¿.

¿Existe el «más allá»?

Los únicos testimonios que dan fe de su existencia son individuales, subjetivos y muy íntimos. No ha habido ciencia que ocupe su estudio para comprobarla, por eso surgió la ciencia ficción.

Decenas de personas han dedicado tratados, escritos, libros enteros para explicar la experiencia del “más allá” cuando vivieron una muerte clínica de pocos minutos. Están los demás que han dedicado su existencia en hacer conexiones con entidades de otros planos, otras dimensiones, incluso de otros mundos: con los extraterrestres.

Ni siquiera con mi experticia en pseudociencia puedo sentenciarme a no creer que hay algo más allá que se nos escapa de la lógica. Lo único que he hecho para reivindicarme en el uso indebido del mito es dejar de hacer negocio con la fe y renunciar a ser burbupeuta. ¿Se ve la diferencia?

Creo que dentro de la condición humana existe la necesidad de ir más allá de lo palpable y no aceptar solo lo comprobado, porque dejar a un lado otras posibilidades de existencia sería demoledor.

¿Cuál ha sido el aglutinante perfecto de la humanidad? La religión, sin duda alguna. De hecho, su significado etimológico es re ligare, donde RE es intensidad y LIGARE es amarrar. Es decir, amarrarse fuertemente a una creencia.

La religión ha impuesto metas, objetivos, creencias colectivas, ideología, construcción mental, modos de percibir, comportamientos, normas conductuales y un largo etcétera. Si vemos objetivamente la religión como mitos que ocupan la verdad en sus creyentes, cualquier tema parecido es lo mismo. Da igual si es dios, el universo o la mente.

Por lo tanto, el más allá solo puede contestarse con la fe y la convicción, fuera de la objetividad de un microscopio, de la sensibilidad lumínica de los ojos, del tacto, del oído y del resto de los sentidos.

Dicen algunos que los escépticos tienen la mente cerrada por no ver más allá de lo evidente y dicen los escépticos que algunos la tienen chapada de mitos y leyendas. Puede que ambos respondan a su verdad particular, porque si el hemisferio izquierdo es el que nos ha hecho tener la tecnología avanzada, esta no hubiera sido posible sin la creatividad del derecho.

Fumemos la pipa de la paz y no discutamos el “más allá” con un escéptico, ni que este último saque su arsenal de argumentos para destruir al creyente.

Sencillamente, ambos tienen razón en sus campos. El día que el creyente dude y el escéptico crea, se encontrarán en el bar del ostracismo. Tiempo al tiempo…

¿Necesitas la comprobación para creer?

E.

El loco por Dios

Nos encontramos con un título ambiguo que iré aclarando en el desarrollo de este artículo. Antes que todo, es necesario entender un concepto: eufemismo.

Es una expresión metafórica que ocupa una intención en lo que se quiere expresar, así como también la sustitución de una palabra soez por otra más aceptable. Dos ejemplos sencillos: “trasero” en vez de “culo”, “reducción de personal” por “despido improcedente”.

Aclarado este punto, el verdadero título eufemístico de un loco por Dios es la obra escrita por el esquizofrénico Paul Schreber: Memorias de un enfermo de nervios. Según este hombre, los nervios son el instrumento de conexión con Dios, porque este último es puro nervio que sabe conectar con el nuestro y así extraer toda la memoria impresa del ser humano.

Como es nervio y no cuerpo, hace posible su omnisciencia a través de la conexión nerviosa con las personas y el envío de rayos divinos. Una vez aceptadas esas memorias como dignas del reino celestial, pasan a conformar las “antecámaras del cielo”, una especie de archivos de información nerviosa.

El libro de Schreber no tiene desperdicio; es muy denso y habría que elaborar un inventario de términos que él mismo considera información de voces que solo él escucha.

La inteligencia, exquisitez y creatividad con la que este hombre narra su experiencia de brotes psicóticos dentro de un manicomio, solo puede marcar precedente de los que siguieron las rutas de lenguaje abstracto para explicar las frecuencias, vibraciones, conexiones, ley de atracción y el poder del pensamiento.

De hecho, Schreber habla de la ley de atracción de una manera tan profunda que no dudo que haya sido el primero en escribir concienzudamente sobre el tema que en su futuro pasaría a ser un éxito editorial, tanto para los burbupeutas como para los positivistas.

Para rendirle todo un análisis al libro, haría falta escribir otro. Hacer el inventario de términos, el análisis contextual de su época, es decir, qué decía la ciencia, cuál era la religión dominante y su biografía completa.

En la fuente citada, dos líneas escuetas dan una idea grandiosa de su niñez: “Tras una infancia tortuosa, sujeto a los métodos e ideas educativas extremas de su padre”. Parece ser que su progenitor fue autor de los libros pedagógicos de Alemania, bien estudiados y puestos en práctica por los maestros que forjaron a los niños, entre ellos a Hitler.

Ahora bien, un loco por Dios, un enfermo de nervios, o lo que es lo mismo: un canalizador, un elegido que no soportó tanta divinidad.

¿Una creencia fija puede ayudarnos a progresar?

¿Has conocido a un enfermo de nervios?

Fuente: Schreber, P. (2008). Memorias de un enfermo de nervios. Sexto Piso: Madrid.

¿.

¿Cómo se normaliza la violencia de género?

La normalización ocurre en los más mínimos detalles, tan pequeños que se nos hacen imperceptibles y difíciles de identificar.

Permíteme incluir a ambos géneros porque todos somos susceptibles de caer en esa dura espiral de violencia. Es cierto que la mujer es la más vejada, pero no olvidemos que, para existir víctimas, debe haber un perpetrador.

Antes de discutir que este último fue una víctima que ahora usa su condición masculina para ejercer violencia, vayamos a las raíces. Si nos vamos a los griegos, podríamos pensar que gran parte de nuestra cultura está impregnada de una descarada superioridad masculina que poco a poco se convirtió en machismo.

Si Aristóteles catapultó a la mujer como un ser inferior, era porque tal vez quiso responder con cientificidad lo que quería oír el colectivo.

¿Dónde queda el pensamiento crítico del ser humano que diga ¡basta!? Porque ser científico, escéptico, espiritual o iluminado no exonera a la persona de ser machista, incluso independientemente de su sexo.

Las muñecas para las niñas y los carritos para los niños ya es sobradamente tratado en los temas de normalización, lo que intento soslayar aquí es aquella que es tan sutil que no nos damos cuenta del hecho.

¿Qué pasa por la mente de una mujer que vive la violencia como parte de su destino matrimonial? Habría que hacer un estudio particular en cada caso; mientras tanto, el contador de cifras no para de arrojar números feminicidas.

El eslogan “NO es NO”, corre el riesgo de normalización como cualquier anuncio, porque las noticias, más que información veraz, responden a mayor audiencia y espectáculo.

Ni siquiera controlar la natalidad con una maternidad apta para tener hijos funciona. La violencia está latente fuera de las mejores intenciones del hogar.

La mujer que es abusada no solo acusa a su perpetrador, sino a su misma condición de ser mujer. Un día una dama con actitud secreta y espacio confidente me preguntó cuál era la diferencia entre el abuso y la violación.

Si la inferioridad de la mujer es un mito que se ha instaurado como verdad, entonces funciona, el mito funciona…

¿Qué ejemplos darías de esta normalización?

C.

Cómo saber si eres calvinista

Podemos ser calvinistas sin darnos cuenta, puesto que la instrumentación social nos amolda para ello. Me refiero explícitamente a la educación, patrones de crianza, religión y fe. No obstante, independientemente de nuestras creencias místicas, podemos tener una actitud religiosa en nuestro modo de hacer.

            Las palabras claves que caracterizan a un calvinista son la autoexigencia, el perfeccionismo y el autocontrol; todo ello comporta maneras en nuestro comportamiento, tanto individual como colectivo. Veamos algunas:

  1. No puedo disfrutar del descanso porque mi mente no para de pensar en todo lo que hay que hacer.
  2. Una vez realizado mis objetivos, no me permito la satisfacción porque siempre pude hacerlo mejor.
  3. Me lleno la agenda de actividades para no pensar, para no sentir.
  4. Postergo el entretenimiento porque me parece una pérdida de tiempo.
  5. Debo ser exitoso en todos mis emprendimientos.
  6. No soporto que los demás no hagan las cosas como las hago yo.
  7. Hasta los pequeños detalles deben cuidarse, no soporto que pasen inadvertidos.
  8. Me obsesiona la perfección y exijo a los demás lo mismo.
  9. Me implico de lleno en una tarea.
  10. La única manera de aliviar mi ansiedad es trabajando más.
  11. Si postergo, me siento culpable.
  12. No existen las excusas para mí.
  13. Suelo decir: “si yo puedo, tú puedes”, e ignoramos el contexto del Otro.
  14. Nuestros intereses están por encima de las circunstancias, el típico “truene, llueve o relampaguee, yo lo haré”.
  15. No pensar demasiado y hacer más.
  16. Mi vida está llena de objetivos y metas.
  17. Mi trabajo se tiene que notar.
  18. El agotamiento es sinónimo de bienestar.
  19. El reconocimiento me anima a hacer más de lo que hago.
  20. La disciplina es mi consigna; por eso nunca me relajo.
  21. Siempre tengo la sensación de que estoy perdiendo el tiempo o debería estar en otro lugar.

El calvinismo llevado al extremo nos arriesga a padecer trastornos obsesivos que, lejos de satisfacernos, nos conducen a la infelicidad. Sin embargo, una dosis de disciplina y tenacidad nos puede llevar a planos de realización personal para llevar a cabo las metas que nos proponemos.

¿Te sientes identificado con estas características?

¿Qué haces para cumplir tus objetivos?

¿Te sientes culpable si te tomas un día de descanso?

M.

Mujer florero

Hay mujeres que optan por la pasividad de sus encantos y obtienen todo lo que desean sin ningún esfuerzo. En la mayoría de los casos, este tipo de mujer goza de una pareja con buen sueldo. Al menos no he conocido a una de clase media baja que se espere el fin de mes de su cónyuge, para ser el florero que adorna la casa y las fotografías familiares.

Este tipo de mujer no toma decisiones en lo concerniente a nada. Pierde su derecho a expresar libremente su opinión, porque al no sumar en la manutención, automáticamente queda en segundo plano.

Cualquier persona que goce de ocio desmedido puede caer tanto en la depresión como en la amargura. Por eso, muchas de ellas carcomen cerebros de Otros para entretenerse en el conflicto que propaga desde su sombra. ¡Horrible cuando son burbupeutas por hobby!

Las macabras estrategias de una burbuflorero es de una hipocresía devastadora. Es muy fácil que un discurso así encaje perfectamente en el hablar de estas mujeres que se autoimponen una infantilización nauseabunda.

En vez de plantarse y dar su voz, caen en sonrisitas diplomáticas mientras sueltan consejos motivacionales con diminutivos incluidos: “abre tu corazoncito”, “saluda al solecito”, “suéltate el pelito”…

Como son personas que nunca han tenido un criterio propio, se adaptan a las fantásticas disertaciones sobre el alma, los chakras, el bienestar, las dietas conscientes, la meditación y reuniones espirituales sin ningún sentido.

Ellas, al vivir en una Burbuja, todo lo exterior les da grima. En realidad son personas desoladas que vengan su soledad en la difamación, el chisme y lo superfluo.

Su superioridad artificial les permite andar por la vida soltando pétalos de plástico hiperrealista. No son originales ni contribuyen con su opinión. Son más bien ignorantes bien maquilladas que resurgen de sus cenizas en el gimnasio y posan su belleza en las redes sociales.

Este tipo de mujeres son carne de cañón para cualquier maltratador. No se dan cuenta de que pagan con su resistencia el duro precio de ser bellas estatuas pigmaliónicas a la merced del machismo.

Si conoces a una mujer florero, ¿cómo es su comportamiento?

¿Una mujer florero podría ser feminista?

M.

Migrar

Decenas de artículos dedicados a este fenómeno. Sus causas son tan diversas como la necesidad del ser humano en busca de otras posibilidades de existencia en el globo terrestre. Están las más románticas, como vivir la experiencia de otro idioma, otra cultura y otras normas establecidas en el país escogido.

La mayoría de los migrantes buscamos una nueva vida para subsistir y, sin querer, esa experiencia romántica de aventura queda en segundo plano.

Migrar no es fácil, una frase muy trillada y más obvia que ninguna. Lo más difícil de este traslado es el apego a nuestras raíces y el sufrimiento que implica pensar que estamos mejor que los seres queridos que dejamos atrás. A simple vista podemos estar mejor si las razones fueron forzadas: conflictos bélicos, gobiernos totalitarios, economía hundida en la miseria e inseguridad social que arroja cifras lamentables en las calles de nuestro país de origen.

Quiero dedicar este artículo a los que se quedaron.

No estamos mejor. Porque nunca se está mejor en los zapatos de un extranjero. Aunque haya la mejor intención por parte de los ciudadanos de acogida, nosotros, los del otro lado, siempre seremos aquellos que vinieron a ocupar el lugar de Otro.

Pertenecer a un lugar toma mucho tiempo. Es verdad que ya no seremos víctimas del caos social antes mencionado, y que salir a la calle no será un peligro, pero pagamos otras tasas de sufrimiento. Por ejemplo, no poder trabajar sin papeles y no tener papeles sin trabajar. Además de toda la carga de recuerdos y referencias en nuestra memoria.

Para los que tenemos un título universitario, los años que puede tardar la homologación del mismo. La dificultad de hablar otro idioma. El proceso tan lento y demoledor de obtener el número de identificación extranjera para optar a la ciudadanía (básicamente, existir para Seguridad Social).

Hay tipos de migración: los que se van para salvar su vida y los que buscamos desarrollar nuestras aptitudes y estudios. Pero, el que huye de una guerra declarada siempre verá en los que huimos de la delincuencia dos prioridades distintas para ser acogidos. Y esto es verdad y mentira al mismo tiempo. Diría que son válidas las dos.

El que se queda juzgará por su comprensible ignorancia que estamos mejor que ellos, que tenemos más dinero, comemos mejor y gozamos de más seguridad. Todo país tiene sus propias dificultades. Solo que en unos matan con armas y en otros las armas son más simbólicas, capaces de aniquilar a los seres humanos sin derramar una gota de sangre.

Si eres migrante, ¿qué mensaje le darías a tu familia?

Qué opinas de: “ningún ser humano debería ser ilegal”.

L.

Lou Salomé sin Andreas y sin Nietsche

Primero, fue una mujer aristócrata de origen ruso nacida en 1861. Segundo, fiel lectora de Nietzsche, quien supo comprenderle desde el principio. Tan es así, que el filósofo se enamoró de ella, pero fue rechazado dos veces de su propuesta de matrimonio.

Tercero, estamos en el siglo XX y Lou se encontró en el trillado dilema de ser mujer con pensamiento independiente. Fue una prolífera escritora y discípula de Freud. Vivió de forma libre su sexualidad con los hombres que quiso y, por supuesto, fue criticada por amar libremente sin sentirse culpable por ello. Defendía la poligamia en el ser humano, no exclusivamente en la mujer o en el hombre.

Abogó por la libertad de la mujer en todas las circunstancias, al no sometimiento en el matrimonio, la sumisión y la maternidad como requisito social.

La llamaban “la coleccionista de genios” porque se codeaba con grandes pensadores, escritores y científicos de la época, y dicen algunos biógrafos que unos cuantos se suicidaron por no poseer a esta mujer.

Al nombre de Lou le anteceden algunos adjetivos: la esbelta, la bella rusa, la de ojos azules, la mujer radiante, la altiva, la alta, la de rubio platino, la estilizada Lou Andreas-Salomé. La misma que se mantuvo virgen en su matrimonio con Carl Friedrich Andreas.

Si de adjetivos vamos, yo no he leído nada de otros escritores masculinos, por ejemplo: el desaliñado Julio Cortázar, el calvo Eduardo Galeano, el bizco Jean Paul Sartre o el apuesto Albert Camus.

No sé qué tiene que ver la belleza de esta mujer con su avanzado pensamiento, porque si bien aprendió de Freud, tampoco estuvo completamente de acuerdo en todas sus teorías.

Debo decir que me identifico con Lou en cuanto a su distancia con los movimientos femeninos que no la representaban: ella decía que el cambio debía provenir desde lo interno de cada una y no de movimientos reivindicativos de igualdad.

Con esto me refiero a que puedo ser feminista casi sin darme cuenta. No me hace falta que me represente ninguna doctrina. Prefiero el movimiento de mujeres reivindicativas; como las Kelly de España, un colectivo que lucha por las mejoras salariales en la hostelería.

Mientras estuve en la Burbuja, nunca simpaticé con los ideales de mujer loba ni mujer tierra que expresaban sus sentimientos frente a un público ajeno a mi pensamiento. En este mundillo espiritual, ser mujer es equivalente a ser una tontica que canta mantras y danza en círculos.

No obstante, en 1915, Lou fue una burbupeuta que atendió con el psicoanálisis a malheridos de la postguerra que la psiquiatría clínica no se daba abasto asistir. Por eso tuvo su consulta en Gotinga que le facilitó prestigio y aceptación en grupos sociales masculinos.

¿Es necesario valorar el físico de una persona antes que su obra?

¿Te reivindican los movimientos femeninos?

Fuente: Vallejo, O. (2003). “Lou Andreas Salomé, algo más que una coleccionista de genios”. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 86, 75-87.

L.

La genialidad olvidada

Nos encontramos con el inventor más olvidado del mundo, aunque haya creado el dispositivo más cotizado en la historia de la humanidad: la televisión.

Difícil soslayar entre otros tantos inventores que se adjudicaron patentes y autorías que, gracias a la mala divulgación, sepultaron en el olvido a tan humilde genio.

Su nombre, Philo Farnsworth, quien nació y se crió en una granja. De familia humilde, no llegó a conocer la electricidad hasta los once años, cuando ya Einstein publicaba en revistas científicas. Con lo cual, debía ser muy precario para no gozar de los beneficios de tan imprescindible servicio.

Philo fue un autodidacta de la física cuántica. Se le metió en la cabeza crear un dispositivo que transmitiera sonido e imagen al mismo tiempo. A sus catorce años, sorprendió a su profesor de química con fórmulas y esquemas complejos que explicaban la magnetización de electrones que podían transmitir imágenes en movimiento.

Ni los grandes inventores independientes, ni las compañías de radio mejor posicionadas dieron con el descubrimiento del granjero que se inspiró en las líneas de tierra labrada que tiraban sus bestias. Él comprendió la funcionalidad de la cuántica para crear su aparato.

Después que un mecenas apostó por su locura, Philo construyó su primera televisión, la cual llamó en un principio “disector de imagen”. Esto trajo como consecuencia la envidia y el desespero del monstruo de las patentes: la RCA, que intentó comprarle la compañía entera al inventor, con él incluido, para adueñarse del mercado.

No siempre la genialidad tiene mente de empresa y el granjero creativo no se dejó comprar por tres duros; es decir, ¡cien mil dólares!, que tanto en aquella como esta época es muchísimo dinero. Así que el director de la RCA se encargó de robarle la patente, la publicidad, la exclusividad y el prestigio.

Así fue como RCA, junto con David Sarnoff y Vladimir Zworykin, se autoproclamaron inventores oficiales después de enriquecerse de las ventas millonarias de tan cotizado dispositivo.

A pesar de todo, la RCA reconoció a Philo Farnsworth como el inventor oficial y accedió pagarle las regalías muy tarde, porque el granjero ya se había enfermado de los nervios, de la desesperación, alcoholismo y depresión.

¿Crees que la cuántica, tal y como la explican los burbupeutas, sea útil?

Fuente: Alan, L. (2003). ¡Eureka! Descubrimientos científicos que cambiaron el mundo. Paidós: Barcelona

L.

La fe

Tanto en la teología como en la religión es el conjunto de creencias que no garantiza la existencia de algo, mucho menos se vale de la lógica y la razón.

Un discurso que estimule la fe solo puede basar sus fundamentos en explicaciones que provienen de mitos, leyendas, fábulas y fantasía. Nunca, a través de la fe, podrá comprobarse la existencia de ese algo que llamamos Dios, energía sublime o fuerza cósmica.

Es un acto de confianza algunas veces comedida y otras, ciega. Puede conducirnos a la supervivencia en contextos hostiles como puede aniquilarnos en masa. Cuando la fe es utilizada para hacernos creer desmesuradamente en una situación ideal, es fácil poder manipularnos.

La fe ha sido utilizada por grandes líderes mitómanos que conservan para sí la verdad de su cometido. Con esto quiero decir que, aún a sabiendas de su falso discurso, pueden llegar a dominar con la palabra hasta hacerlo ver como real.

Como está basada en la confianza, renuncia por completo a la razón. Así como la cognición ha hecho medrar a la humanidad, del mismo modo el mito nos ha hecho progresar como seres humanos.

Imagina un dolor de muela insoportable, no hay nada más desesperante que ello. Si tuvieras que ir a un dentista a que te trate dicho malestar, saldrías despavorido si este especialista, con un acto de fe, impone sus manos en el diente para sanarlo.

El dogma es sinónimo de fe porque se basa en un conjunto estructurado de ideas que, por más lejos que esté de la lógica, podemos llegar a creérnosla como una verdad absoluta. Por ejemplo, el psicoanálisis es un dogma, un método terapéutico a partir de la teoría de un hombre llamado Sigmund Freud, quien planteó su doctrina personal. No está comprobada y no es ciencia, es una burbupia común y corriente…

¿Se podría decir que quien practique este método es un burbupeuta? ¡Sí! Y da igual si es psicólogo titulado o psiquiatra con licencia. Ser burbupeuta es un oficio que puede realizar cualquier persona que tenga fe, independientemente de sus estudios convencionales.

No existe en el mundo ninguna ley que prohíba la fe, porque si la hubiera ya no existiría el vaticano. Por otro lado, debo decir que la fe del notario versus la fe de un sacerdote tienen valores en la sociedad irrefutables.

Ahora bien, ¿podría el ser humano vivir sin fe?

¿Podríamos vivir solo con la razón y la lógica?

D.

De cara al público

No existe sueldo que compense lo suficiente cuando se trata de lidiar con la gente diariamente.

Recepcionistas, secretarias, dependientas, comerciales, vendedores, todo aquel que se levanta a trabajar de cara al público, además de no ser bien remunerado, supone dureza, crueldad y demolición moral.

¿Qué necesidad hay de tratar mal a una recepcionista? En mi caso, sufro una doble impotencia porque al ser yo quién recibe al cliente, no puedo contestar mal frente a sus groserías. Por otro lado, sucede que cuando soy cliente, hay quienes gestionan mis peticiones con desdén e incompetencia. No puedo andar por la vida a la defensiva porque sería antinatural en mí. ¿Qué sucede entonces?

Creo que se puede hablar contundentemente sin faltar el respeto o romper el equilibrio en la comunicación. Sin embargo, hay quienes carecen de la buena educación para solicitar atención y hay otros que no desean escuchar.

Esto sucede en todos los estratos sociales y contextos. Un cliente adinerado puede sorprendernos con su humildad y no sobrepasarse con complejos de grandeza. Conozco mucha gente agradable de gran poder adquisitivo.

Están los humildes de a pie que llegan forzadamente a fin de mes y maltratan a la recepcionista, a la enfermera y todo aquel que esté por debajo de la jerarquía empresarial del director o jefe.

Con lo cual, queda descartado que el rico humilla literalmente al pobre por su condición, aunque esto no quiera decir que no haga uso de la desigualdad para su propio beneficio.

Pareciera que la historia de la plebe se extinguiera solo en los libros de historia pero no en el día a día de las personas que, con sus delirios de grandeza, pasan por encima de otras sin considerarlas también personas.

Es curioso cómo hay quienes descargan su ira, su mal día, prepotencia e ingrávida educación en los trabajadores de primera línea, a los que dan la cara y carecen de total autonomía para tomar decisiones y responder a todas las exigencias.

Aprovecho para resaltar que tanto humilla un iletrado como la maestra de escuela que al darse la vuelta deducimos su práctica de yoga por el tapete lila enrollado en su mochilita de “OM”.

Los que estamos detrás del mostrador tenemos historias acerca de la miseria humana, la buena voluntad, las carencias, las hostilidades, la microguerra no ganada entre la razón y la locura.

¿Es necesario tratar mal al trabajador que nos recibe?

De cara al público, ¿cómo lidias con esta situación?