermedad alguna.
  • Porque es normal y necesaria en algún momento de nuestras vidas.
  • Porque no debe ser objeto cotizable en la bolsa de valores morales que apuestan por el bien de estar siempre positivo.
  • Porque se puede seguir viviendo.
  • Porque es compatible con la bondad, la humildad y el bienestar.
  • Porque cansa su prohibición en lo privado y su censura en lo público.
  • Porque en los días tristes reflexiono, pienso, descanso, duermo y como chocolates.

Y tú, ¿por qué tienes derecho a estar triste?

S.

Sistema Martí

“La matemática está en todas partes”, diría un matemático con toda la razón; pero, la matemática aplicada para hacer ropa sería la geometría del sistema Martí para confeccionar el vestuario más perfecto en cualquier cuerpo humano.

La geometría, además de aplicarse a la física, mecánica, arquitectura o cartografía, también es utilizada para dibujar patrones de altísima precisión de manera tan metódica, que cualquier cuerpo es bello en su vestido apropiado, aunque actualmente la publicidad nos invite a vestirnos en trajes cuyas tallas no concuerdan con nuestra figura.

Cataluña, Vic y Sant Quirze de Besora son las tres referencias geográficas que acogió una niña prodigio en 1872. Se sabe que su madre era modista y que, con su repentina muerte, su padre la envió al internado de “Las sacramentarias de Vic”. Allí Martí tomó “prestado” el hábito de una monja y lo cortó sin recibir represalia alguna, porque las religiosas entendieron la genialidad que se escondía en un aparente juego.

“De la nostra Carmeta en sentirem a parlar», dijo la madre antes de morir y no se equivocó; de la Carmeta hemos escuchado hablar todas porque su método hizo del abstraccionismo geométrico un modo de vida para muchas mujeres que vieron una salida laboral para el corte y confección de ropa perfecta y sin retoque.

Como la matemática y su aplicación geométrica son disciplinas difíciles de juzgar como útiles a primera vista, estamos muy cerca de menospreciar a un patronista que trabaja en el trazo, el cálculo de la línea, la pinza, el doblez, ensanchamiento o entallado exquisitamente expresado en papel para trasladar un concepto tridimensional.

No hay nada más lejos de un juicio a priori y sin fundamento acerca de las arquitectas del textil que calcularon con el sistema Martí las proporciones más perfectas, inspiradas directamente de las proporciones de su cliente, sin la necesidad de interminables visitas para medir la tela, sino con el uso de sus medidas y un maniquí.

Modistas, patronistas, costureras y diseñadoras han hecho de la creatividad y la ciencia una fusión tan grandiosa para el ser humano, que nos hace únicos en la especie animal capaces de exponer el arte andante y en movimiento sobre nuestro cuerpo perfecto tal y como es.

¿Te representan las tallas comerciales?

¿Te atreverías a confeccionar tu propia ropa?

¿Cómo te imaginas el trabajo del patronista?

Fuente: Martí, C. (2018). Corte Sistema Martí. Patrones tipo. Ediciones Martí: Barcelona.