L.

La otredad

Es el Otro alguien diferente a nosotros pero que constituye al mismo tiempo la construcción de ser uno mismo gracias a la contrastación. El Otro como un ser que ocupa un espacio, un tiempo, una historia, una biografía, un mundo aparte.

Nosotros y ellos, diferencias y posiciones en un gran tablero de jerarquías y estratos sociales formados desde los primeros pasos de la revolución cognitiva, desde que comenzamos a pensar y ser conscientes de nuestra existencia con respecto a los demás.

La otredad es un tema de distintas variantes y de la que creemos no sentirnos afectados cuando son ellos los que sobreviven de las guerras y somos nosotros los que vivimos un empleo precario, mientras Otros ganan grandes divisas a costa de nuestra integridad y esfuerzo.

Somos ellos, nosotros y Otros los que ocupamos niveles y lugares insospechadamente preestablecidos por pocos que nunca podremos ver en su masa amorfa y anónima.

Al Otro ignorado en las más simples acciones humanas de la cotidianeidad, quisiera rendir una pequeña dedicatoria:

  • Pensar en el Otro y darle cabida a la otredad en las aceras públicas y no atravesarse para que los demás podamos pasar.
  • La otredad en la conducción de un vehículo, en una cola, en el paso peatonal. Todos coexistimos.
  • La otredad en el ejercicio político y en la legislación de un Estado que crea las leyes en beneficio de la mayoría.
  • En el que hace la compra en un supermercado con una larga lista hecha frente al Otro que espera detrás con un enser en la mano; el gesto de darle prioridad es tener presente la otredad.
  • Al funcionario público que goza de un cargo fijo y estable, que tenga consciencia de la otredad en beneficio de aquel que busca su servicio.
  • En lo que nos hace humanos, porque ejercemos una posición política en el mundo con diferencias de opinión, porque somos capaces de vivir con el diferente y sacar provecho de la contradicción.
  • La otredad como requisito indispensable para una armoniosa coexistencia sin los egoísmos implícitos de una supuesta espiritualidad que nos diseña onfaloscópicos y vulnerables.
  • Que el Otro piense en nosotros y devolverle la consideración con una acción cívica que lo tome en cuenta.

Al final, ser conscientes de la otredad es entender que no podemos vivir a nuestras anchas sin necesitar del Otro para ser nosotros mismos.

¿Y tú, qué le dirías al Otro?

L.

La necesidad del mito

Es común escuchar de los burbupeutas oradores la comparación de los seres humanos con los animales. En eso era un experto Platón, quien a través de Sócrates dejaba a los demás sin argumentos.

Apenas el burbupeuta se encuentra con un conflicto, acude no solo a la comparación con animales, sino con plantas.

Recuerdo un día en que estaba haciendo un curso y una alumna no paraba de quejarse frente al director del instituto debido a las ausencias prolongadas del profesor. Yo no tenía afección alguna con el tema, pero era inevitable escucharla. La molestia había aumentado los decibelios de su voz. Recuerdo claramente lo que le dijo esta autoridad administrativa que intentaba justificar su gestión: “los árboles que se inclinan en la dirección del viento no se rompen”…

Para lo que estaba exigiendo la chica, no sé qué tenía que ver el árbol y el viento con su reclamo bien fundamentado, puesto que ella había pagado un curso donde no iba el profesor a darle clases. Enseguida noté que el director quería apaciguar la rabia y calmarla. Le dijo un par de fábulas más que no funcionaron.

En esa época, yo no tenía siquiera la sospecha de que me convertiría en burbupeuta, pero al perfilar este oficio me di cuenta de que muchos de los que nos dedicamos a vender mitos recurrimos a situaciones o contextos fuera de lugar.

Todos tenemos necesidad del mito porque nuestra mente es una máquina imparable de imaginación y gracias a ella somos capaces de tener fantasías. Es algo tan propio del ser humano que es imposible que no lo haga. A diferencia de los demás animales, somos la especie homo sapiens, capaces de creer en lo que no existe y darle sentido como si fuera real. Es por eso que no cabe la posibilidad de que se nos invite a imitar a los animales, porque estos últimos no gozan de la imaginación que tenemos nosotros.

El ser humano necesita del mito porque responde de manera natural a un recurso de supervivencia, superación y adaptación de la especie frente a conflictos, traumas o situaciones inesperadas. Al principio recurrimos a este para explicarnos el mundo, crear dioses y ánimas que dan vida a lo inanimado. La ciencia ya ha explicado parte del mundo, pero no sería humano renunciar al mito.

Ni la persona más racional podría vivir sin imaginar y creer en la fábula. Los pilares del mundo como la economía, la política y la religión se basan en mitos y en confianza ciega. Si no fuera por ello, el ser humano no hubiera podido medrar y reproducirse en el mundo de manera tan organizada y progresista, porque, aunque existan las leyes, sigue habiendo el factor espiritual  que nos delimita, nos hace escépticos y creyentes sin darnos cuenta.

¿Podrías vivir con la docilidad del caballo y la fidelidad del perro, aunque suponga irrespeto a tu persona?

Fuente: Noah, Y. (2014). Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad. Editorial Debate: Barcelona,España.

L.

La homosexualidad machista

En la mayoría de los países de Latinoamérica, la homosexualidad entre hombres no es que sea bien vista pero sí medianamente aceptada. De hecho, era una moda tener un amigo gay y ser acompañada por este en las compras de ropa íntima.

Incluso en la clase media alta, ser gay da un plus en la categoría snob del adinerado, mientras que el pobre simplemente es una marica de pueblo, vicioso y pervertido al que le gusta la fiesta. Entonces, ser gay en Latinoamérica está aceptado a medias cuando responde a una clase social específica, a un círculo de personas con ciertos oficios. No es lo mismo un obrero marica que un escritor gay…

Lo más curioso del asunto es que muchos gais discriminan a las lesbianas (ya podemos imaginar el resto de la sociedad). Ser lesbiana da asco y nadie quiere tener una amiga homosexual. Las mujeres están condenadas a vivir en privado cualquier romance con otras mujeres y están asociadas directamente a la pobreza y la mala educación, por eso no son siquiera aceptadas por la clase media o alta.

Un hombre evidentemente afeminado es gracioso y aceptado en círculos sociales, mientras que una mujer marimacho es excluida y discriminada por su condición sexual. También están las mujeres que no necesitan masculinizarse para llamar la atención de las hembras y, aun así, a falta de evidencias, apenas se les conocen sus preferencias, ninguna mujer heterosexual quiere acercarse a ella. Pero, ¿qué les da miedo?, ¿que las asocien con el lesbianismo?, ¿ser seducidas por otra mujer?, ¿vivir plenamente un encuentro sexual con su mismo género?, ¿ser excluidas de su núcleo familiar?… ¿qué?

Socialmente a la mujer siempre le toca la peor parte: si sufre infidelidad, perdona; si es infiel, es puta; si su machito se acostó con otro, es secreto; si ella se va con otra, es puta y depravada.

En Latinoamérica es normal que el gay desprecie a la lesbiana porque responde a la cultura machista que deja a la mujer confinada al desprecio y la discriminación. Aunque haya países como Argentina, Colombia, Chile y Uruguay que aprueben leyes civiles para la unión homosexual, la actitud social sigue siendo incongruente con la legislación de derechos. Por un lado los gais luchan por su aceptación y por otro desprecian a las mujeres homosexuales.

En Venezuela, por ejemplo, ser lesbiana es motivo de discriminación, burla y descrédito a pesar de que muchos venezolanos sean adeptos a la mente holistica, el buen rollo, la felicidad, el poder de atracción, burbupias, burbujas y burbupeutas.

¿Tu país ha sido condicionante para tu orientación sexual?

¿Crees en las incongruencias legislativas y la cultura?

E.

El origen de la violencia consentida

Muchas veces se explica la violencia con los patrones aprendidos en la infancia. Aun así, sigue habiendo un nicho difícil de soslayar cuando algunas mujeres aceptan el maltrato como una forma de amar. Antes porque no había organismo de Estado que amparara a la mujer maltratada; ahora porque, a pesar de la protección y el acompañamiento moral, sigue habiendo mujeres que permiten dinámicas de violencia que terminan en las estadísticas de feminicidio.

¿Qué pasa con las personas que no han crecido en la violencia y aun así las aceptan en sus vidas? ¿Qué sucede por la mente de una mujer que, a pesar de las advertencias de sus amigos y familiares, asume el papel de ratoncita presumida que espera que el gato la ame y no se la coma?

¿Qué origina la violencia? ¿Acaso el ser humano lleva inherente en su condición el gen devastador para autoaniquilarse? He conocido mujeres exitosas, emprendedoras e independientes que les gusta vivir con el puño en la cara. Decenas de biografías nos presentan a mujeres de enorme talento que vivieron el maltrato como algo normal en sus vidas.

Históricamente es la mujer la condenada a la sumisión y respeto hacia el hombre y no he visto a ninguno indignado por este designio… Ahora bien, podríamos pensar que la publicidad juega un papel perpetuador y coadyuvante en tan escalofriante acto destructor. No obstante, la actitud religiosa que nos condena a situaciones karmáticas o evolutivas en lo espiritual es tan responsable como el que da el puñetazo.

Si seguimos creyendo que hay una misión que se nos escapa de la razón, que hay una predestinación indisoluble que nos apresa con sus explicaciones místicas difíciles de refutar… si vemos al maltratador como maestro, entonces tendremos un factor de origen en nuestras narices.

Ni somos Scherezadas ni existe el rey de Tartaria que se quiere casar con nosotras para amarnos hasta que la muerte nos separe. Tampoco necesitamos pasar mil y una noches en vela, esperando a no nos maten…

¿Qué crees que origina la tolerancia al maltrato?

¿Conoces alguna mujer que acepte la violencia? Cuéntanos tu reflexión.